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10 octubre, 2017 | Por

Eugenia Zicavo: “Hay que dejar de vincular a los libros con la alta cultura”

Socióloga, periodista y lectora apasionada, Eugenia Zicavo combina sagacidad y frescura como conductora del ciclo Libroteca. El mundo de las palabras y su curiosidad protagonizan esta charla con fondo de paraíso, su biblioteca.

Por Luz Laici. Fotos: Estefanía Landesmann.

Cuando Eugenia Zicavo (39 años) tenía edad para estar en la vereda y dar vueltas en bicicleta o jugar al elástico, su infancia en el barrio de Flores transitaba por otro universo: el de los libros, la imaginación y los cuentos. Inventados por su mamá, María Chiara, o descubiertos en algún ejemplar que pasaba a integrar su biblioteca, las historias de ficción funcionaban como un imán para una experiencia compartida que conjugó identidad y placer en una marca que le ganó al tiempo: hoy Eugenia conduce el ciclo Libroteca –que va por su cuarta temporada en el Canal de la Ciudad– y comienza un nuevo ciclo en la Televisión Pública.

“Cuando abro un libro, espero que me lleve a descubrir nuevos universos, y eso tiene mucho que ver con mi mamá –comparte Zicavo–. Soy la primera universitaria de la familia, pero en casa se valoraba mucho la lectura. Mamá era italiana, falleció hace más de quince años y había venido a los 7 en barco, escapando de la Segunda Guerra. Tenía muchos libros, desde muy chica me inventaba cuentos y terminábamos narrando juntas. Pero, sobre todo, la vi leer y no había que interrumpir esa lectura. De mi infancia me vuelve la imagen de mamá leyendo en un sillón y yo en el otro”.

La tríada sinérgica madre-hija-libros encontró su espacio de rebeldía en el tránsito adolescente, cuando Eugenia –que es doctora en Ciencias Sociales (UBA) y estudió periodismo en la Universidad Católica Argentina (UCA)– se concentró en lo exigido estrictamente por la escuela y comenzó a salir con sus amigas. Hasta que, a los 17 años, se encontró en un boliche tratando de hacer foco sobre una mesa de pool para leer El proceso, de Franz Kafka. “Corrían los noventa y dejaba de salir con amigas para quedarme leyendo –recuerda ahora–. No fue fácil porque mi entorno no era lector y la decisión operó como duelo, pero en ese momento Kafka me agarró del cuello y… ¿qué duelo? ¡Ningún duelo, por supuesto!”.

Hoy recuerda haber elegido la carrera de Sociología “para nutrirme de las grandes teorías para ver el mundo”, y periodismo para tener un oficio. Su primer trabajo fue en la revista Hecho en Buenos Aires, una experiencia editorial social y solidaria (como revista mensual) que ofrece a personas en situación de calle y sin trabajo una oportunidad de ingreso a través de la autogestión. De los informes sobre migrantes, hoteles o baños públicos en la ciudad de Buenos Aires, pasó a integrar el consejo editorial de la revista cultural La mujer de mi vida, una propuesta que se discontinuó. “Teníamos una sección llamada ‘El Elegido’, donde sacábamos un cuento inédito por número. Allí publicaron muchos escritores argentinos hoy consagrados”, recuerda Eugenia, que más tarde escribió crítica literaria en el suplemento cultural de Perfil. “Si bien mi formación en Sociología tuvo más que ver con las teorías de género y las teorías feministas, todas esas lecturas abonaron mis otras lecturas. Hay una metáfora del feminismo que es la de las gafas violetas. Cuando te las ponés, no te las podés sacar. Esas lecturas están presentes en mí como un prisma para ver el mundo, no se suspenden cuando leo literatura, ni se suspenden cuando hablo de libros”.

–¿Existe una literatura femenina o de género en el panorama literario actual?

–Existen los géneros literarios, como el romántico o el policial, pero a mí me es indiferente quién firma las novelas. No creo que haya una literatura de mujeres. Aun así, las encuestas de lectura a nivel mundial demuestran que deberíamos cambiar el genérico “lectores” por “lectoras”, porque las mujeres son el 70% de las personas que compran libros. En el panorama literario actual, me gustan algunas mujeres, pero no por su género sino por la calidad de sus textos y por sus voces, que me parecen más novedosas. Entre ellas, las de Gabriela Cabezón Cámara y Fernanda García Lao. La primera tiene el registro de la gauchesca, de lo popular; rescata historias muy disparatadas y tiene un conocimiento de la literatura clásica y argentina que, para quien entiende el intertexto, es una lectura más. La segunda tiene una prosa más poética, con dosis de humor negro. A ellas les sumaría a Margarita García Robayo, Mariana Enríquez y Samantha Schweblin. Pero también me interesan algunos escritores, como Juan José Becerra con El espectáculo del tiempo, y Juan Mattio con su novela Tres veces luz.

–¿La desigualdad existente entre hombres y mujeres también se evidencia en el mercado literario?

–Se refleja siempre y el mercado literario no es ajeno a eso. Cuando se piensa en escritores, se piensa en varones. Cuando se arman festivales de literatura o ferias del libro, alcanza con hacer un listado de los que estarán presentes para comprobar que siempre ganan los hombres. No tengo idea de si eso se refleja en las ventas, pero difícilmente a un varón le preguntarían si existe una literatura de varones. El varón sigue siendo considerado el universal y la mujer no deja de ser “el otro”.

Algunos años atrás, Zicavo compartió pantalla con Gerardo Rozín, en C5N, en el programa Esta noche libros, y llevó adelante, con Nicolás Artusi, el podcast Señaladores, que funcionó como club de lectura: un libro por programa (trece emisiones en total), en ejercicio conjunto con los oyentes. 

–Tus recomendaciones, en los programas y charlas, siempre orientan lecturas de otros…

–Bueno, en Twitter y en Instagram los seguidores comparten sus lecturas. Recibo fotos, listados manuscritos con mis recomendaciones, y es una satisfacción enorme, un modo de generar una comunidad lectora on-line. El programa lo pensé como puente para acercar los libros a las personas. Surgió en una hojita de Word, después de que el hijo de un amigo, de 8 años, me contó que estaba leyendo un libro de Sherlock Holmes. Le pregunté: “¿Qué te gusta de Sherlock Holmes?”, y respondió: “Que a veces sé lo que va a pasar y lo imagino bien y otras no”. Una síntesis perfecta.

–Veo tu biblioteca y pienso que el mundo literario es infinito para abarcarlo todo…

–Sí, se me deben de estar perdiendo novelas geniales que aún no descubrí, pero la verdad es que también soy una abandonadora serial de libros. Si a las cincuenta páginas no arrancó o no me atrajo, lo dejo. La literatura es muy vasta y tal vez ese libro no es para uno en ese momento. Lo que me gusta es la experimentación con el lenguaje. No me da lo mismo una novela que cuente una trama sin forma que una que tenga un buen trabajo con el uso del lenguaje. 

–¿En qué lugares se encuentran hoy los lectores con los autores? ¿Alguna recomendación fuera de los espacios tradicionales?

–Además de la Feria del Libro, que funciona más para comprar, Filba ofrece una muy buena oportunidad de escuchar lecturas. También hay movidas nuevas, como las Silent Readings Parties, lecturas silenciosas en espacios públicos, donde cada uno va con su  libro y comparte el espacio. Otros festivales de poesía o actividades realizadas por editoriales, librerías o escritores ocurren en ciudades o lugares pequeños. Hoy el libro y su lectura conforman un consumo cultural como cualquier otro y hay que dejar de vincularlo a la alta cultura: cada disciplina tiene sus complejidades, pero alcanza solo con saber leer. Hay que desacralizar al libro, animarse a leer y abandonarlo si no te gusta.

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