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23 abril, 2019

En busca de una vida más simple

¿Podrías vivir con menos cosas? ¿Te animarías a deshacerte del resto? Desde el movimiento de simplicidad voluntaria que nació en los años 50, hasta el fenómeno Marie Kondo, la filosofía de la sencillez nos enseña que para ser felices necesitamos muy poco. Te invitamos a descubrir algunas claves para aprender a soltar.




Dave Bruno, un padre de familia californiano lanzó un día un desafío a través de Internet: que cada uno hiciera la lista de los objetos personales indispensables en su vida y se planteara regalar o tirar el resto. La idea era seleccionar un número limitado de pertenencias personales y responder a la pregunta fundamental: ¿tengo todo lo necesario para ser feliz?

La propuesta fue tan popular que miles de americanos se sumaron a la iniciativa. Una más, de las miles de iniciativas que de un tiempo a estar parte recorren el mundo en busca de un estilo de vida más simple, austero, espiritual y amigable con el medioambiente.

Basta con ver el revuelo que armó el plan de Marie Kondo para ordenar la casa y, por qué no, la vida: autora del bestseller La magia del orden y protagonista de la serie de Netflix ¡A ordenar con Marie Kondo!, la consultora japonesa propone soltar aquello que ya no precisamos y optar por quedarnos solo con los objetos, las prendas y los libros que de verdad nos hagan felices y formen parte activamente del ejercicio pleno de nuestra cotidianidad.

«El progreso genuino hacia un mundo justo y sustentable requiere que aquellos que consumen demasiado se muevan hacia formas de vida mucho más «simples» y materialmente energéticas. Esto no significa privación o dificultad. Significa enfocarse en lo que es suficiente para vivir bien y crear nuevas culturas de consumo, nuevos sistemas de producción y nuevas estructuras de gobierno que promuevan una forma más simple de vida. Nuestras necesidades básicas se pueden satisfacer de manera altamente localizada y de bajo impacto, manteniendo una alta calidad de vida», señala el Simplicity Institute. Más info:simplicityinstitute.org

En tiempos de políticos rodeados por denuncias de corrupción, el expresidente uruguayo José «Pepe» Mujica se convirtió en un icono de la vida austera, de la mano de una forma de vida pública sin pretensiones ni lujos. «No soy pobre, soy sobrio, liviano de equipaje, vivir con lo justo para que las cosas no me roben la libertad«, dijo y la frase recorrió el mundo.

Pero la simplicidad en el vivir no es una idea nueva.

Por el contrario, tiene profundas raíces en la historia y encuentra su expresión en todas las tradiciones de la sabiduría ancestral. Puede ser que Jesús, Buda, Lao Tse, Sócrates, Pitágoras, Confucio, San Francisco de Asís y tanto otros maestros de la humanidad, no hayan coincidido en su visión sobre cual es la verdadera naturaleza del Universo, pero en cambio todos ellos coincidieron en la persecución de formas de vida más austeras que apunten a la búsqueda de la auto-realización espiritual.

Más allá de los profetas, en la década del 60, antes del auge de la sustentabilidad, el comercio justo y el slow food, tan populares en nuestros días, hubo ya algunos que abogaban por un mundo más sencillo. Lo que hoy nos parece casi obvio, hace 50 años no lo era tanto. En 1953, el filósofo social Richard Gregg acuñó el termino “simplicidad voluntaria” describiéndola como un modo de vida con un nuevo equilibrio entre el crecimiento interior y exterior del ser humano.

¿Qué es la simplicidad voluntaria?

En esencia, el downshifting (bajar unos escalones), como algunos lo llaman, significa vivir de un modo simple, pero más rico interiormente. A este pensamiento se le agregó el de Ernst Friedrich Fritz Schumacher, un intelectual y economista inglés que se puso en contra de una sociedad distorsionada por el culto al crecimiento económico. Lo pequeño es hermoso: (en inglés: “Small Is Beautiful”) se convirtió en uno de los libros más populares del siglo XX.

En un mundo en el que las ciudades son cada vez más caóticas, las crisis económicas más graves y los desastres naturales más frecuentes, las huellas de Schumacher y Gregg aparecen por todos lados. Simplicidad en el vivir, en el consumo, en nuestras relaciones, y en todas las esferas de la vida diaria: el movimiento de simplicidad voluntaria contrapone el actual imperativo de asimilar dinero y posesiones materiales con el objetivo de lograr una mejor calidad de vida.

Las personas que simpatizan con este movimiento se oponen al mandato de que hay que amasar tanta riqueza y prestigio como podamos, y en cambio apuesta a eliminar lo superfluo en nuestras vidas para liberar tiempo y recursos, de manera de poder llevar una vida más consciente, libre y plena. Volver a conectarnos con nuestras raíces, con nuestra historia, con lo pequeño.

La movida dio la vuelta al mundo y hoy es es más popular que nunca. Inglaterra, Alemania, Austria, Estados Unidos y más recientemente algunos países latinoamericanos se están plegando. Replantean la arquitectura, los materiales, las calles, la contaminación visual. En el trabajo, miles de personas buscan una forma de vida que no implique pasar doce horas en la oficina.

“La tarea de nuestra generación, no tengo ninguna duda, es la de una reconstrucción metafísica. No es nada parecido a tener que inventar algo nuevo ni tampoco consiste en acudir a las formulaciones de antaño. Nuestra tarea, es comprender el mundo presente, el mundo en el cual vivimos y tomamos nuestras decisiones”.

Ernst Friedrich Fritz Schumacher

En el ejercicio, el yoga y el tai chi suman cada vez más adeptos. También en la medicina se instalan los sistemas que abordan el organismo desde una perspectiva más integral, lejos de la idea particularizada del ejercicio médico de. En muchas ciudades se renueva el paisaje urbano para estimular a la gente para que conduzca menos y camine más.

El mundo, definitivamente, está cambiando. Sin líderes ni manifiestos, inspirado por individuos, organizaciones no gubernamentales y una filosofía que apunta a la vida plena, los derechos sociales y la defensa del medio ambiente. Como diría Shumacher: “La tarea de nuestra generación, no tengo ninguna duda, es la de una reconstrucción metafísica. No es nada parecido a tener que inventar algo nuevo ni tampoco consiste en acudir a las formulaciones de antaño. Nuestra tarea, es comprender el mundo presente, el mundo en el cual vivimos y tomamos nuestras decisiones”.

¿Te animarías a probar?



Pequeñas ideas para una vida más simple

La simplicidad supone desechar todo lo que está de más, vivir más ligeramente, dejando de lado todas aquellas distracciones que nos alejan de una verdadera calidad de vida. Se puede vivir simplemente en las ciudades, en los pueblos y en las áreas rurales.

Algunos de los valores que acompañan el movimiento de simplicidad voluntaria son los siguientes.

>Simplicidad por elección. Significa elegir nuestro camino a través de la vida en forma consciente, deliberada y con nuestro propio sentido de simplicidad. Organizar nuestra vida de manera de dar nuestros verdaderos dones al mundo, que es dar la esencia de nosotros mismos.

>Simplicidad compasiva. La simplicidad compasiva implica sentir una relación con la comunidad de la vida y transitar el camino de la reconciliación con otras especies y con las futuras generaciones, como por ejemplo, aquellas con grandes diferencias en bienes y oportunidades. La simplicidad compasiva es el camino de la cooperación, la colaboración, la responsabilidad y la justicia, que busca un futuro de desarrollo para todos, sin exclusiones. Se trata de no querer nada para sí que no sea para todos.

>Simplicidad ecológica. Elegir un tipo de vida que reduzca lo más posible nuestro impacto ecológico, o sea, que afecte lo menos posible al planeta. La simplicidad ecológica valora la interconexión profunda con toda la trama de la vida y se moviliza ante amenazas al bienestar global (el cambio climático, la reducción de la biodiversidad y el agotamiento de los recursos). Fomenta el “capitalismo natural”: la responsabilidad individual y social y las prácticas que valorizan los ecosistemas y la salud de las personas por sobre la economía meramente productiva.

>Simplicidad artística. La forma en que vivimos representa el trabajo de un artista en desarrollo. Como dijo Gandhi: “Mi vida es mi mensaje”. En este espíritu, la simplicidad es discreta, modesta y orgánicamente estética, contrastando con el exceso y la exuberancia del estilo de vida consumista.

>Simplicidad frugal. Cortar aquel gasto que realmente no sirva a nuestras vidas y practicar una administración hábil de nuestras finanzas para lograr la independencia financiera. La frugalidad y el manejo financiero personal cuidadoso aumentan la libertad económica y la oportunidad de elegir más conscientemente nuestro camino en la vida. Vivir con menos también reduce el impacto de nuestro consumo sobre la Tierra y libera recursos para otras personas.

>Simplicidad natural. Recordar nuestras raíces en el mundo natural; experimentar nuestra conexión con la ecología de la vida y, a la vez, equilibrar el tiempo que pasamos en un ambiente creado artificialmente por ratos vividos cerca de la naturaleza. También significa celebrar la experiencia de vivir a través de la toma de conciencia del milagro de la propia existencia.

>Simplicidad ordenada. Asumir que la vida es ocupada, estresada y fragmentada. Una simplicidad ordenada implica cortar con las distracciones triviales, tanto materiales como no materiales, y enfocarse en lo esencial.

Fuente: Andrés Schuschny en “Humanismo y conectividad”, Editorial Kier.

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