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31 julio, 2018 | Por

Joan Antoni Melé: ¿Puede la ética ser tendencia?

Con treinta y cinco años de experiencia en el sector financiero, el catalán Joan Antoni Melé es un referente de la banca ética y uno de los mayores promotores de la economía consciente, las empresas socialmente responsables y la educación en valores. “Debemos poner el acento en el ser humano, no en el beneficio”, dice en esta entrevista.

Por Martín Mazzini

“Hemos perdido la dignidad humana. En lo único que pensamos es en la riqueza económica”, sostiene el catalán Joan Antoni Melé para quien quiera escucharlo. Así interpela a las audiencias en las conferencias y foros del mundo, y se entusiasma a la hora de transmitir su mensaje en pos de un cambio transformador. “Nos hemos enfocado en una visión reduccionista del ser humano y eso es lo que tiene que cambiar”, enfatiza.

Según este profesional del sector bancario con casi cuatro décadas de experiencia, aun cuando en el siglo XXI contamos con más conocimientos científicos, tecnológicos, y con más recursos económicos que en toda la historia de la humanidad, “los conflictos sociales y medioambientales requieren que hagamos una profunda reflexión sobre el propio ser humano, su esencia, su dignidad y el sentido de su vida. Solo así podremos replantear las bases para una nueva sociedad donde todos podamos convivir dignamente y en armonía”.

Sus palabras resuenan y son fruto de un cambio de conciencia. Sin cambiar de rubro en su trabajo, hace diez años, a los 56, Melé decidió dejar de perseguir solamente el progreso económico, y en 2006 resolvió impulsar y expandir los fundamentos de la llamada “banca ética”, un banco con otro tipo de valores.

Un cambio ético desde las marcas

“El papel de las marcas es fundamental porque crean tendencias y hacen que millones de personas las sigan. Tienen que descubrir que si apuestan por un cambio ético y sostenible, apuestan por la dignidad humana; que lo ético puede convertirse en tendencia”.

El consultor, autor de libros como La economía explicada a los jóvenes y Lo que nos queda por vivir (ambos de Ediciones Urano), visitó Buenos Aires en septiembre pasado durante una gira por Latinoamérica (Colombia, Chile, Argentina y Brasil). En nuestra ciudad brindó una conferencia en el marco de Sustainable Brands. Allí, frente a emprendedores del mundo social y empresarial, compartió su historia y las motivaciones que lo llevaron a promover “la banca ética”, un banco que nació como un modelo contrapuesto al anterior.

La banca con valores ofrece al cliente los mismos servicios que un banco comercial, pero invierte solo en proyectos y en empresas socialmente responsables. Si otorga un crédito, será para cuestiones que también promuevan el bienestar de la sociedad.

Horizontes renovados

Nacido en Barcelona en 1951, Joan Antoni Melé no terminó sus estudios en Economía y Dirección Financiera, pero eso no le impidió trabajar largamente en el corazón de ese mundo. Primero se desempeñó en la caja de ahorros de un banco español, donde encontró un camino de desarrollo profesional y un buen salario, pero solo hasta que conoció la experiencia de la banca ética en Holanda y decidió lanzar en España una filial de Triodos Bank, el banco ético más grande de Europa, con 700.000 clientes y un movimiento de casi 13.000 millones de euros al año. Se trata de una entidad de crédito con visión social, que aplica el enfoque de triple impacto: personas, planeta y beneficios.

En otras palabras, con los años, Melé cambió la estabilidad y la rutina de un trabajo corporativo por una actividad que le dio un nuevo sentido a su profesión y, aún más, la posibilidad de viajar para capacitar a otros y un propósito de vida. A principios de 2015, Melé dejó su cargo fijo en Triodos –al cual continúa asesorando– para propagar el modelo de la banca ética en el mundo y especialmente en Latinoamérica. En la actualidad, dirige la Fundación Dinero y Conciencia.

Una tarde, pudimos conversar con él vía Skype. Durante la charla se hizo evidente su apuesta por el cambio de hábitos, de decisiones, y por el compromiso que puedan desarrollar los habitantes de ciudades con fuertes puntos en común con las nuestras. En pocas palabras, Melé tiene más fe en las acciones colectivas desde abajo que en las ejecutivas, en aquellas que puedan venir de los estratos más altos: “No esperemos que los gobiernos cambien; quien tiene el poder de cambiar esto son los ciudadanos: si no me gusta lo que hacen los bancos, pues con mi dinero no lo van a hacer”.

Entonces, ¿cuál es el camino a seguir? El consumo responsable es el nuevo paradigma que los ciudadanos, como consumidores, podemos practicar para tener mayor poder de decisión. “Desde el banco promovemos el uso consciente del dinero: que la gente se detenga a pensar. El dinero es poder. Cada vez que compramos algo, ejercemos una gran fuerza: podemos apoyar a una multinacional que no sabemos qué hace o a una empresa que sabemos que respeta a los trabajadores, a los proveedores, y que cuida el medio ambiente. Uno tiene que saber quién produjo lo que compra, dónde, y en qué condiciones humanas y medioambientales. Hasta ahora, solo comprábamos por precio, diseño o proximidad”.

–¿No es una elección más fácil para quienes tienen dinero que para el ciudadano común que está obligado a comprar lo más barato y no puede elegir?

–Ese es el argumento que da mucha gente. Pero llevo cuarenta y un años de profesional en la banca, he trabajado en todos los ambientes sociales, y he estado en contacto tanto con gente muy pobre en barrios humildes como con gente muy rica. Así he podido ver cómo la gente muy humilde gasta mucho dinero en cosas que no necesita porque los tienta la publicidad. Los propios bancos fomentan esa compra compulsiva que los lleva a endeudarse hasta en un 50% de su salario. Hay familias humildes que recién se dan cuenta cuando ven el extracto de su tarjeta de crédito. Hay mucho trabajo por hacer entre las clases humildes para que sepan que comprar todo lo que les enseña la publicidad no los va a hacer más felices. Además, detrás de un precio barato, hay alguien que lo está pagando caro en otro sitio: personas explotadas o el planeta destruyéndose. Debemos provocar un cambio en los hábitos de consumo: así como están, son insostenibles.

–¿La economía mundial no puede crecer más?

–Tiene que madurar. Cuando uno es pequeño, crece y llega a una edad en que se detiene y madura. No podemos seguir creciendo y despilfarrando todo lo que queremos. Debemos ser eficientes tanto en la producción como en el consumo de los bienes. El documental Taste the Waste demuestra cómo la comida que se tira durante un año en Europa y los Estados Unidos podría alimentar durante tres años a la población mundial que pasa hambre, es decir, a más de mil millones de personas. Me refiero a lo que se tira en supermercados y centros comerciales porque solo quedan cinco días hasta la fecha de caducidad, y la gente ya no lo quiere llevar. Tenemos que utilizar la inteligencia y los conocimientos científicos y tecnológicos para usar las cosas de manera más eficiente. Sin renunciar a ningún bienestar; solo renunciando a la vergüenza de permitirnos el lujo de tirar cosas que otros necesitan para vivir. Este es el siglo para hacerlo.

–En su conferencia en Buenos Aires, habló de la necesidad de “humanizar” las empresas. ¿Qué deben hacer los empresarios?

–Mucho, porque  ellos saben actuar en el mundo. Hasta ahora se movieron por el miedo y la pura codicia, creyendo que el mercado tiene leyes inamovibles. Pero el mercado no obliga a ganar el máximo explotando a la gente. Yo hago talleres de conciencia con empresarios y banqueros, y después de uno o dos fines de semana de retiro, descubren que pueden seguir ganando dinero, pero encuentran otro propósito para sus empresas. Eso son las empresas B, cuyo objetivo no es ser las mejores empresas del mundo sino para el mundo. Cuando el empresario es responsable, descubre que hay un mercado esperándolo que antes no veía. Nos hemos pasado la vida apelando al egoísmo y ha respondido el egoísmo. Pero entramos en una época de apelar a la nobleza, a los valores de dignidad y respeto. Afortunadamente, a esa propuesta están respondiendo muchos empresarios, ejecutivos y banqueros.

Más valores, menos competitividad

Melé pone el énfasis en la educación de los jóvenes. Al hablar de la escuela, cuestiona la idea detrás de las pruebas PISA: “El alumno tiene que ser el centro del sistema educativo, y el ser humano, el centro de la economía. Están hablando solo de preparar a la gente para la producción, el consumo y para ganar dinero. Siempre que hablemos de competir, hay quien perderá. Deberíamos ser más humildes para detenernos y  preguntarnos  si realmente estamos haciendo las cosas bien. Para modificar esto es necesario hacer un cambio en la educación. Tenemos un sistema que enseña a ser competitivo cuando lo que hay que enseñarle a la juventud es ética y valores humanos”.

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