Sophia - Despliega el Alma

Salud

11 julio, 2019

En primera persona: «Nadando logré salvar mi vida»

Una lectora de Sophia quiso compartir su testimonio para inspirar a otros: luego de luchar durante años contra una enfermedad inmunológica, logró dejar atrás el sufrimiento para cumplir su sueño de nadar en aguas abiertas. Convencida de que siempre hay luz al final del camino, nos regala un relato conmovedor.


Soy Anila Rindlisbacher.

El Domingo 17 de marzo 2019 corrí una carrera de aguas abiertas de tres kilómetros en lagos del Rocío, Pilar. Lagos del Rocío es un lago con forma rectangular, colocan cuatro boyas, una en cada extremo y cada vuelta son 1000 metros. ¿Fácil o difícil? Depende de la óptica con que se mire. Para mí fue fácil.

Dos semanas antes había participado de otra carrera en el río Uruguay: Liebig San José, Entre Ríos. Me divertí mucho, hice amigos mientras nadaba, salí corriendo del agua para alcanzar la meta y que se desactive el chip de llegada, ¡cada segundo cuenta! Fue fácil.

El 25 de Noviembre del 2018 fue mi segunda carrera de aguas abiertas: atravesar el lago de Federación. Me acompañó Muriel, una joven guardavidas del club Palos Verdes de Rosario, donde yo vivía. La pasamos genial. Otra vez, fue fácil

Pero mi primer carrera, la hice en febrero 2017, con solo dos meses de entrenamiento. No estaba preparada y mi profe Leo no estaba de acuerdo con que la hiciera. Me anoté y la hice igual. Y fue fácil.

No soy superdotada, ni tocada por la barita, ni nada que se le parezca. Todo tiene su por qué.

Un poco de historia

Estudié marketing en Rosario, y creé mi empresa de marketing promocional: Alto Promociones. Fueron entre 13 y 14  años de trabajo. Realizábamos acciones para empresas nacionales y multinacionales. Y debo reconocer que me fue bastante bien, aunque estar al frente de una empresa siendo tan joven (tenía 23 años cuando empecé), me hizo cometer muchos errores. Aprendí, volví a empezar. Y eso también fue fácil.

Lo difícil para mí empezó después, cuando tenía 36 años.

Estaba en un buen momento, pero empecé a sentirme mal. Sufría de los bronquios y de la garganta. Comía pastillas de menta, me hacía baños de vapor antes de salir de casa para llegar bien a la oficina. Amaba mi trabajo, pero por entonces no veía la hora de regresar a casa.

Al mes ya no daba más y le dije a mi hermano, que trabajaba conmigo, que me iba tomar una semana para recuperarme. Esa semana se convirtió en un mes, y así pasó un año y ya no pude regresar nunca más. Finalmente tuve que dar de baja mi empresa, con todo lo que eso significa.

Anila Rindlisbacher luchó durante años contra una enfermedad y a fuerza de valentía y decisión se convirtió en nadadora de aguas abiertas. Podés sumarte a su cruzada por la vida a través de sus redes y correo de contacto:
Instagram: Anila Rindlisbacher
E-mail: anilarindlisbacher@gmail.com
Blog de cuentos: tengoaloquecontar.blogspot.com

Quedé en casa, en cama, sin nada. Esperando una mejoría que nunca llegaba. Fue difícil, muy difícil.

Se me formaban llagas y aftas en la garganta y me dolía al tragar; solo me alimentaba con comida licuada: leche, licuados de frutas, sopas. Tampoco podía hablar porque tenía toda la zona inflamada. Llegué a pesar 45 kilos. Durante ese período mi vida se paralizó.

No podía hacer nada. Vivía, literalmente, en una burbuja (que era mi casa, especialmente acondicionada). Hubo que sacar alfombras, almohadones, peluches, cortinas.

Pero podía leer y escribir y mi computadora pasó a ser mi gran aliada.

Me traían la revista Sophia y me la devoraba en una tarde. Me imaginaba sana, gloriosa como esas mujeres que entrevistaban en sus páginas; heroínas que habían superado alguna pérdida o una enfermedad. Yo quería ser una de ellas. Sophia publicaba mis cartas de lectoras y eso era un mimo para mí.

También creé un blog y me puse a escribir cuentos e historias. Tenía cientos de visitas y comentarios, y eso me entretenía. Leía cuanto libro llegaba a mis manos. Me anoté en un taller de lectura que se dictaba una vez por semana. Me llevaban, escuchaba el cuento, las opiniones de los demás y volvía a casa para meterme en la cama otra vez.

Así empecé a planificar un viaje a Europa. Armaba mentalmente los recorridos, veía películas donde mostraban las ciudades que yo quería visitar. Me deleité viendo Media Noche en París, A Roma con amor, Vicky Cristina Barcelona. Leí a Don Brown, Ángeles y Demonios, El código da Vinci, Inferno. Se me iba pasando la vida. Yo planificaba para no darme por vencida, aunque en ese momento era impensado viajar: ni podía salir de mi casa.

Pero yo creía en mí.

Pasaron seis años…

Y yo seguía casa, en cama, sin nada. Médicos, análisis, estudios (algunos muy invasivos)… Después de recorrer consultorios y de probar distintos tratamiento, di por fin con la doctora Liliana Bezrodnik, una científica que, con análisis específicos, pruebas y errores de tratamientos, supo sacarme adelante justo en el momento en que yo casi había dejado de creer.

«Me traían la revista Sophia y me la devoraba en una tarde. Me imaginaba sana, gloriosa como esas mujeres que entrevistaban entre sus páginas; heroínas que habían superado alguna pérdida o una enfermedad. Yo quería ser una de ellas. Sophia publicaba mis cartas de lectoras y eso era un mimo para mí».

El diagnóstico fue: «Hiper reactividad de la mucosa», una enfermedad inmunológica que genera una respuesta exagerada del organismo ante factores externos. Cualquier mínimo cambio me afectaba y mi organismo se exacerbaba defendiéndose, formando llagas, aftas, broncoespasmos y laringoespasmos. Todo me hacía mal: viento, calor, aire acondicionado, polvillo, polen, olores fuertes

Mientras tanto, Facebook se hacía popular y entonces empecé a ver la vida de los demás. Allá afuera, había otra vida. Una vida que yo no tenía.

Nadar contra la corriente

Llevó tiempo, pero después de meses de tratamiento, sin darme cuenta, empecé a mejorar. Primero se me fueron las llaguitas y pude empezar a alimentarme mejor. Al segundo año comencé a recuperar la voz. Y en un año más me sentía tan bien que finalmente pude concretar mi viaje a Europa.

Llegué a Barcelona y conocí las obras de Gaudí. Fui a Roma y me maravillé. Después, en Madrid, bailé en un tablao. Espero algún día poder seguir viajando: ¡me gustaría conocer París!

Hoy, por razones laborales de mi esposo, mi apoyo incondicional, vivo en Buenos Aires, en el barrio de Palermo. Me encanta esta ciudad, la abrazo cada día. Quiero volver a trabajar, pero aun tengo algunas limitaciones y no puedo tomar un compromiso laboral formal.

Mi sueño, por ahora, está en el agua: nadar mejoró mis síntomas y salvó mi vida.

Mi objetivo este año es realizar el circuito completo del Rio Uruguay: Lago de Federación; Liebig-San José; Salto-Concordia (uniendo Uruguay y Argentina); Concepción del Uruguay.

¿Por qué elijo nadar en el río Uruguay? Porque soy correntina, oriunda de Monte Caseros.

¿Por qué compartir estas líneas? Porque si mi historia puede inspirar y ayudar a una sola persona, me sentiré bien pagada. Por eso, quiero transmitir que es importante buscar la forma de salir adelante: siempre hay una luz al final del camino.

Años atrás no hubiera podido imaginar que hoy estaría nadando por la vida. Así que quiero invitar a todos los nadadores de Argentina, Uruguay y Brasil de la costa del río Uruguay, ¡para que todos los que quieran sumarse me acompañen en este desafío!

Más información: www.natacionriouruguay.com.ar

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