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30 octubre, 2018 | Por

Gabriel María Otalora: “Feminismo y espiritualidad deben ir de la mano”

En un mundo en crisis, donde los valores éticos y morales no siempre son los que rigen el acontecer de la humanidad, este comunicador y escritor que reside en el País Vasco llama a un nuevo despertar espiritual, de la mano de una mirada trascendente y humilde a la vez.

Por María Eugenia Sidoti

Es una constante desde los albores de la presencia humana, que las personas expresen su sentido de la trascendencia con profusión de signos externos. En todas las culturas se han manifestado el deseo de trascenderse a uno mismo, de relacionarse con el Otro en una permanente búsqueda del sentido último de la existencia y del encuentro que con Alguien que dé coherencia y sentido a lo que nos ocurre“, escribió tiempo atrás Gabriel María Otalora en un texto titulado ¿Dónde está Dios?, donde decidió valerse de esa gran pregunta que, en algún momento de la vida, la mayoría de los seres humanos nos hacemos, para reflexionar sobre el eje que da sentido a su pensamiento, su trabajo y su vida.

Nacido en Bilbao en 1957, licenciado en Derecho, master en Gestión del Conocimiento, Capital Intelectual y RR.HH. y con estudios de post grado en Antropología Social, Otalora es en la actualidad gerente en una asociación del Tercer Sector y lleva años dedicado a comunicar en la prensa temas vinculados a la espiritualidad, además de brindar conferencias y espacios de reflexión de ética y oración.

Autor de varios libros, entre ellos El arte de no sufrir, Decálogo para el almaEl universo nos acerca a Dios, entre otros, el recorrido a través de su obra tiene como finalidad acercar a las personas a una dimensión menos material de la existencia, a través del abordaje de cuestiones diversas vinculadas a la trascendencia, de la mano de preguntas donde, antes que respuestas, la búsqueda esté puesta en aprender a ver más claramente.  A encontrar la luz, en tiempos de oscuridad.

−¿Cuál ha sido el punto de partida de este camino espiritual tan rico que vas recorriendo y de qué manera lo has transitado hasta acá?

−Primero, tuve el ejemplo en casa y un mezcla de tres cosas, fundamentalmente una familia religiosa, pero a la vez que predicaba con el ejemplo y situaciones complicadas para un chaval como yo, que se quedó huérfano de padre a los cinco años y de madre a los quince. Esta mezcla produjo una necesidad de confrontar preguntas con el día a día, a pesar de que las respuestas que anhelaba muchas veces no llegaban. Sin embargo, se fueron produciendo otras respuestas, poco a poco, que generaron y consolidaron una vida de fe.

−¿Cómo fue esa niñez donde hubo que crecer demasiado pronto? ¿Cuál fue el aprendizaje?

−La experiencia fue difícil, porque todo se desubicó al crecer a contrapié durante la niñez y parte de la juventud. Tuve que madurar a la fuerza, antes de tiempo, pero fue el gimnasio temporal en el que también maduró mi experiencia de fe. Entonces parecía que todos estaban bien menos yo. Hoy, con la vida rodada, doy gracias a Dios cuando miro para atrás y valoro mi vida.

“Quedé huérfano de padre a los cinco años y de madre a los quince. Esta mezcla produjo una necesidad de confrontar preguntas con el día a día, a pesar de que las respuestas que anhelaba muchas veces no llegaban. Sin embargo, se fueron produciendo otras respuestas, poco a poco, que consolidaron una vida de fe”. 

−En sentido, en un mundo donde nos persiguen las tragedias humanas, pero también la liviandad, ¿por qué te parece que nos cuesta tanto conectar con el alma?

−Buena pregunta… Vivimos los coletazos de una era que se nos va y comenzamos otra en la que aun no se vislumbra mucha luz, sobre todo porque nos condicionan dos grandes males: el materialismo consumista −que todo lo contamina− y la indiferencia propia de una sociedad “líquida”, como la bautizó Zygmunt Bauman. Necesitamos orar mejor: no podemos ser ejemplares si no dejamos el protagonismo al Espíritu, porque hemos pasado de rezar sin hacer, a hacer sin rezar. Quizá es necesario releer el pasaje de Marta y María: las dos actitudes son igual de importantes.

−¿Y por qué te resulta importante traer a la luz estos temas, de los que no siempre se habla?

−Porque aunque el medio social es materialista e indiferente, la gran mayoría de las personas anhela la luz en estos temas. Aquí solo hay dos tipos de actitudes: los que temen perder estatus y seguridad religiosa, y quienes de corazón buscan la verdad. Y creo que estos últimos, que están fuera y dentro de la Iglesia, y son mayoría, aunque con diversas intensidades espirituales y religiosas… los lectores, en concreto, ¡son muy agradecidos cuando se les habla de estos temas!

Algunos de los títulos publicados por Otalora.

Abrir los ojos, la razón, el alma 

Resulta necesario sacar la humildad a relucir para contemplar el cielo y sentir admiración ante una creación asombrosa que al  mostrarnos nuestra pequeñez puede hacernos más grandes por dentro“, puede leerse en un pasaje de su libro El universo nos acerca a Dios, un trabajo donde abona la idea de que ciencia y fe, más que alejarse, deberían darse la mano.  “Una gran cantidad de descubrimientos científicos lo han sido gracias a creyentes que no dudaron en conciliar fe y ciencia sin merma alguna para ninguna de las dos“, destaca.

De la importancia de la misericordia y la compasión, de la necesidad de encontrar sentido, de la integración y de los temas más hondos del ser humano, ha decidido ocuparse este señor que vive en el País Vasco, pero cuyo horizonte es amplio: su tarea, dice, es pensar las bases para que el mundo sea un mejor lugar para todos.

−Tu trabajo bibliográfico es muy amplio, pero ¿de qué manera te ha marcado especialmente El universo nos acerca a Dios y por qué?

−En que a veces es una cosita pequeña la que genera cosas impensables. Aquella vez que miraba el firmamento con mi hermano, que tiene una gran formación científica, sentí una enorme apertura hacia la admiración y el asombro de algo tan inconmensurable como es el Universo. Al final, la escritura se convirtió en oración en torno a la humildad que necesitamos para presentarnos ante Dios. Aprendí mucho escribiendo, pero especialmente me ha marcado en la experiencia de que todo lo creado ha sido pensado también en mí cuando Él puso en marcha las leyes que rigen todo lo creado… Es un breve ensayo de cómo la ciencia y la religión deben ir necesariamente de la mano.

−¿Cómo has integrado tu carrera en el Derecho y los RR.HH. con un mundo espiritual tan vasto y lleno de matices? ¿Qué le dirías desde esa experiencia a alguien que se siente escindido?

−Bueno, es un proceso del que no eres plenamente consciente, como cuando subes al monte y al cabo de un buen rato, miras para atrás y te das cuenta de todo lo que has subido. Ves como Dios te ha guiado mientras que, en el día a día, lo que yo sentía que era corriente las incertidumbres y oscuridades. Lo que le diría a “alguien que se siente escindido” es que siga, que confíe, que acepte sin resignarse, que luche con la honestidad en la mano apoyado en la oración. Dios se encargará de dar coherencia a todo ello. Aunque Él no cumpla todos nuestros deseos, cumple todas sus promesas. Y eso, como todo lo importante de la vida, lleva tiempo.

“‘Solo en la oscuridad puedes ver las estrellas’, decía Martin Luther King; y si despojamos a la frase de su sentido metafórico profundo, puede ayudar a ponernos en situación ante lo que abarca la vista y alcanza la imaginación ante el firmamento: en la medida que reconocemos lo poco que somos y podemos, eso que facilita nuestro deseo de buscar más; no es necesario utilizar la arrogancia”.

−Siendo varón y padre de tres hijas mujeres, ¿qué reflexión te merecen los cambios que están teniendo lugar en materia de género tanto en tu país como en la Argentina? 

−El feminismo, entendido como empoderamiento de la mujer en igualdad de derechos, es irreversible. Pero deberes, la mujer siempre ha tenido más. La sociedad necesita de una urgente madurez relacional en este tema, qué no decir en la Iglesia, cuando Jesús les trató con tanta consideración. Y ellas fueron las que nunca fueron enemigas ni un peligro para Jesús. Sin embargo, las mujeres son las que menos se han marchado de la Iglesia institución, es curioso…

−¿Creés que feminismo y espiritualidad deberían ir de la mano?

−Sí porque, de lo contrario, el feminismo sería fallido. Todos, hombres y mujeres, tenemos tres inteligencias que hay que desarrollar en comunión: la racional, la emocional y la espiritual. Las tres por igual.

−Por último, me permito tomar prestado un título de tu autoría y convertirlo en esa gran pregunta que la mayoría de los seres humanos nos hacemos en nuestro paso por este mundo: ¿dónde está Dios, Gabriel?

−Los estudiosos hablan de inmanencia y trascendencia, dentro y fuera de cada persona. Pero la respuesta que nos interesa es que, como ya se dijo ante el horror de Auschwitz, Dios se manifiesta sobre todo en la inocencia que sufre. Se le “entiende” en la solidaridad, en la donación, en el amor. Se le experimenta al partir el pan y compartirlo. Y quien busca, queriendo encontrar, encuentra. Lo dijo el Maestro.

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