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21 julio, 2016 | Por

En vacaciones, desenchufalos… ¡y a jugar!

Los especialistas recomiendan desconectar a los chicos de las pantallas y darles espacio para crear. En momentos de ocio, aburrirse un rato no es negativo, todo lo contrario: estimula la imaginación y enriquece la experiencia lúdica.


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Vacaciones, buen momento para desplegar la creatividad (foto: Getty Images).

Con las vacaciones de invierno llega el peligro de que los chicos se abalancen sobre la computadora y la Play. En general, hay un consenso de que los padres queremos desenchufarlos, pero también sabemos que, en cuanto lo logramos,  sobreviene la temida frase: “¡Mamáaa, estoy aburrido!”. Frente a esa realidad, los adultos nos preguntamos qué alternativas ofrecerles. ¿Cuál será la manera más adecuada y creativa de acompañarlos durante estos días en que los chicos necesitan tanto descanso como recreación y atención de parte nuestra? Además de “ponerles más el cuerpo” y pasar tiempo con ellos, ¿habrá que dejar que se aburran alguna vez? ¿Y cómo acompañamos a nuestros hijos más grandes?

A los chicos, la televisión y la computadora los tiene acostumbrados a una actitud pasiva en la que se sientan a  “recibir” propuestas de la TV, la Wii o la Play. Desde esa cómoda pasividad, muchas veces no saben cómo generar sus propios juegos o programas y les cuesta abrirse a otras posibilidades. Frente a la pantalla, es difícil que puedan dejar volar la imaginación y crear, inventar entretenimientos con sus propias manos o buscarles la vuelta a los juguetes y materiales que tienen a su alcance todos los días.

Valdrá la pena tomarse un ratito para “espiar”, por ejemplo, a un niño de 4 o 5 años y ver cómo, luego de un primer “empujón” o invitación a descubrir los tesoros escondidos que hay en su habitación, poco a poco se acerca a una hoja, agarra unos lápices de colores, dibuja, corta cartones, pega, arma o empieza a hacer música con un tambor y levanta una torre con cajas y cajitas. Si nos alejamos del cuarto por unos minutos, cuando volvamos, lo más probable es que el chico esté súper entretenido y metido en su mundo de objetos y colores.

Por eso, en vacaciones de invierno, quisimos consultar a diferentes especialistas para que nos expliquen cómo ayudar a los chicos a enriquecer y disfrutar mejor el tiempo libre.

La psicóloga Maritchu Seitún recuerda su propia infancia desde su libro Criar chicos confiados, motivados y seguros, y reflexiona: “Durante el ‘hacer nada’ es que podemos descubrir nuestra originalidad y ser creativos, pues tenemos las mejores ideas y nos conectamos con nosotros mismos. Aburrirse es importante para poder inventar carritos con rulemanes, para poner un kiosco de revistas viejas en la vereda o para charlar durante la siesta con la abuela o la bisabuela, que tienen tantas cosas para enseñarnos. De hecho, en las siestas de mi infancia aprendí a coser, a cocinar masitas y scons (…). Hoy los chicos, y también las abuelas, tienen agendas ocupadísimas y todo se aprende en cursos, rentables para el que los dicta y prácticos para la mamá, que está tan ocupada llevando a sus hijos a sus clases y programas que no tiene tiempo de enseñarles a cocinar”.

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Eva Rotenberg, licenciada en Psicología y directora de Escuela para Padres, también subraya la importancia de que los chicos tengan espacios de tranquilidad, sin actividades, e incluso en soledad, para poder abrirse a otras posibilidades que puedan surgir de una búsqueda más personal. “Vivimos en un mundo sobreestimulado y no estamos preparados para aceptar que cada uno debe ‘aprender a generar su creatividad’, ya que es una herramienta importante para la vida. En la adultez, estos mismos chicos deberán generar su trabajo”, explica.

Tiempo con los abuelos

Durante el receso invernal, hay muchos papás que trabajan y muchas veces los paseos y tardes libres son compartidas entre los chicos y los mayores de la familia. “Suele pasar que los abuelos disfrutan más y mejor del vínculo y el tiempo compartido con los nietos que del que tuvieron con sus propios hijos, debido a que sienten menos responsabilidad por la crianza y tienen una mayor disponibilidad de tiempo”, explica el psicólogo Esteban Matiello, y propone aprovechar a los abuelos más que nunca en estos días de tiempo libre. “En las familias, los abuelos tienen el saber de la historia familiar, y como son grandes contadores de relatos lejanos que atrapan el interés de los niños, por medio de estos cuentos los chicos pueden apropiarse de la historia familiar, saber quiénes fueron sus antepasados, de dónde provenían, y empezar así a sentirse parte de una familia”. Con los abuelos, los chicos pueden cocinar, jugar a las cartas, tejer, limpiar el auto, salir a pescar y muchas cosas más…  Se trata de actividades simples y enriquecedoras para los abuelos y los nietos que pueden hacerse en casa sin necesidad de gastar dinero.

Junto a otros especialistas, Rotenberg ve con buenos ojos la aparición del aburrimiento en los chicos y lo analiza como un desafío para los padres. “Cuando las quejas de los hijos los desesperan, los padres se frustran fácilmente y ante la insistencia de los chicos en buscar una actividad para rellenar el tiempo libre o un programa que los saque de casa, aparecen ofertas tentadoras para evitar que sientan un vacío existencial. Hay una dosis de aburrimiento que es necesaria para estimular la creatividad de los niños. Sin ese ‘espacio que parece vacío’ no puede surgir la imaginación”, explica.

Un tiempo de descanso

El receso escolar invita a hacer un corte necesario con la rutina de todos los días y tanto educadores como psicólogos coinciden en que lo más recomendable será que los chicos  pasen menos tiempo frente a la pantalla y haciendo menos actividades “regladas”. Proponen, en cambio, que puedan estar entre amigos y busquen hacer programas en lugares de recreación donde el tiempo libre pueda convertirse en un tiempo de enriquecimiento.

Además, todos están de acuerdo en que debe fomentarse que pasen más tiempo en casa, que puedan dormir un rato más a la mañana y que puedan conectarse con los amigos y los juguetes de una manera diferente.

“¿Entretenerlos siempre? –se pregunta la psicóloga Maritchu Seitún en su libro–. Padres e hijos estamos atrapados en una vorágine de entretenimientos, programas y cursos. La vida es entonces acción, movimiento, diversión organizada, planificada… Parece que ya nadie puede ni sabe quedarse en casa leyendo un libro, jugando tranquilamente en la vereda o haciendo una torta solo para la familia”, reflexiona.

Su colega Esteban Matiello, psicólogo y coordinador del Museo de los Niños de Buenos Aires, propone pensar el aburrimiento como una posibilidad de encontrar, junto con los chicos, respuestas creativas en las que incentivemos la imaginación y la exploración. El especialista sugiere alternar salidas entre las actividades que los chicos realizan en sus casas y los momentos de ocio. “Muchas veces podemos quedarnos adentro y hacer cosas diferentes a las que los chicos realizan durante la semana, como plantar semillas (el alpiste y los rabanitos, por ejemplo, crecen muy rápido), cocinar, hacer teatro de sombras, construir animales y otros objetos que sean de interés con material reciclado, o hacer murales de pintura con papel afiche. Lo importante es que las propuestas incluyan los gustos e intereses de los chicos”, explica.

 Abrir la puerta para ir a jugar

Una variable para tener en cuenta a la hora de pensar en las vacaciones de los chicos es considerar que hay padres que trabajan y que no pueden dedicarles todo el tiempo a sus hijos. Por eso, son bienvenidos los abuelos y los tíos que quieran dar una mano para acompañarlos.

Santiago Ezcurra es entrenador físico y pasó muchas horas de juego compartido en vacaciones de invierno como papá de chicos de 9, 12 y 15 años. Para estos días que se avecinan, el “profe” propone no caer en el circuito típico comercial de las vacaciones de invierno y salir a la calle o al patio para buscar la diversión en los juegos de siempre.

Durante el ‘hacer nada’ es que podemos descubrir nuestra originalidad y ser creativos, pues tenemos las mejores ideas y nos conectamos con nosotros mismos”, dice Maritchu Seitún.

“Ahí están la pelota, la raqueta, la bici o la posibilidad de remontar un barrilete –dice–.  La decisión y la responsabilidad de que los chicos se queden en casa o puedan hacer otras actividades es nuestra, de los adultos. Si lo pensamos bien, lo más fácil es dejarlos eternizarse frente a la pantalla porque es lo que tienen más a mano. Todos tenemos la oportunidad de llevarlos a jugar a la pelota en la plaza, a pasear, a caminar, a jugar a la mancha, al indio, o tirarnos a compartir un juego de mesa o a leer un cuento en un lugar diferente del de todos los días. Lo importante es que las propuestas surjan de nosotros porque, a determinada edad, los chicos siempre van a elegir quedarse en casa calentitos jugando a la Play. Ellos tienen la capacidad de juego siempre despierta y vale la pena acercarse con alguna propuesta para ver cómo se entusiasman. Los chicos son una puerta abierta; lo que necesitan es que les dediquemos tiempo”.

Desde otro ángulo, Eva Rotenberg advierte que es tan importante acompañarlos y guiarlos como darles autonomía para no terminar atrapados en sus demandas y deseos. Hay que buscar la manera de que las vacaciones no se transformen en un sometimiento para los padres, que muchas veces terminan convirtiéndose en meros transportistas de los hijos.

La posibilidad de que estén con sus pares es muy beneficiosa para ellos. “Jugar entre amigos es muy positivo para los chicos porque genera sociabilización”, señala la especialista. Y tampoco hay que descartar las salidas y los programas en lugares de recreación. Lo importante es que les transmitamos seguridad y una mirada de apoyo,  aseguran los expertos.

Florencia Tepper, profesora de nivel inicial y coordinadora pedagógica del espacio de recreación Pequeña Sociedad, es mamá de dos niños y sintetiza su propuesta en pocas palabras. “La idea es que los chicos descansen divirtiéndose” –señala–. Ellos esperan mucho las vacaciones y es importante que puedan disfrutar de cada momento. Hay una gran cantidad de cosas que se pueden hacer. A los padres les pediría que no les llenen la agenda de actividades porque los chicos  también necesitan tener tiempo para estar en casa. Si hacen programas afuera, es clave que puedan seleccionarlos bien, que busquen opciones de calidad y que tengan en cuenta sus gustos e intereses”.

Para los chicos mayores de 12 años, el planteo es escucharlos un poco más, para ver qué esperan ellos de las vacaciones. “A esta edad, para ellos a veces no es tan importante qué hacer, sino con quiénes. Quizá se diviertan más en una casa entre amigos que con una súper propuesta de salida en la que, además, hay que gastar un montón de plata. Lo primordial para ellos es ver con quién se juntan y, a partir de ahí, se puede pensar en una actividad como ir a ver una película al cine, hacer una actividad al aire libre o jugar al bowling”, agrega.

Esteban Matiello propone tres preguntas –“qué hacer, cuándo ir y con quién ir”– e invita a los padres a responderlas con sus hijos para establecer un plan conjunto de recreación y descanso con el que todos estarán contentos. Ahora sí, felices vacaciones.

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