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13 abril, 2018 | Por

Daniela Kreimer: “Lo que me mueve es el bienestar de las personas”

Una charla con la Directora Ejecutiva de Ashoka Argentina, especialista en negocios de impacto y desarrollo local, para hablar sobre la importancia de tomar contacto con aquello que tanto nos duele, a la hora de conducir cambios verdaderos.

 

Foto: Gentileza Ashoka.

Por María Eugenia Sidoti

Para muchas personas, encontrar un propósito puede llevar toda la vida. Pero Daniela Kreimer (33) supo desde temprano que iba a trabajar para mejorar el mundo. Por eso, cuando con apenas 23 años descubrió El banquero de los pobres, el libro del Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus, supo que era eso a lo que iba a dedicar su pasión y su gestión. Así nació en ella la decisión de integrar la economía con el trabajo social. Licenciada en Administración de Empresas con un máster en Desarrollo Local de la Universidad Nacional de San Martín, es actualmente la Directora Ejecutiva de Ashoka Argentina, Uruguay y Paraguay, una ONG catalogada como una de las más influyentes del mundo, según el ranking anual de la plataforma 

Desde hace más de 35 años, Ashoka busca emprendedores sociales a nivel global y los reúne en una red de emprendimiento social, con una consigna: la idea de que todos podemos ser agentes de cambio. “¿Cuál es la puerta de entrada a esta red? Es la respuesta, a veces compleja, a una pregunta muy simple¿qué te mueve a querer cambiar el mundo?”, cuentan desde esta organización. Más información: www.ashoka.org

A pesar de ser muy joven, su recorrido es vasto. Trabajó en el Grameen Bank −el organismo de microcréditos sociales creado por Muhammad Yunus− en Bangladesh, Alemania y Colombia. En Argentina fundó la empresa social Sowila para empoderar a mujeres en situación de vulnerabilidad y también se desempeñó como asesora en proyectos de desarrollo local e innovación social para el Estado. A la hora de describir su tarea, dice que su misión está en contribuir a una causa grande: encontrar e impulsar a los agentes de cambio de cada comunidad, para potenciar sus pasiones, fortalezas y talentos. “Son personas que se conectan con un problema, con una situación que les incomoda, que les duele. Que vibran profundamente con aquellos que se ven afectados por situaciones injustas, de inequidad. Buscamos personas conectadas con su propósito que logran convencer a otras personas para sumarse a sus causas e intentar, juntos, cambiarlas de raíz”, describe con énfasis.

El hecho de que la mayoría de sus compañeras de trabajo en la ONG sean mujeres, es un dato que a su directora no le parece casual: “La mujer tiene una sensibilidad particular y mucha habilidad para el multitasking. En el mundo social hay mucho de eso, uno se involucra apasionadamente con una causa y pone todo su empeño para contribuir a la misma desde un lugar profesional y humano. No es casualidad que existan muchas mujeres en este sector. De hecho, en nuestro equipo local somos ocho personas, de las cuales siete somos mujeres”, cuenta. 

−Si tuvieras que definir el espíritu que guía tu trabajo de todos los días, ¿cuál sería?

−La fe en el potencial de toda persona para contribuir al bien común. En Ashoka creemos que todos podemos ser agentes de cambio. Para nosotros, un agente de cambio es una persona empática, con capacidad de trabajar en equipos interdisciplinarios y multisectoriales, con liderazgo horizontal (que promueve el liderazgo de los otros) e iniciativa emprendedora con miras a generar impacto positivo en la sociedad. Esta fe está anclada en la realidad. Todos los días nos encontramos con personas de los ámbitos más variados trabajando apasionadamente para mejorar el mundo.

−¿De qué manera se trabaja para acompañar a aquellas personas que están cambiando el mundo?

−La clave es la articulación. Constantemente estamos trabajando para buscar y generar vínculos que permitan a los emprendedores y sus equipos avanzar sus causas a nivel nacional, regional y global. Con los emprendedores trabajamos de manera muy colaborativa. Ofrecemos espacios de encuentro, aprendizaje, visibilidad y contactos con referentes en el sector privado, público y social. Al ser una red, buscamos la colaboración constante entre personas e instituciones logrando generar equipos de alto rendimiento y muy comprometidos con las causas que los convocan, una fórmula casi siempre infalible para el éxito de los proyectos!

“Todos los días nos encontramos con personas de los ámbitos más variados trabajando apasionadamente para mejorar el mundo”.

−¿Cómo es la selección y cuál es la expectativa que acompaña a cada uno de estos fellows a la hora de sustentar su labor?

−El proceso de selección de nuevos emprendedores de Ashoka ocurre todos los años y está muy enfocado en encontrar las ideas más innovadoras que están generando cambios a nivel sistémico. Solo se suman 4 o 5 integrantes a la red en la Argentina anualmente, entre más de 100 aplicantes, por lo que es fundamental cada entrevista, conversación, visita, panel de expertos nacionales e internacionales para determinar si es el momento para que la persona en consideración se sume a Ashoka y cuál es el valor que implicaría para la causa que persigue, tanto como para la red en general.

−¿Cuál es el principal obstáculo y el desafío que atraviesa actualmente el sector social en la Argentina y en el mundo?

−Se necesita mayor colaboración multisectorial y una visión más sustentable de las organizaciones a nivel económico. El modelo de filantropía es cada vez más complejo. Las organizaciones sociales tenemos que aprender a traducir en propuesta de valor el impacto que estamos generando en el mundo para salirnos de los modelos tradicionales y transitar hacia un modelo más sostenible de intercambio de valor. Otro gran desafío es cómo el mundo de las empresas sociales se inserta en los mercados.

Hacedores de cambios

“En el mundo hay mucho dinero. Pero en el sector social no.  Hace falta visibilizar las buenas ideas y generar puentes. El 60% de los 3500 emprendedores sociales de Ashoka han creado e instalado políticas públicas en sus países. Esa es una de las grandes vías para generar cambios verdaderos”, sostiene, sonriente, Daniela.

−Si tuvieras que mencionar algunos casos para ejemplificar el trabajo de Ashoka, ¿cuáles serían?

−¡Tengo tantos preferidos que no sabría por dónde empezar! Yunus, el creador de los Microcréditos, sistema que se extendió en todo el mundo a partir de su trabajo en Bangladesh. Thorkil Sonne, un padre danés que vio una habilidad donde todos veían una discapacidad y creó una empresa social (Specialisterne) que genera oportunidades laborales para jóvenes y adultos con síndrome de espectro autista y que brinda servicios de consultoría en tecnología a grandes empresas en 19 países del mundo, y ha logrado conseguir empleo a más de 1000 jóvenes.  Mariana Incarnato, quien junto al equipo de Doncel y otras organizaciones recientemente logró la aprobación de la Ley de Egreso en la Argentina, histórica en la región, para garantizar un egreso asistido hacia la adultez, de niños y jóvenes que egresan del sistema de cuidado.

−Y como profesional con una amplia trayectoria en el ámbito social, además de ser mujer, ¿qué ha sido hasta acá lo más importante para vos a nivel profesional y humano?

−Para mí fue muy trascendente haber trabajado en Bangladesh junto a Yunus y a cientos de mujeres prestatarias del banco Grameen que lograron cambiar su vida y la de sus familias gracias a los microcréditos y las empresas sociales. Esta experiencia me enseñó a conectarme profundamente con las personas y creer fervientemente en el potencial del ser humano para transformarse y contribuir al bien común.

−Por último, pido prestada una pregunta de Ashoka: ¿qué es lo que mueve a Daniela Kreimer a querer cambiar el mundo?

−Es una pregunta difícil de contestar, pero que nos gusta mucho hacer durante el proceso de selección a nuestros emprendedores sociales. Creo que yo sigo encontrando respuestas diariamente y el trabajo junto a los emprendedores sociales me va mostrando el camino que quiero seguir y mi misión en el mundo. Diría que lo que me mueve es el bienestar de las personas y del planeta, buscando un sutil equilibrio entre los planos físicos, anímicos, racionales y espirituales, donde cada persona pueda ser la máxima expresión de sí mismo.

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