Sophia - Despliega el Alma

Solidaridad

20 enero, 2015

Encontrarse para transformar realidades


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Algo tienen en común estas mujeres: la energía enorme, la sonrisa fácil y el orgullo de haber podido trascender realidades adversas. Cada una de ellas sabe perfectamente lo que es no tener un plato de comida, una oportunidad, o la posibilidad de ser tratadas dignamente por el solo hecho de haber nacido en un hogar pobre. Pero eso no las detuvo. Hoy, todas ellas son referentes sociales desde distintas áreas. Silvia Flores como directora de la Cooperativa “La Juanita”, un espacio de educación y construcción. Laura Zapata como bailarina y coreógrafa con proyección inetarnacional. Mirna Gamarra a través de la cooperativa “En buenas manos”, brindando ayuda a otras personas no videntes, como ella. Evelina Cabrera trabajando como DT de la Selección Femenina de Fútbol Homeless, una circunstancia que conoce bien, porque vivió en la calle durante su adolescencia
Juntas forman parte del colectivo “Barrio Abierto”, un proyecto de “Creer Hacer”, la entidad dedicada a crear espacios de encuentro con personas de diversos orígenes, sectores y regiones para potenciar y desarrollar sus capacidades y hacerlos parte de una construcción colectiva. “Todos tenemos capacidad para ser líderes de nuestro propio proyecto”, es el lema de Daniel Cerezo, uno de sus fundadores, quien se crió en el contexto de pobreza socio-económica del Bajo Boulogne, partido de San Isidro, provincia de Buenos Aires, pero a pesar de todo decidió apostar por cambiar su realidad y también la de su entorno. Hoy su legado es enseñar que lo peor de la pobreza no es la falta de dinero, sino no tener capacidad de proyectarse. Y para llevar su menaje a todas partes, convocó a estas cuatro mujeres, luchadoras de la vida y emblemas de la escena del trabajo social. En ese marco, nació el ciclo de charlas por villas y barrios de emergencia, donde ellas cuentan sus proyectos de vida, tan inspiradores, y cómo han logrado mejorar sus condiciones a pesar de haber nacido en contextos de pobreza socio-económica. El primer encuentro se realizó en el mes de noviembre en La Cava (San Isidro) y ya vendrán otros, convocando a todos aquellos que quieren encontrarse para transformar realidades.
Nadie dijo que sea tarea fácil, ni que se logre de un día para el otro. Pero en la búsqueda de proyectos comunes y en este encuentro de almas está, quién sabe, esa llave que puede abrir todas las puertas. Incluso las que parecían cerradas para siempre.
Para conocer más sobre este proyecto, entrá en: www.creerhacer.com.ar

SILVIA FLORES

Silvia-Flores

Silvia Flores sabe lo que es apechugar. Es la directora ejecutiva de la Cooperativa La Juanita a la que dio a luz años atrás cuando su padre, el dirigente social Héctor “Toty” Flores, le dijo: “Si estás tan enojada con la sociedad, ¿porqué no haces algo para cambiarla?”.

Ese fue el sacudón que necesitó Silvia. Primero, para interesarse, y luego para meterse en lo más hondo de la comunidad de La Matanza, especialmente en el barrio La Juanita, uno de los más carenciados de la zona, que gracias al trabajo conjunto hoy cuenta con la famosa panadería “La Masa Crítica”, que elabora la receta de panes dulces de Maru Botana y cuenta con el packaging de Tramando. Hasta la Navidad pasada, la panadería llevaba elaborados más del 6 mil kilos de panes dulces.

La cooperativa que Silvia dirige tiene un objetivo claro: rechazar los planes asistenciales y trabajar en la construcción de emprendimientos productivos propios y educativos para la comunidad. Además de contar con una bolsa de trabajo, logró la apertura de una sucursal bancaria, una escuela primaria, una editorial, un taller de serigrafía, un taller de costura, un taller de reciclado de computadoras, un jardín comunitario y la capacitación permanente de los vecinos a través de clases de inglés, computación, apoyo escolar y guitarra. También tiene una feria comunitaria, un taller de artesanías, un programa de extensión jurídica y un programa de micro créditos para emprendedores.
“Todo esto que hacemos acá me hace sentir una persona distinta porque es una opción de vida y porque además somos testigos de esa enorme alegría de que un pibe deje la calle y las malas costumbres para empezar a trabajar, o de que una madre decida retomar sus estudios”, dice Silvia. Para contactarte con ella, ingresá en: www.lajuanita.org

EVELINA CABRERA

Evelina-Cabrera

Tiene apenas 27 años, pero el camino recorrido es largo y empinado. Nació en San Fernando y tras la separación de sus padres se fue de su casa. A los 13 comenzó a vivir en la calle. “Aunque yo tenía un hogar me sentía en soledad”, explica.
Pasó por muchos trabajos: cuidó autos, hizo changas, atendió a prostitutas maltratadas, repartió volantes callejeros. Conoció las noches largas y solitarias de no tener qué comer o con quién hablar.
Si bien destaca que mucha gente la ayudó, remarca no todos fueron buenos con ella. Y aunque se enamoró tempranamente de quien creyó un buen compañero, al poco tiempo se sintió en el infierno. “Fui una mujer golpeada hasta que toqué fondo y me dije ‘hasta acá llegué’ -explica y confiesa que muchas vez creyó que el suicidio era la única solución para ella-. Hasta que un día, yendo a uno de esos lugares donde me daban de comer, miré la televisión y había una nena pidiendo un respirador, en silla de ruedas. Me largué a llorar angustiada y me dije ‘¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué estoy así? Yo tengo cosas que esa nena no tiene y aun así ella sí quiere vivir’ Ese fue un gran cachetazo, un punto de inflexión”, confiesa y asegura que a partir de ese momento tomó la iniciativa de cambiar de una vez por todas su vida.
Fue entonces que se trazó varias metas y se ocupó de cumplirlas. Con 17 años comenzó a tocar en grupo de cumbia, se reencontró con su papá y trabajó en una fábrica de sillones donde llegó a ser encargada al poco tiempo. Y a partir de ahí supo que podía hacer mucho más y decidió estudiar para convertirse en instructora de gimnasia.
En estos años Evelina apuesta por estar más cerca de su familia y formar parte de algo importante: la construcción de un hogar lleno de afecto. Además, se acercó al futbol, su pasión, de la mano de una amiga que probó suerte para jugar en Platense. Ella, a pesar de no saber jugar, se presentó y quedó como jugadora titular, pero se decidió por la dirección técnica. Sí, ella quería estar afuera de la cancha, ayudando, sosteniendo, dando ánimo.
Fundó la Asociación Femenina de Fútbol Argentino, que busca integrar a chicas con poca formación, organizar torneos y difundir valores. Estudia para ser coach ontológica. Y su sueño es seguir formándose y llegar a lugares antes vedados para las mujeres.

MIRNA GAMARRA

Mirna-Gamarra

Nació en Paraguay y sus padres la trajeron a Argentina siendo un bebé, para ver si acá los médicos podían curarla. La beba padecía una enfermedad que ellos no habían escuchado nunca nombrar: glaucoma. La chiquita vio apenas, durante un tiempo, cuando a los 8 años perdió la visión por completo.
Por ser una patología degenerativa de la visión, su entorno consideró que la nena iba a convertirse en un estorbo y decidió dejarla al cuidado de su abuela, quien sin dudarlo se ofreció a cuidar de ella y lo hace hasta la actualidad. Fue ella quien la ayudó a enfrentar el “no vas a poder” que todos le decían Mirna y también la alentó a transformar esa realidad dura e inexplicable, que acabó por fortalecerla. Esa abuela que fue sostén, actualmente la acompaña en las tareas sociales que su adorada nieta lleva adelante.
Mirna hoy preside y coordina la cooperativa “En buenas manos” integrada por más de veinte personas no videntes que realizan masajes en empresas. Su misión es generar un cambio de mirada hacia el empleo de personas con discapacidad, mediante el desarrollo de emprendimientos sustentables operados por personas con discapacidad, que agregan valor con su trabajo.
Además, es actriz y desde hace varios años sube a escena en un escenario con Teatro Ciego. En pareja con Marcelo, se define como una persona feliz.
De su historia, Mirna rescata el valor de que su abuela la haya ayudado a pensar hacia delante, sin quedarse en la tristeza o en la queja. “Que alguien confíe en uno cuando es niño, es todo. Hay una discapacidad real, no veo, necesito un bastón. Pero la peor discapacidad sería ignorar mis capacidades”, señala. Sumate a su causa en: enbuenasmanos.org.ar

LAURA ZAPATA

Laura-Zapata

Se crió en el barrio La Cava y con ojos de niña vio cómo se metía en su barrio la droga y cómo familias enteras dejaban atrás la esperanza de salir adelante a través del esfuerzo y el trabajo.
Pero lejos de perderse en el sinfín de calles sin salida que esa realidad planeaba para ella, encontró un sendero propio y salvador. Con apenas 9 años se anotó en un taller de San Fernando donde tomó clases de baile clásico, contemporáneo y jazz, hasta que, a los 15, conoció la fundación “Crear Vale la Pena” que trabaja en el desarrollo social y personal de personas en situación de pobreza. “Haberme encontrado con la fundación me dio esperanza, porque vivo en un barrio en el que podría haber optado por muchísimos otros caminos de vida” cuenta Laura
A través de la fundación el hip hop llegó a su vida y ella se lo apropió como si fuera suyo de toda la vida. “Me remite a  una cultura liberadora, tiene muchas características del barrio, de lo marginal, de la calle, de nuestra historia, del hecho de remarla desde abajo”, concede.
La primera presentación en público fue en el Centro Cultural Recoleta, donde Laura armó su propia coreografía, fue intérprete y música y tuvo la posibilidad de mostrar lo suyo a través de la obra De la cava y el bajo Boulogne al Recoleta, en 2001. A partir de entonces no paró de dar presentaciones hasta que cumplió el sueño de llegar a la televisión, tras participar del video de Vicentico y de la banda adolescente ErreWay.
A través de su arte, Laura salió de La Cava y llegó al mundo: conoció Alemania, India y Sudáfrica. “La danza, la música y el teatro se convirtieron en una forma de vida. Me gustaría vivir de lo que hago y sentir que la gente toma mi arte como propio, que lo siente, que se emociona. Sin embargo, no quiero perder de vista mis raíces. Me gustaría dejar un pedacito de lo que me pasó a mí en el barrio y que esta historia se replique en otras nenas que, como yo, tienen el sueño de bailar”, concluye Laura.
Hoy coordina el grupo de danza Big Mama y Combinado Argentino de Danza: www.bigmamalaboratorio.com.ar

Fotos: Chino Herrero.

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