Sophia - Despliega el Alma

11 marzo, 2019 | Por

Esteban Ierardo: “Da Vinci diría que hay que recuperar la educación de los sentidos”

Atraído por la vida y obra de Leonardo, el filósofo argentino rescata su aporte y lo trae a la actualidad. ¿Qué nos diría el gran artista y científico italiano a 500 años de su muerte? Una conversación necesaria, para recordarnos por qué debemos recuperar el espíritu del genio renacentista.

Por Carolina Cattaneo

Miles de turistas de todo el planeta esperan en la entrada al Museo del Louvre, en París, a que les toque su turno para entrar. Muchos están expectantes por pararse frente a La Gioconda y tomarle una foto, o hacerse una selfie. El retrato que pintó Leonardo Da Vinci (1452-1519) imanta a las visitas, que entre empujones buscan hacerse un lugar ante el cuadro, pese a que la multitud no les permitirá permanecer allí paradas más de un minuto. Al cabo de un año, la cifra de espectadores habrá sido de seis millones personas.

Más allá de su maestría pictórica, las especulaciones y los enigmas en torno a la mujer de la sonrisa misteriosa convirtieron a este cuadro de 77 por 53 centímetros en uno de los más famosos del mundo, pero detrás del cristal antibalas que lo protege, hay mucho más que popularidad: allí late la majestuosa mano de Leonardo Da Vinci, un pintor que -por decir poco- trascendió el mundo del arte y conformó con él un matrimonio polígamo entre la ciencia, la ingeniería y la escenografía, solo por nombrar algunas de las disciplinas que dominaba.

A 500 años de su muerte, la figura de este hombre que encarnó como pocos el espíritu renacentista, que casi nunca terminaba una obra, que no recibió la educación formal que se daba en su época y que amaba admirar el vuelo de los pájaros, es revisitada en el mundo entero a través del filtro del siglo XXI.

Izq.: Posible autorretrato de Leonardo, realizado entre 1512 y 1515. Der.: La Mona Lisa, un óleo sobre tabla de álamo que pintó Da Vinci entre 1503 y 1519.

El filósofo y escritor argentino Esteban Ierardo lleva años estudiando la vida y la obra de Da Vinci. En un día caluroso de febrero, compartió en un bar porteño no solo sus datos biográficos: también su visión respecto de qué representa hoy, en la era de la información y la tecnología, la figura de un hombre que llevó en sus venas la célula misma del Renacimiento y que a su vez lo alimentó con algunas de las obras de arte universal más importantes de la historia, con inventos y con diseños de una genialidad inusual para la época.

—¿Qué implica para vos la figura de Leonardo?

—A Leonardo me acerco en un doble sentido. Por un lado, al Leonardo más popular que todos conocen, que es el que está vinculado con su obra pictórica; Leonardo como autor de La Gioconda, La Anunciación, La Virgen en las rocas y La última cena. Pero además de artista representativo del Renacimiento italiano y florentino, es un pensador que inicia el método científico un siglo antes de Galileo Galilei. En esa unión entre el artista, el pintor y el pensador, surge un modelo de genio más abarcador.

—¿Dónde radica su brillantez?

—Él entendió a la pintura como un ejercicio experimental, como un desafío intelectual para resolver los problemas de la representación pictórica. Pero su genialidad se hace mayúscula por su modo de entender la elaboración de conocimiento. En ese sentido, Leonardo representa un modo de pensamiento al que hoy se le llama pensamiento sistémico u holístico.

—¿En qué consiste?

—Es un pensamiento que rehúye de las especializaciones, que se aparta de la fragmentación de los saberes, de las disciplinas que no se comunican entre sí. No es un rasgo exclusivo de Leonardo, es un aspecto de la mentalidad del Renacimiento que él encarna en su máxima potencia. En el Renacimiento, se entendía al saber como una red de conocimientos que estaban unidos en una integración universal, por eso se habla del Hombre Universal del Renacimiento, y Leonardo sería su mayor exponente. El saber consiste en buscar un conocimiento sobre el universo como una unidad, donde las artes, la economía, la teología, la filosofía, son distintos aspectos de un mismo saber. Leonardo, desde su condición de artista visual, hizo siempre una exaltación del ojo como el órgano supremo del ser humano, como una ventana al universo. Su importancia, incluso hoy, es la recuperación de la intensa vida sensorial del ojo y del tipo de pensamiento que busca entender la realidad como un proceso y donde todo está unido e integrado.

—En su búsqueda de entender la realidad como un todo, ¿hay algún rasgo de espiritualidad o religiosidad, o de tratar de hallar en el todo algo superior?

“Leonardo, desde su condición de artista visual, hizo siempre una exaltación del ojo como el órgano supremo del ser humano, como una ventana al universo. Su importancia, incluso hoy, es la recuperación de la intensa vida sensorial del ojo y del tipo de pensamiento que busca entender la realidad como un proceso y donde todo está unido e integrado”.

—Yo veo en Leonardo un espíritu intensamente religioso. ¿Iba a la iglesia? No. ¿Era católico? No, o lo solo lo necesario, desde las imposiciones de su época. Se podría pensar que una alternativa a la religión, como la gente la entiende habitualmente, es la religión como una actitud frente a las cosas. Hay un espíritu religioso laico, a través del cual encontrás en la naturaleza la expresión de algo divino, poderoso y unido.  Y en ese caso, el sujeto anhela estar abierto a ella, viviéndola, observándola, respondiéndole con arte o con pensamiento y conocimiento. En ese sentido, Leonardo es una mente religiosa, pero la suya es una religión secular. La palabra religión quiere decir religare, “unir lo que estaba separado”. En Leonardo hay una mente curiosa que quiere observar, ver, comprender y sentirse unida a ese universo.

—¿Manifestaba alguna creencia?

—No participaba de un saber proveniente de la fe ni de lo sobrenatural, porque el conocimiento para él se vinculaba con la observación, la experiencia y la razón aplicada a lo observable. Por lo tanto, su mentalidad científica, su actitud sensorial frente al mundo, hace que su religiosidad tenga estas características. Nunca manifestó una postura abierta que negara la existencia del dios del cristianismo, concepción oficial de la vida que atravesaba su tiempo, ni profesó un ateísmo ni un escepticismo explícitos.

En múltiples cuadernos, Leonardo plasmó dibujos e ideas que redactó con escritura especular, una escritura que debe ser leída con un espejo.

—¿Qué rasgos personales lo acompañan a él en la búsqueda del conocimiento?

“Hay desatención respecto del que tenés enfrente, en una realidad en la que se busca más el contacto virtual que el contacto cara a cara. Por lo tanto, el debilitamiento del ojo, en este modelo contrario de ojo hiperactivo de Leonardo, supone un empobrecimiento de lo sensorial, de la apertura crítica al mundo social y a la interacción humana”.

—Creo que Leonardo representa lo que se llama un ojo activo. ¿Qué significa? Él percibe el todo de algo, por ejemplo, una roca. Pero no se contenta con percibir de forma activa e intensa los detalles y quiere conocer la singularidad de cada planta en relación con otra, de cada animal en relación con otro. Quiere comprender cómo se mueven las aguas, las corrientes de aire. Fue la apoteosis de un ojo activo, empecinado en ver en un grado supremo todo lo que nos rodea, ver el espacio, el entorno. Es la antítesis de cómo nuestro ojo se está degradando por ser educado o amaestrado en un tipo de visión de lo que yo llamo el “ojo pantalla”, el ojo de nuestra cultura preparado para concentrar la atención en la inmediatez de la pantalla (en lo que podríamos llamar una “mirada intrapantalla”) y la indiferencia simultánea al espacio y al entorno, una característica de nuestro tiempo. El  ojo de nuestro tiempo  se hace pasivo, debilitado, todo lo contrario a Leonardo.

En  El Hombre de Vitruvio (izq.), Leonardo plasmó sus estudios sobre las proporciones del cuerpo humano. En sus ilustraciones también legó diseños precursores de máquinas voladoras.

—¿Qué riesgos tiene para una sociedad este ojo limitado?

—Tiene distintas consecuencias. Por un lado, el empobrecimiento de la vida sensorial, en tanto que el ojo, como ventana al universo, está natural y continuamente preparado para percibir la inmensidad que nos rodea. Al principio el hombre vivía en los grandes espacios, era nómade, cazador-recolector, a partir de la Edad Media, deja de vivir donde todavía percibe espacios, horizontes, montañas, y empieza a vivir dentro de las ciudades. Y ya las ciudades son una forma de recortar el poder del ojo, las paredes te impiden ver más allá, no ves el horizonte, las distancias, el amanecer. El ojo se va educando para contraerse y pierde poder de visibilidad. Por otro lado, la disminución de la atención, que está solo entregada a las pantallas. Esa desatención supone no percibir la naturaleza, y también supone un desinterés de la vida, del mundo real que fluye entre todos nosotros, que está vinculado con la sociedad y sus procesos complejos, sus conflictos. Hay desatención respecto del que tenés enfrente, en una realidad en la que se busca más el contacto virtual que el contacto cara a cara. Por lo tanto, el debilitamiento del ojo, en este modelo contrario de ojo hiperactivo de Leonardo, supone un empobrecimiento de lo sensorial, de la apertura crítica al mundo social y a la interacción humana.

—¿Eso en qué deriva?

—Deriva en un sistema que cada vez se perfecciona más en su capacidad de captar nuestro tiempo y de manipular nuestros gustos, deseos y preferencias. Hay posiciones maniqueas que sostienen que está todo mal, que la tecnología es oscurecimiento y dominación. Yo no tengo esa postura. Entiendo que hay grandes progresos de la tecnología. Pero el poder, apropiándose de la tecnología avanzada, puede -mediante las multipantallas- tener cada vez mayor eficacia para hacernos desear  más objetos, consumir y entregar más tiempo de tu vida al entretenimiento. De modo que es un tiempo cada vez más manipulado para el mayor consumo de objetos, información y entretenimiento.

—¿Qué representa la figura de Leonardo en este contexto?

—Hay que hacer una adaptación. Leonardo es un hombre del siglo XVI, su actitud es la de un ojo activo, abierto a todo lo que nos rodea, algo que creo que es esencial de rescatar en el siglo XXI. Por otro lado, la forma de pensar buscando integrar lo que está separado y comprender los grandes procesos, es un aspecto muy fundamental y valioso a un nivel estratégico en esta época en la cual los saberes están separados. Los especialistas cada vez comprenden menos el mundo. Un economista cree que todo se reduce al flujo de capitales, a la oferta y la demanda; un psicólogo, que todo se relaciona con tu deseo frustrado y con las marcas traumáticas de la infancia. Los filósofos (y lo digo como parte del gremio), que supuestamente tendrían que ser los más abiertos al pensamiento de la totalidad, representan el verso de una parte. Son saberes divididos. Bueno, Leonardo supone un pensamiento que busca un pensamiento de las conexiones y la unidad de los saberes.

—¿Por qué?

—Se nos vende que esta es la época de lo visual por excelencia. Pero en esta época se está empobreciendo lo visual y se lo está construyendo de una forma que sea funcional a un sistema de intereses determinados. Se está debilitando la visualidad y el poder de la imagen, en un mundo global en el que te podés comunicar casi con cualquier persona, pero sin un pensamiento global.

“La última cena”, su obra consagratoria, es un mural que se encuentra en la iglesia y convento Santa Maria delle Grazie, en Milán, Italia.

—Las conciencias humanas, ¿empiezan a necesitar otra cosa? ¿Se manifiestan las consecuencias negativas de esto?

—Por lo menos a nivel inconsciente. Pero no podemos pretender que cada persona se entregue una vez por semana en la mesa de un bar o en su casa, a una jornada de reflexión filosófica.

—¿Aunque sería saludable?

“Se nos vende que esta es la época de lo visual por excelencia. Pero en esta época se está empobreciendo lo visual y se lo está construyendo de una forma que sea funcional a un sistema de intereses determinados. Se está debilitando la visualidad y el poder de la imagen, en un mundo global en el que te podés comunicar casi con cualquier persona, pero sin un pensamiento global”.

—Bueno, son decisiones ante la vida. Creo que hay personas que inconscientemente eligen la sobreadaptacion, y es un camino posible y quizás funcione para algunas. ¿Qué significa la sobreadaptación? No criticar nada, buscar el consumo potenciado para ser felices, aceptar sin filtros el concepto de realidad que proponen los medios, donde cada vez se da más espacio al escándalo. Aceptar indiscriminadamente sin duda o distancia reflexiva el mundo tal como se te ofrece es una decisión posible. Es imposible vivir en una sociedad sin estar adaptado. Por eso es importante  aceptar que uno es parte y que uno también consume entretenimiento, pero tratando de mantener cierta distancia y actitud hacia la reflexión y el autoconocimiento para no ser devorado totalmente por el conformismo absoluto. Tiendo a pensar que, en algún momento, el ser humano se vinculará no solo con la utilidad y con el disfrute de lo inmediato, sino con la búsqueda del sentido, del ser.

—Leonardo era una persona compasiva. Dicen que si veía en los mercados aves enjauladas para la venta, él las compraba para después liberarlas.

—La compasión de Leonardo se vinculaba con su amor por las criaturas, y también se vinculaba con su pacifismo. Y eso es otra zona de fricción y de contradicción de Leonardo con su tiempo, no ya con el cristianismo. Él vivió una Italia dividida en reinos en guerra, un elemento fundamental para que sobreviviera un estado, un elemento de la vida cotidiana. Leonardo siempre buscó mecenas. Y para tener el apoyo de mecenazgo, en muchos casos no podía llegar a esa protección de los hombres del poder únicamente por la pintura, sino a partir de proponerles servicios de ingeniero civil o militar. Era un gran conocedor de cuestiones de ingeniería, mecánica, hidráulica, física; entonces muchas veces sus servicios consistían en asesorar en el mejoramiento de fortificaciones militares, en proponer máquinas de guerra. Esos ingenios militares, que de todos modos no se llevaban a la práctica, era lo que proponía para seducir a los aristócratas abocados a la guerra como medio de mantener y conseguir el poder. Y ahí había una contradicción con el Leonardo que amaba las criaturas y cuyo talante natural era el pacifismo.

El entrevistado

Esteban Ierardo es filósofo, escritor y docente de la Universidad de Buenos Aires y la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino. Autor de cuentos, novelas y ensayos. Entre ellos, Mundo virtual y Sociedad pantalla (Ediciones Continente), El agua y el trueno. Ensayos sobre arte, filosofía y naturaleza y Los dioses y las letras. Ensayos sobre literatura, mito y paganismo.

 

—¿Qué otros atributos de personalidad tenía?

—Hay 6000 dibujos distribuidos en los famosos códices, que son los libros con sus dibujos y anotaciones. En esas anotaciones, que tenían el rasgo notable de que estaban escritas de derecha a izquierda, Leonardo nunca hablaba de sí mismo, no hay rastros de su ego. Y en sus investigaciones, casi nunca recibía influencia de lo que pasaba en el mundo de la política. Estaba totalmente abocado a sus intereses artísticos y científicos, desinteresado de las pujas de poder de su época y de sí mismo: su energía estaba consagrada a un saber impersonal, que iba más allá del reconocimiento o de laureles. Esa falta de egocentrismo o vanidad que acusan sus textos, sería otro rasgo importante.

—Si tuvieras que hacer una comparación entre la educación que recibió Leonardo y la educación actual, ¿cuál sería? ¿En qué punto deberían amalgamarse?

—Hagamos un juego de la imaginación. Leonardo aparece en el siglo XXI. Empieza a comprender cómo funciona este mundo. Pone el foco en la educación, donde se acepta que lo niños accedan a la educación por el mundo digital, las tablets, y demás. Yo creo que Leonardo no confrontaría con el hecho de que los niños accedan a la información y al conocimiento por las computadoras, porque hay puntos a celebrar, como la inmediatez del acceso a la información. Él diría que el problema de la educación contemporánea es lo que deja afuera: una educación sensorial a partir del contacto físico con el ambiente. Por ejemplo, Leonardo propondría que los niños fueran, incluso con la propia tablet, a recorrer un jardín o un bosque. Estamos creando una educación donde lo fantástico se vincula con los mundos virtuales, y creo que eso es muy bueno, a condición de que no olvidemos que el espacio del mundo real es tan complejo y fascinante como lo que podés ver mediante los juegos de la imaginación que generan los programas y la digitalización. La verdadera educación no es solo reducir el ojo a el acceso a la información digitalizada: Leonardo diría que hay que recuperar el entorno y una educación total de los sentidos, que en el fondo también es una educación estética, ver la complejidad del mundo real y físico y volver a apreciar la riqueza diversa de la mirada artística.

—Cuando hablás del aprendizaje a partir de la experiencia directa y no mediada, pienso en la palabra “asombro”.

—Leonardo vivía en el asombro continuo, lo que lleva al ojo a salir de su contracción a la pantalla y volver a embelesarse por el mundo que nos rodea. Una actitud constitutiva del ser humano, porque todos los niños sienten asombro por todas las cosas. Y después los adultos son los que se encargan de sacarles ese don natural. Eso tiene algún vínculo con la religiosidad laica de percibir a la naturaleza como algo complejo, divino y poderoso. Parte de la educación revisada que Leonardo propondría, sería una educación sensorial más amplia y la recuperación de la actitud emocional del asombro, que es algo que si los maestros no conservan, difícilmente puedan transmitir: la actitud de asombrarse frente a la existencia del mundo, del universo. A mucha gente le parece algo naif, si todo ya está en la pantalla. A lo sumo me asombraré cuando me vaya de vacaciones, y de paso, me sacaré una selfie con el mar detrás…

Leonardo en pocas líneas, según Esteban Ierardo

  • Parte de su actitud experimental estaba dada por lo inacabado o lo que está en un proceso continuo.
  • Antes de su muerte, alcanzó el salto a la gran popularidad con sus servicios como artista de corte, en la que se destacó como escenógrafo.
  • Fue el primero que, con sus dibujos, concibió un tanque, un paracaídas, los submarinos, un helicóptero y el avión.
  • Fue un gran estudioso de la perspectiva, la óptica y la física de la visión.
  • Su calidad técnica para el dibujo y la pintura se reflejan en imágenes de naturalismo realista.
  • Compone las imágenes de forma experimental: no se repite a sí mismo ni repite los patrones tradicionales. No teme equivocarse.
  • Inventó el sfumato, una técnica pictórica que revolucionó el mundo del arte.

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Comentarios ()