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Vivir bien

29 mayo, 2019

El peligro del minimalismo

Es un gran error creer que despojando a nuestra casa de muebles y objetos lograremos una mejor manera de vivir. Por el contrario, muchas veces terminamos quitándole el alma a nuestros espacios. ¿Cómo vivir con menos sin perder la habitabilidad en el intento?


Por Mariana Etulain*

«Toda acción desencadena siempre una reacción igual y contraria”, postulaba la tercera Ley de Newton. Si bien en la ciencia no existen las certezas, podríamos decir que el padre de la Física no se equivocó. Si observamos la historia veremos que, en líneas generales, tanto en la pintura como en la arquitectura, las corrientes artísticas oscilan como un péndulo.

En los últimos años, la vorágine que trajo el consumo masivo indujo a la creación de corrientes depuradoras que rescatan los principios de vivir con menos. Desde el minimalismo hasta el método Kondo, cada vez son más los caminos que buscan llegar a la simpleza.

Sin embargo, conviene tener precaución a la hora de elegir qué vía tomar, ya que, sobre todo en la arquitectura, no hay que confundir lo simple con lo fácil, ni lo mínimo con lo esencial.

Minimalismo recargado

El término minimalismo fue utilizado por primera vez en 1965 por Richard Wollheim para referirse al arte, precisamente la obra del pintor Ad Reinhardt. Complejos cuadros monocromáticos, que reagrupaban elementos industriales. Hoy en día, el término es utilizado muchas veces a la ligera para encasillar elementos bajo una estética determinada. Hecho que el propio Wollheim confesó no comprender.

Muchas veces se utilizan estas estéticas «minimalistas» de una manera fría, simplificada, vacía y tan intocable que parecieran carecer de sentido. Aparecen así casas que no invitan a la habitabilidad ni al uso cotidiano. En la búsqueda de una aparente simpleza, se empiezan a eliminar elementos por el mero hecho de eliminar, dando lugar a una arquitectura insípida, carente de personalidad y sin vida.

Entonces, ¿se puede vivir con menos sin resignar la calidez de un hogar?

Poder vivir con menos no sólo es deseable, sino también necesario. Pero la arquitectura debería ser cómoda y hacer feliz a quien la habita y no, por el contrario, crear mausoleos vacíos que parecieran existir solamente para ser fotografiados.

“Menos es más”, advierte la icónica frase que marcó la arquitectura. Pero ¿cómo lograrlo?

«La arquitectura debería ser cómoda y hacer feliz a quien la habita y no, por el contrario, crear mausoleos vacíos que parecieran existir solamente para ser fotografiados».

El reconocido arquitecto español, Alberto Campo Baeza, halló la respuesta en la «esencialidad».

Para él, la clave está en buscar la suficiencia, la optimización. Enriquecer los hogares, haciendo más con menos recursos. Mediante la precisión de materiales y elementos, creando espacios nobles capaces de elevar el espíritu y que, fundamentalmente, resulten habitables.

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La esencialidad no busca la perfección ni la frialdad. Sino la calidez, la luz, la comodidad. Ambientes que aspiren a ser habitados, utilizados, ordenados, desordenados, vividos. Hogares que reconozcan la libertad que requiere el habitar y la garanticen.

Una arquitectura simple y natural que se ponga a nuestra disposición con la menor cantidad de recursos posibles, pero ajena al minimalismo purista e inmaculado.

Con principios similares a los de Baeza se encuentra la cultura japonesa. Durante milenios los hijos del sol naciente fueron en búsqueda de la eliminación del exceso, la utilidad, la simpleza y el vacío. A diferencia del minimalismo, aquí el vacío no representa la carencia ni el ambiente sin objetos. El vacío es, en la cultura japonesa, lo que el cero es en la matemática.

No es la nada, sino que es la base de todo el sistema. Es la piedra angular que define el espacio: lo enriquece, lo amplifica y lo expande.

Los antiguos japoneses no concebían el ambiente como el área encerrada entre cuatro paredes: el espacio trascendía los metros, ya que dependía de la proyección de la mente humana.

Por ejemplo: si  un ambiente tiene una ventana que se orienta frente a un gran parque, entonces el límite del espacio ya no se define por sus muros, sino que se extiende hasta ese parque. El exterior ingresa en el interior y se extiende. Se rompen los límites físicos.

Esta concepción relativa de espacio y tiempo se conoce como Ma (間). El ideograma representa dos puertas entreabiertas por donde se filtra la luz. La traducción literal es: «entre». El espacio que existe entre cosas, el vacío entre llenos, el silencio entre sonidos.

En otras palabras, debe existir entre los objetos un vacío que los rodea (Ma). Este espacio es relativo y depende nuestro entorno y subjetividad. En palabras de Saikonian:

“…para quien posee un corazón abierto, una habitación pequeña podrá ser tan amplia como el espacio que yace entre el cielo y la tierra».

Asimismo, la existencia del vacío es fundamental, porque si el lugar está saturado y colapsado de objetos no hay lugar para lo nuevo. El sistema está cerrado, estático. No puede haber movimiento, dinamismo, progreso. Por lo tanto es importante sustraer aquellos elementos que no son necesarios y hacer una selección consciente de los que sí lo son. Conservar lo elemental.

Hasta el gran Luis Barragán, cuya obra se caracteriza por la austeridad y simpleza, se oponía rotundamente a la frialdad inmaculada. Como bien decía el maestro:

“Mi casa es mi refugio, una pieza emocional de arquitectura, no una pieza fría de conveniencia. Creo en la arquitectura emocional, es muy importante para los seres humanos que la arquitectura se mueva por su belleza, sé que hay muchas soluciones técnicas para un problema, pero la más válida de ellas es la que ofrece al usuario un mensaje de belleza y emoción. Esto es la arquitectura».

No existe nada en la naturaleza que esté sobredimensionado. Cada elemento tiene una razón de ser, no existe nada superfluo ni sobrante. Nuestras casas tampoco deberían tenerlo.

Los caminos en búsqueda de lo esencial son múltiples. Habrá que elegir cuál es el apropiado para cada uno de nosotros, y sobre todo, cuál nos hace más felices.

*Arquitecta graduada en la Universidad de Buenos Aires.

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