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Mitología

14 octubre, 2014

Ellas por la paz


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El primer boicot sexual de la historia aparece retratado en Lisístrata, la comedia del genial Aristófanes. Pero el ejemplo inspiró numerosas “huelgas de piernas cruzadas” en distintas  partes del mundo, con dispares resultados. Historia de un estilo diferente de resistencia pasiva.

Todas las mujeres toquen esta copa, y repitan después de mí: ‘No tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante. / Aunque venga a mí en condiciones lamentables. / Permaneceré intocable en mi casa. / Con mi más sutil seda azafranada. / Y haré que me desee. / No me entregaré’”.

Con este juramento, Lisístrata (“la que disuelve el ejército”) insta a las mujeres de Atenas a negarles sus cuerpos a sus parejas para obligarlos a poner fin a la Guerra del Peloponeso, que enfrentó a la Liga de Delos (dirigida por Atenas) con la Liga del Peloponeso (conducida por Esparta) durante casi treinta años, allá por el siglo V a. C. Tras resistencias y peripecias varias, los atenienses terminaron por claudicar ante la medida de fuerza e hicieron las paces con los espartanos… y con sus esposas.

Tal es el argumento del alegato antibélico que Aristófanes –dramaturgo y ferviente pacifista– plasmó en formato de comedia. La obra se representó por primera vez en Atenas en el año 411 a. C., y volvió a las tablas cientos de veces desde entonces. De hecho, el 3 de marzo de 2003, el así llamado “Proyecto Lisístrata” orquestó la representación de la pieza de forma simultánea en 42 países. Ese día hubo no menos de setecientas lecturas dramatizadas del texto, a beneficio de organizaciones que militan por la paz en todo el mundo.

Pero más allá del impacto de la obra en sí, la idea de la huelga sexual prendió en el imaginario femenino y, por alguna razón, cobró vida dos milenios más tarde, en iniciativas de mujeres contra conflictos e injusticias de índole diversa.

Veamos uno de los casos más resonantes. En 2003, la asociación Women of Liberia Mass Action for Peace, comandada por Leymah Gbowee, organizó una protesta no violenta que incluyó una huelga sexual. La protesta masiva ayudó a poner fin a la Segunda Guerra Civil liberiana, que en trece años se había cobrado 150.000 vidas, y a instalar en el gobierno a la primera mujer presidente de la historia de ese país, Ellen Johnson Sirleaf.

En su autobiografía, Gbowee pone en duda que la huelga sexual haya sido el factor decisivo, en contraste con otras formas de presión, como las sentadas y las marchas, pero sí concede que llamó la atención del mundo sobre el conflicto, y en ese sentido fue una acción eficaz. “Cada vez que alguien me pregunta por nuestra lucha, quieren saber sobre la huelga sexual”, dice hoy.

Ella recuerda que cuando les propuso por primera vez a sus compatriotas militantes la idea del boicot sexual se rieron. Pero dice haber pensado: “Como mujeres, tenemos el poder de negarles a los varones algo que ellos quieren, hasta que los otros hombres depongan su actitud”. Poco a poco, sus seguidoras se fueron convenciendo. En las zonas rurales y más pobres, muchas mujeres fueron golpeadas y maltratadas por rehusarse a sus maridos.

Lo cierto es que la lucha de las liberianas inspiró movimientos similares en Costa de Marfil y Nigeria, así como un documental llamado Pray the Devil Back to Hell (Reza para que el diablo vuelva al infierno), estrenado en el Festival de Cine de Tribeca en Nueva York, en 2008. En el film Gbowee advierte: “Hemos avanzado en nuestras metas, pero los liberianos saben que, si las cosas empeoran de nuevo, volveremos”.

Madre de seis hijos, Gbowee también ha dicho:  “Para que cualquier cambio se produzca en la sociedad, tienen que llevarlo a cabo las madres”. Y en una entrevista por el Día Internacional de la Mujer, declaró: “El movimiento de mujeres de paz de Liberia demostró al mundo que los movimientos de base son esenciales para el mantenimiento de la paz, y que las mujeres en posiciones de liderazgo son intermediarias eficaces para la paz”.

El 7 de octubre de 2011, Gbowee y Johnson Sirleaf fueron galardonadas con el Premio Nobel de la Paz por su campaña.

A lo largo de la década se produjeron también boicots sexuales en Kenia, Turquía, Bélgica, Togo, Filipinas y México, con resultados y apoyo dispares.

Muchos discuten la validez de esta medida. Cuestionan si es actual, si es legítimo el sacrificio de las mujeres en pos de una causa que afecta a todos, si no hay otros medios para promover el cambio. Los hay, y se emplean a diario. Pero a veces la acción más eficaz es la no acción, diría el querido Gandhi.

Lisístrata, no cabe duda, estaría de acuerdo.

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