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9 febrero, 2018 | Por

Inés Katzenstein: “El arte busca que pienses distinto”

La argentina fue designada curadora del Arte Latinoamericano del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). Te compartimos esta entrevista donde, tiempo atrás, la exdirectora del Departamento de Arte de la Universidad Di Tella nos compartía su profunda mirada sobre el arte contemporáneo.

Entrevista publicada en la edición impresa de noviembre de 2012.

El arte no tiene una utilidad clara; una obra de arte no sirve ‘para algo’; por eso, se pone en tensión con el mundo, que es un mundo instrumental. Y esa tensión puede ser buena porque nos ofrece una alternativa al mundo en el que vivimos, que muchas veces es un mundo difícil, que nos exige, que nos presiona; entonces, el arte te ofrece una vía para pensar de otra forma”, dice la curadora Inés Katzenstein después de años de trabajar con artistas contemporáneos.

Aunque creció en una casa rodeada de obras y libros sobre artes plásticas, Inés no se interesó en el mundo del arte de inmediato. Es más, no lo hizo hasta avanzada su carrera universitaria, que no fue, por cierto, una licenciatura en Arte. Hija de un reconocido arquitecto, Ernesto Katzenstein, Inés terminó el colegio y se anotó en la facultad de Ciencias de la Comunicación para dedicarse al periodismo o la publicidad: “En la universidad me volví muy estudiosa, muy estimulada, y me empezaron a interesar todas esas cosas que había en casa y que antes no me habían interesado. Entonces papá me presentó a Silvia Ambrosini, una señora que durante veinte años hizo una revista que se llamó Artinf, por ‘arte informa’, y empecé a trabajar con ella como una asistente todo terreno”.

Silvia vivía en una casa muy linda, llena de cuadros, y de su mano Inés empezó a descubrir un universo fascinante: el del arte contemporáneo. Corrían los noventa y surgía en nuestro país un movimiento que obligaba a pensar el arte de otra manera. “Silvia bancaba todo esto –recuerda hoy Inés–. No se resentía con lo nuevo, hacía un esfuerzo por entender a los jóvenes y esas obras que en principio aparecían como caprichosas e incomprensibles”.

Así empezó a darse cuenta de que para entender el arte contemporáneo era necesaria una apertura distinta, pero también una disciplina; entonces, decidió profundizar sus estudios y, gracias a una beca de la Fundación Antorchas y el Fondo Nacional de las Artes, viajó a Nueva York para cursar un máster en Estudios Críticos y Curatoriales en el Center for Curatorial Studies, del Bard College. A partir de allí desarrolló una muy buena carrera como curadora: se dedicó a escribir libros y ensayos sobre arte contemporáneo, a curar exposiciones de artistas como Liliana Porter o David Lamela, o a trabajar en proyectos para  bienales como la de Venecia o el Mercosur. Además, fue curadora del Malba.

Hoy Inés es la directora del Departamento de Arte de la Universidad Torcuato Di Tella, tiene 42 años, está casada y es madre de un chiquito al que adora y al que busca que su trabajo no le reste demasiado tiempo; aunque, como toda madre, tenga que hacer malabares para lograrlo. Así, entre una cosa y la otra, Inés se hizo un espacio para charlar con Sophia sobre lo que el arte puede aportar a nuestras vidas y lo que representa hoy en el mundo en que vivimos.

–Inés, ¿en qué creés que puede ayudarnos el arte?

–Me parece que el arte podría pensarse como una alternativa frente al mundo de hoy. Estamos en un momento muy crítico, en un mundo en el que es muy difícil armarse una vida propia que tenga sentido. Vivimos presionados por la economía, por las exigencias, por los deberes, por lo que tenemos que ser como mujeres, como profesionales. Sobre todo la mujer está en una especie de encrucijada terrible; ser profesional y madre es tan difícil… Ese tema casi no se está poniendo en la agenda pública y la verdad es que es un problemón; las mujeres sufren mucho estrés.

–¿Y qué alternativa ofrece el arte ante este panorama?

–Lo que ofrece es un pensamiento distinto; un pensamiento que no tiene objetivos concretos, que no es para lograr algo… El arte busca que pienses distinto, que tengas  diferentes imágenes; también puede buscar provocar; ofrece situaciones para pensar o sentir de una manera alternativa este mundo que nos aprieta tanto. Así lo veo yo.

–Decís el arte contemporáneo

–Sí, el que busca llamar la atención o decirte algo nuevo. Pero no a todos les gusta. El arte contemporáneo implica una cierta incomodidad para el público al principio, porque en general quiere ofrecer algo distinto, que vaya de alguna manera en contra de lo que vos ya conocías. Entonces, incomoda, porque vos decís: “¿Qué es esto? ¿Qué es este mamarracho? No es nada”. El arte contemporáneo incomoda al público; otro tipo de arte no.

“Me parece que el arte podría pensarse como una alternativa frente al mundo de hoy. Estamos en un momento muy crítico, en un mundo en el que es muy difícil armarse una vida propia que tenga sentido”.

–Es que no trabaja con la estética convencional…

–No. El arte contemporáneo es feo, entre comillas; no usa materiales bellos, no quiere decorar… Para los especialistas no es interesante el arte que decora; podés decir: “Es lindo”, y chau. Hoy el arte tiene otros desafíos, como ser significativo en algún sentido. Y la idea de lo que es arte también cambió.

–¿Hablás de destreza o de talento?

–De destreza. O sea, la idea de la destreza técnica cambió; la obra no se valora necesariamente porque esté bien pintada; puede tener otro valor. Lo “bien hecho” no es indefectiblemente lo “bien dibujado”; se juzga por otros canales, por el concepto, por el significado, por otros aspectos. Además, estamos en un momento de enorme multiplicidad, de enorme riqueza, en el que los artistas ya no son necesariamente pintores, sino que hacen todo junto, se entrenan en distintas disciplinas… Hay una cosa nómada en los artistas respecto del tipo de arte que hacen.

–¿Te referís a las artes plásticas o a otro tipo de manifestación artística?

–A las artes plásticas. No me refiero a la música ni a la literatura, aunque las incluyen. Hay artistas contemporáneos que trabajan en artes visuales, pero también escriben o incluyen música en sus obras. Además, está todo ese universo que son las instalaciones, por ejemplo, que también son obras.

–Si, como vos decís, el arte nos interpela, ¿qué nos está diciendo hoy sobre el mundo en el que vivimos?

–De todo. Hay muchísimos mensajes. Aunque muchos de esos mensajes parecen paradójicos, porque quizás el arte habla de materialismo pero se vende o se muestra en un mercado de arte en el que todas las obras son mercancías, en el que los artistas son muy marketineros… El mercado hoy absorbe todo, nada queda por fuera del mercado, porque lo que está por fuera del mercado queda casi afuera de la institución artística. Hoy todo se vende, incluso lo que no tiene materialidad, como una idea o una instalación.

–¿Y qué es lo que el mercado pide hoy?

–Bueno, afuera hay una tendencia a la espectacularidad, a las obras monumentales ligadas al espectáculo, a la destreza… Hay mucho dinero en el mundo del arte; hay un exceso, demasiado dinero, demasiado finishing. A mí esa espectacularidad no me interesa, porque puede ser arte o ser diseño o ser moda; hay mucho coleccionista y mucho patrocinador detrás de ese mundo.

–No hay algo más cercano a la denuncia o a señalar situaciones

–Sí, hay otro mundo más interesante, que es el mundo del arte político o el arte social, que es como intrínseco a la obra de arte; porque el arte no tiene una utilidad clara, una obra de arte no “sirve para algo”; por eso, se pone en tensión con todo el mundo, que es el mundo instrumental. El arte como representación social ha sido debate siempre. Un ejemplo es el arte pop. ¿Qué es? ¿Es una celebración del mundo actual? ¿Es una crítica? Entonces, en las últimas décadas, hay una tendencia de un arte más comprometido política y socialmente; un arte crítico del mundo o un arte que produce cosas en el mundo.

–Y en la Argentina, ¿es un lujo dedicarte al arte? ¿Se puede vivir del arte?

–Creo que en nuestro país no es sencillo vivir de nada. O sea, sí es una carrera difícil; hay muy poco apoyo desde el Estado o desde las empresas, y el mercado del arte es muy débil, muy inseguro, porque todos van por lo mismo. En este sentido, es una mala combinación. Sin embargo, los artistas suelen tener una flexibilidad importante para funcionar en el mundo, una cabeza distinta, muchas uñas de guitarrero; se las rebuscan, dan clases, etcétera. Pero casi como cualquier otro argentino, te diría. Lo cierto es que hay muy pocos artistas que viven bien de la venta de su trabajo. Si viene un artista de afuera y ve a sus pares argentinos, es muy probable que se quede sorprendido por el bajo nivel económico de sus colegas. En México o en Brasil, por ejemplo, hay un mercado del arte que tiene fondos estatales y apoyo de varios lugares; es otra cosa.

–¿Te molesta que la gente te pregunte qué es arte y que no lo es?

–Creo que pensar “Esto es arte y esto no es arte” no sirve. Hay que salir del pensamiento policial y preguntarse qué es lo que a uno le produce una obra.

–¿Y qué es lo que te conmueve, interesa o moviliza a vos?

–Por algunas cosas que no termino de entender me saco el sombrero, me gustan. Hay algunos artistas que toman cierto riesgo que no entiendo y me gustan. Me interesa cuando descubro algún rigor. Por ejemplo, Marcelo Pombo, que es un artista que tiene unos 50 años y es el más paradigmático de la década del noventa en la Argentina. Hace diez años viene haciendo unos cuadros de paisajes que son preciosos, muy seductores, y hace poco me invitó a escribir un texto para su nueva muestra. Cuando fui a verla, me quedé muda. Era brutalmente kitsch, no sabía qué pensar… Me gusta esa sensación de que algo te descoloca y tenés que hacer el trabajo de volver a pensar.

–¿El arte refleja hoy a la mujer?

–Hay algunas mujeres interesantes, mujeres jóvenes que, cuando pueden, hablan de la maternidad, de cómo trabajar y tener hijos; pero me parece que todavía hay mucho machismo en el arte argentino.

–¿En qué lo ves?

–En la idea del artista varón, del genio varón. La mujer no es tan genial… Esto no es así para mí –lo aclaro por si hace falta–, sino para el mercado, para la sociedad. Todavía falta reconocimiento para la mujer. Si uno ve quiénes son los grandes artistas de los últimos años, en general son varones.

–Sin embargo, en el mundo de la curaduría hay más mujeres…

–Sí, las que gestionamos en el mundo del arte somos mujeres. Es parte del sistema machista; sos la “secretaria”, entre comillas. En la gestión hay mucho de secretaria, de cosa administrativa. El hombre es el genio y la mujer es la que administra. Sin dar nombres, te puedo decir que hay artistas varones que son muy marketineros, que se “venden” a todo vapor, y si una mujer hiciese lo mismo, dirían que es una soberbia. Pero de él no dicen que es soberbio… Todo eso es parte del machismo que aún existe en el mundo del arte en nuestro país. Es otra de las cosas que todavía tienen que cambiar. Pero tampoco quiero ser pesimista, porque en este momento hay una efervescencia muy fuerte en el país; hay artistas que no son fácilmente encasillables, que tienen una escena muy vital y no quieren caer en un cliché. Eso es muy positivo.

Los destacados

“Hoy hay varias artistas mujeres buenas, pero podría destacar a dos: Liliana Porter y Fernanda Laguna. Fernanda es pintora, poeta, gestora… Es muy interesante lo que hace, tiene una estética de la pobreza muy particular; es muy completa. Creó, por ejemplo, una Escuela de Arte en Villa Fiorito y después logró que la aprobaran como escuela secundaria con orientación artística. Ella hace arte y vida total; su poesía y sus cuadros son totalmente autobiográficos. También me gusta mucho Magdalena Jitrik.
De los pintores contemporáneos, a los que les va bien es a Guillermo Kuitca, a Jorge Macchi y a Adrián Villar Rojas, que es un rosarino que está exponiendo mucho en Europa. Hay que ver qué pasa con él”.

Por Marta García Terán. Fotos de Pilar Carlés. 

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