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16 Octubre, 2015 | Por

ANA KATZ: El suspenso de lo doméstico

Esta semana, la directora Ana Katz estrena“Mi amiga del parque”, una tragicomedia que la llevó a ahondar en el desafío de encontrarse un día, empujando un cochecito habiéndose convertido en madre. Por Agustina Rabaini.

La argentina Ana Katz lleva años filmando historias y estudios de relaciones en los que cruza el drama con el humor, y donde suele aparecer también como protagonista. Luego de El juego de la silla, Una novia errante y Los Marziano, quiso ocuparse del tema de la maternidad y armó una comedia dramática que es también una película de intriga a partir de escenas bien cotidianas. “Juego con el suspenso de lo doméstico”, dice en esta charla donde cuenta cuánto cambiaron su mirada y sus preocupaciones desde que se convirtió en la mamá de Helena y de Raimundo, dos niños que eran bebés cuando empezó a escribir el guión y que hoy tienen 7 y 4 años.

¿Cómo es pasar a ser padre de un día para el otro y sin mapa de ruta, manual de instrucciones o diploma? Liz (Julieta Zylberberg), la protagonista de la trama, afronta desde las primeras escenas ese tiempo del puerperio que, lejos de ser color de rosa y sencillo, puede sumirla también en un estado de preocupación o alienación. De esos estados, y de la relación entre dos madres bien particulares que se encuentran en la plaza e inician una relación inquietante, habla la directora en esta nota.

-¿Cómo nació la película?

-La primera imagen que recuerdo tiene que ver con mis propios paseos, cuando iba al parque con mi hija Helena, cuando era bebé. Era invierno y de pronto me encontraba en esos parques medio vacíos, sobre todo al mediodía. Por ahí había alguna madre, gente viejita, o excursiones de personas que salían del psiquiátrico. Ese parque como un lugar alejado del ruido de la ciudad fue el inicio de todo, porque también recordaba a  los padres de niños y bebés con una curiosidad por saber, y ese deseo de hablarse entre sí, de entrar en contacto. Yo misma pensaba: “qué ganas de saber si sigue tomando la mamadera, si ese bebé ya duerme solo en su cuarto…”, cómo si hubiese un mundo en la crianza que no se comparte pero que forma parte central de nuestros intereses porque es lógico querer cuidar a quienes más queremos. Por otro lado, me interesaba hablar de la maternidad como proceso de construcción y elección. Y escaparle a esas posiciones fijas sobre lo que se debe hacer y lo que no.

-¿Cómo sería eso?  

-Me refiero a la maternidad no como algo que no viene dado en un cuadro que muestra a una madre con su bebé, sino que abre lugar a diferentes tipos de crianzas, a los hombres, a los padres adoptivos y otras personas en familias que se integran de manera diferente.  Me interesa esta posibilidad de elegir la forma en que uno puede cuidar a su hijo. En principio, quería alejarme de esas bajadas de línea tan fuertes que aparecen desde la clase media supuestamente progre o tolerante en relación a la crianza.

-En una de las notas criticabas esta idea o ideal de la mamá y el bebé como una díada inseparable y el papá sosteniendo a la mamá…
-Sí, es importante entender que un niño necesita cuidado y amor, pero que esto no se da sólo desde una familia constituida de la manera tradicional. Y lo mismo para el mandato de dar la teta y otros que a las que no pueden hacerlo las hace sentir mal. Así como hay madres solas, entre otros tipos de madres,  hay mamás que no pueden darle leche a sus bebés y no tendrían que sentir culpa por eso. En mi caso, pude amamantar pero estamos en 2015 y la sensación de culpa en relación a eso a veces es medieval. “No le doy la teta,  hoy lo vi poco, hoy no hice tal cosa”. Son cosas que se escuchan mucho entre las madres y en medio de eso uno piensa, con tanta culpa y exigencia, ¿qué lugar le estamos dando a la magia, al encuentro, a la felicidad?

-En la época de nuestras madres, no había tanto énfasis en dar la teta y se fomentaba la mamadera. Los tiempos cambian…

-Sí. Hoy las posibilidades son diversas y la misma sociedad pide que se varíe, gracias a Dios hay un montón de movimientos que van hacia otro lado. En definitiva, lo que no se puede es  sacar el foco del amor. Creo que el efecto más fuerte que genera un hijo es esa ensoñación del amor, esa cosa de “no veo en foco” porque estoy totalmente turbada. Por lo general se quiere vender al amor de una manera no compleja y no es así. Para la publicidad el amor es llano y simple, pero el amor también implica miedo, soledad, cansancio, alienación.

-También decías que uno se vuelve responsable por amor y que el amor hacia un hijo es un “amor activo”…

-Sí,  hay preguntas y preguntas para abrir sobre este tema porque para mí una vez que uno puede asumir que el amor es algo tan complejo, también hay que hacerse responsable. Te dan el hijo pero no el diploma y uno va a poco viendo qué tipo de madre es. Si sos gritona o sobreprotectora… Hay algo de ensayo y error que se juega todo el tiempo y que ya no para. Las preocupaciones no paran. (más risas)

-Sí, una se preocupa para siempre. Y de hecho ustedes presentan a la película como “una comedia preocupante”. ¿Por qué?

-Lo de la comedia preocupante vino como sugerencia del productor, Nicolás Abruj. Nos pareció que la historia podía generar eso en los espectadores: risas y preocupación. Hoy lo veo vinculado a este suspenso de lo doméstico que aparece cuando sos mamá y te hacés ciertas preguntas. Y aparecen los miedos. ¿Quién va a cuida a mi hijo mientras trabajo? ¿Va a engordar bien? ¿Cómo hago para bañarme? ¿Se puede perder en la calle?  Son cosas que por momentos pueden darte taquicardia (risas).

-Sí, cuando salís por primera vez con el cochecito y pensás que le va a pasar algo al chico, que a quién se le ocurre, tan chiquito. Vos decís que directamente te imaginabas al conductor acercándose hacia ustedes con ojos enloquecidos… 

-Sí, tal cual. No podía creer que tuviera que salir a la calle, me parecía un error y pensaba: “Me tengo que mudar a un campo o a un pueblo”. Hasta que caminás unas cuadras y ya está. Saliste.  Pero qué incompatible es el ruido y la gente y el ritmo de la ciudad con el bebé chiquito. El otro día estuve con una amiga que acaba de parir. Yo sabiendo todo esto,  la veía y pensaba que en está viviendo en otro planeta.

-En la película te ocupás del puerperio, esa etapa de la que se habla mucho menos que del embarazo y el parto…

-Sí, cuando escribía el guión, pensaba que cuando éramos chicas ensayábamos con los muñecos bebés y nos reíamos con la co-guionista, Inés Bortagaray, porque en la realidad es bien diferente. Esos primeros meses desde la llegada del bebé dan la posibilidad de espejarte en distintas personas que a veces puede ser la propia madre, pero también otra madre en el parque o la hermana: uno va pensando en posibles personajes (se ríe) como si no supieras al principio encontrar tu lugar, cómo vas a ser, y cómo te va reflejando en los otros para tratar de ser alguien. Me gustaba esa idea para el personaje de Liz y lo fuimos trabajando.

-Cuando filmaste la película ya tenías a Raimundo,  tu segundo hijo, pero Julieta Zylberberg, la actriz, tenía a su primer bebé. ¿Cómo fue el proceso de escritura, primero, y el rodaje, con mamás e hijos?

Con el guión estuvimos como tres años. Primero escribí una versión sola y después se la presenté a Inés Bortagaray, la coguionista, que poco después quedó embarazada y ahora tiene dos nenes. Ella vive en Uruguay y nos comunicábamos mucho por Skype. Era gracioso porque, mientras ella daba la teta, yo le decía: “Te dejo porque me voy a dormir a Raymundo”. Las dos totalmente atravesadas por la maternidad y viviendo casi lo mismo que estábamos contando… Después llegó Julieta como protagonista y tenía a su bebé chiquito. Al principio pensamos que su hijo podía ser el bebé de la película pero el rodaje se postergó y la relación entre Juli con el bebé que hace de su hijo ahora, fue impresionante. También aparecen otras mamás o y otros bebés, que convoqué a partir de un tuit donde les proponía vivir una experiencia cinematográfica.  Estuve agradecida con ellas y en todo momento nos adaptamos a lo que iba pasando con los nenes. Seguir un poco la dinámica que nos planteaban y no al revés.

-En un momento en el film aparece una frase de Nicanor Parra: “Cuando será el día en que nos arrimemos todos como gallinas cuidando a sus pollitos”…

-Sí, esa frase de Nicanor Parra llegó un poco casualmente… El bebé de la película se llama Nicanor por el escritor pero además un día, buscando frases que podía recitarle el papá de Liz a su hija por teléfono, apareció esta y sentí que esa era exactamente la sensación que tenía en relación a lo que queríamos contar en la película.

-¿Cuánto cambió la maternidad desde que no tenemos red ampliada? Antes la crianza se daba con ayuda de hermanas, abuelas, vecinas y ahora por ahí no sabés quién vive en el departamento de al lado…

-Creo que hay algo de lo humano que trasciende la maternidad o la paternidad. Y es gracioso hablar de redes porque ahora muchos vivimos en las redes. La experiencia de la maternidad cambió un montón  y hay algo que, sin duda, empeoró, pero a la vez hay algo de las mujeres que iban criando solas que me parecía injusto. Ellas estaban solas y los padres a su vez, se lo perdían. Por suerte eso se fue modificando porque la mujer trabaja y el hombre puede estar y conocer a sus hijos. El otro día una amiga me decía que su padre nunca la había tenido a  upa. Ahora al padre le dan el bebé cuando nace y eso sólo hace que todo cambie un montón. Hoy, además, para el cuidado de los chicos a veces se apela más a una niñera que a una abuela, porque las abuelas trabajan y tienen más vida social.

¿Por qué volviste a elegir a Daniel (su marido, el actor Daniel Hendler),  como  personaje de la pareja de Liz. Ese marido que aparece por Skype, de lejos, porque está filmando “un documental sobre un volcán”…

-Siempre que hay un personaje donde pueda aparece Dani la tentación es  grande. En este caso me pareció divertido, tenía todo para poder hacerlo bien y dar algo entre el humor y la verdad. Contar a este tipo que está con buena onda con ella, pero lejos, trabajando, y le habla del otro lado de la pantalla.

-Ví que hay dibujantes trabajando con el afiche de la película …

-Sí, estamos muy contentos y se fueron sumando algunos más. Fue algo que empezó como una colaboración para la difusión y después nos encantó. Surgieron visiones propias, interpretaciones dibujadas. Algunos de los dibujantes que participaron fueron Liniers, Tute, Maitena, Pepita Sándwich y Martín Garabal.

-¿Qué esperás con el estreno y qué te van devolviendo los que la vieron?

-Por ahora la recepción es cálida e interesada, creo que es un tema que importa y del que no se habla demasiado. Es una peli que puede conectar con un público y ojalá que pueda mantenerse en salas para que haya boca a boca y llegue a esa gente.

-¿Tenés un nuevo proyecto para cine? 

-Sí, en marzo de 2016 filmo una película que se va llama Sueño Florianópolis y que va a  hablar de los viajes que hacía la clase media en los ´90´s en auto,  hacia Brasil. Los protagonistas son Mercedes Morán y Gustavo Garzón. Es muy divertida, ya estamos en pleno armado.

Ana Katz y Julieta Zylberberg en una escena de "Mi amiga del parque".
Ana Katz y Julieta Zylberberg en una escena de “Mi amiga del parque”.
Mi amiga del parque según la mirada de cinco ilustradores: Maitena, Garabald, Pepita Sandwich, Tute y Liniers.
Mi amiga del parque según la mirada de cinco ilustradores: Maitena, Garabald, Pepita Sandwich, Tute y Liniers.

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