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30 mayo, 2018 | Por

Gastón Deleau: Instrucciones para concretar un sueño

Una charla con el director y fundador del Museo FoLa, la Fototeca Latinoamericana de Buenos Aires, para conocer sus motivaciones y desafíos a la hora de emprender varios de los proyectos culturales más importantes de la región. Fotografías, negocios y una enorme pasión.

 

Gastón Deleau, al frente de FoLa. Foto: Marcos López.

Por María Evangelina Vázquez

Durante años estuvo a cargo de Buenos Aires Photo y Lima Photo, dos importantes ferias de fotografía. Así creció su amor por este arte. Fue precursor, inició Gallery Nights y se propuso revalorizar la foto en el mercado de arte local. Comenzó su actividad profesional en el marketing como vendedor de suscripciones de la editorial Arte al Día. Hoy, a la cabeza de FoLa (Fototeca Latinoamericana, ubicada en Distrito Arcos), Gastón Deleau nos cuenta cómo surgió este proyecto, cómo logró materializarlo y qué se necesita para llevar a cabo un emprendimiento cultural a gran escala.

−Me gustaría que me cuentes cómo empezó todo.

−Promediaba 2014. En una reunión de trabajo con Diego Del Río, en el marco de un proyecto que estábamos desarrollando, surgió una pregunta: “¿Qué sueño tenés por cumplir?”. Era una charla netamente comercial, que no iba por ese lado, pero me salió espontáneamente: “Me encantaría hacer un museo de fotografía en Buenos Aires, porque no hay, pero como no creo que pueda ser, porque conozco mis limitaciones económicas y hasta dónde uno puede hacer, es un proyecto que tengo pensado para dentro de veinte años”. Él me dijo: “Capaz que nosotros desde IRSA podemos darte esa ayuda”, y me preguntó si me animaba a armar y a bajar el proyecto a tierra firme con un plan quinquenal, para cómo podría funcionar en ingresos, egresos y en aportes de donaciones, montones de cosas que había que contemplar a la hora de la producción, la logística, la programación… Presenté el proyecto concreto con planos, ideas, tipos de financiamiento y confiaron en mí. “Nosotros vamos a aportar el lugar”, me dijeron, algo fundamental, porque si hay que pagar un alquiler para un espacio así el proyecto cultural se vuelve inviable. Una fundación sin fines de lucro necesita ese apoyo.

−¿Te movés para conseguir los auspiciantes?

−Sí, las donaciones, los auspiciantes, los sponsors. Esos son −más o menos− los tres flujos de dinero para ingreso, a través de alguien que tenga la posibilidad de donarnos eso, el mecenazgo es una pata muy importante… Recibimos apoyo del Gobierno de la Ciudad y también auspicios y sponsors privados. Es importante que puedan involucrarse y sientan que están aportándole algo a la sociedad. El Ministerio de Cultura de la Nación también nos ayudó, de la mano de Pablo Avelluto. Hay algunos que son sponsors de todo el año y otros que lo son para un proyecto puntual porque les interesa la temática de una muestra, o el artista tal.

−¿Cómo ves en este momento la relación entre fotografía y mercado en la Argentina?

−Creciendo. Empecé con Buenos Aires Photo en 2005, apostando a consolidar el mercado. Creo que esa feria fue un factor fundamental para entender que la fotografía tiene un valor artístico como la pintura, la escultura, el grabado o lo que fuese. Fue el primer proyecto comercial de América Latina vinculado con una feria de arte de fotografía y Buenos Aires fue la primera ciudad que lo tuvo. Después hicimos nuestra réplica en Lima, San Pablo, México… Hoy hay montones de países; cosas que salieron después. No digo que fuimos los inspiradores, pero los precursores, seguro.

−Y vos ya eras coleccionista de fotografía…

−Coleccionista… Me queda grande la palabra. Era un amante del arte con muchos amigos y gente conocida, entonces se fueron acumulando obras por regalos, donaciones y diferentes circunstancias. En un momento nos encontramos con un montón de material fotográfico recopilado y guardado en condiciones de conservación óptimas. Y eso dio inicio a la colección FoLa.

La fototeca, ubicada en Distrito Arcos, congrega a especialistas y público general.

−¿Cómo empezaste como vendedor de suscripciones en Arte al Día?

−En Arte al Día empecé vendiendo suscripciones. Tuve como dos o tres períodos dentro de la empresa, te diría que fue mi primer trabajo y hasta el último antes de iniciar esto. En el medio hice otras cosas, trabajé en suscripciones, en dos agencias de publicidad, después volví a la empresa, me fui a vivir a Miami, Estados Unidos, y cuando volví estuve un año sin trabajar ahí…

−Vos tenés formación en marketing…

−Sí, y eso fue lo que hizo que pudiésemos desarrollarnos, porque Diego Costa Peuser tiene una visión cien por ciento editorial y yo tengo esta visión más comercial y así empezaron los Gallery Nights: nos juntamos con Diego y todos los galeristas en el Museo Nacional de Bellas Artes. En el restaurante que había abajo hicimos una primera reunión…

−¿En el Módena?

−Exactamente, citamos a todas las galerías ahí, les dijimos: “Miren, tenemos esta idea. Vamos a hacer esto…”. Nos decían que estábamos locos, pero así nació el primer Gallery Nights. Fue todo un trabajo de un año antes explicándole a la gente de qué se trataba, cómo funcionaba, las camionetas, toda la parte comercial. Eso es lo que yo hacía.

−¿Cómo fuiste formándote en el conocimiento del arte?

−Autodidacta: mirar, leer, escuchar… Más que escuchar y ver cosas, buscar, tuve la inquietud de conocer a los artistas. No los conozco a todos, obviamente eso es imposible, pero sí a muchos artistas del ámbito. Entonces hablás con ellos, vas a las inauguraciones y aprendés mucho. Lo que me caracteriza es saber escuchar, más que otras cosas. Cuando hay algo que te llama la atención, escuchás, le prestás atención y después investigás un poquito más. Eso y leer libros. Casi todo lo que consumo está relacionado con la fotografía, busco biografías de artistas, historias, documentales… ¡todas las cosas que hago así están vinculadas con el tema!

−¿Sos fotógrafo?

−No. Le tengo un respeto muy grande a la fotografía y a los artistas porque entiendo que sacar una foto linda, con buen encuadre, puede sacarla cualquiera. Con la tecnología que hay ahora tenés que ser muy malo para no sacar una buena foto. Sin embargo, lo importante es tener qué contar, aquello que se narra a través de la historia de esa imagen, lo que transmite y todas esas cosas. Ser fotógrafo y ser artista tiene otro involucramiento.

−Además está el tema de cómo circulan hoy las imágenes.

−Hay una sobredimensión. Lo hemos traído a Joan Fontcuberta, cuya charla se basó en reflexionar sobre la necesidad de seguir produciendo material fotográfico, cuando en en Flickr y en otras plataformas hay seis millones de fotos iguales a la que vos sacaste del amanecer en Punta Ballena, Punta del Este (o del atardecer en ese caso). ¿Es la necesidad de tu recuerdo inmediato? Entonces todo ese tema está como puesto en el tapete por la sobredimensión de las redes sociales, que se basan ciento por ciento en imágenes, salvo Twitter.

−¿Qué sucede con los proyectos, la gente se los trae o ustedes los van a buscar?

−Muchos los traen y quedan en carpeta, los escuchamos porque está bueno escuchar y saber qué cosas hay dando vueltas. Pero la mayoría los vamos a buscar: tenemos más o menos siete u ocho muestras al año.

−Vos que estuviste en Arte al Día, ¿cómo ves la situación que están atravesando hoy las revistas de papel, sobre todo en cuanto al tema del arte?

−Yo creo que están casi en extinción. Ya todo lo mirás online, pero a mí me siguen gustando. Un caso puntual, que no tiene que ver con el arte, es el de El Gráfico: una revista que vivió noventa y nueve años y el año que viene cumpliría cien. Cuando yo era chico, era una marca emblemática: el lunes a la tarde estaba listo para ir al quiosco a ver la revista. Era otra comunicación, no existían las redes sociales, era eso o nada; entonces se convertía en tu mundo, tu conexión con los partidos, los clubes, las formaciones, los comentarios…  Ahora todo es en vivo y ese material tiende a desaparecer porque hay un consumo inmediato. Pero los libros de arte, de fotos, siguen. Se van a seguir haciendo de por vida porque es otra cosa, no es lo mismo ver una obra en un libro que verlo en Internet, como tampoco es lo mismo ver un libro que ver la muestra físicamente en el lugar.

−¿Considerás que un gestor cultural tiene que ser un buen vendedor también?

−Ese es el combo ideal porque te ayuda a financiar, a tener una idea y después materializarla. Porque uno puede tener todas las ideas del mundo, pero si después no la materializa, la idea se termina perdiendo, se desvanece. Mucha gente tiene ideas, el tema es realizarlas. Ese combo entre gestor y comercial, por lo menos en mi caso funcionó muy bien y es de lo que viví toda mi vida, entonces no me puedo quejar. Pero hay gestores para quienes la parte comercial va por fuera, de eso se ocupa otra gente. Acá, para que las cosas se hagan, tengo que conseguir la plata.

−¿Y qué lugar ocupa la fotografía argentina en el ámbito internacional? ¿Te parece que es un lugar importante? ¿Está ganando espacio?

−Yo creo que sí, con lo que acaba de pasar en el Getty, en Los Ángeles, en el MoMA con Coppola y Grete Stern… Me parece que sí, que tranquilamente tenemos un lugar de importancia en el mundo, de relevancia y reconocimiento.

−¿Te gusta el arte contemporáneo?

−A veces me cuesta entenderlo: “¿Qué habrá querido decir con esto?”, me pregunto.

−¿Y qué proyectos de FoLa querés destacar del 2018?

−Toda la programación que tenemos, el Proyecto Mundo Fútbol que es un proyecto previo al Mundial de Rusia que acaba de inaugurar, es un proyecto que yo creo que va a dar mucho que hablar seguramente, porque es un trabajo con fotografía histórica de archivos muy importantes, como los de El Gráfico, de artistas y autores donde se mezcla el arte contemporáneos con el fotoperiodismo. Y también el de Walker Evans, Jim Dow, Fernando Paillet y Guillermo Srodek Hart que hacemos en agosto. Para fin de año llega Cristina de Middel, la última ganadora del Gran Premio Nacional de Fotografía español, quien va a cerrar con una muestra retrospectiva de su proyecto Afronautas.

Mundo Fútbol

Se puede ver en FoLa, Godoy Cruz 2626, Distrito Arcos.
De jueves a martes, de 12 a 20.
Entrada general: 100 pesos. Lunes: 50 pesos.
Estudiantes y jubilados: 50 pesos, lunes gratis.
Hasta el 5 de agosto.

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