Sophia - Despliega el Alma

Inspiración

18 septiembre, 2017

El día en que El viaje de la heroína se convirtió en taller

Más de 50 mujeres, muchas de ellas antiguas seguidoras de Sophia, asistieron al taller organizado por la revista y la Fundación Columbia. Con la guía de Fabiana Fondevila y Luna Rivas, se trató de un encuentro profundo con el alma y nuestro ser femenino.


En nuestra edición de otoño de 2016, el tema principal de la revista fue El viaje del héroe. Hace más de un año, le dedicábamos nuestra tapa y nuestro dossier (el corazón del número), a ese relato mítico que representa el recorrido existencial de todo ser humano y que tan bien describió el mitólogo Joseph Campbell. Y si bien en la portada titulamos “El viaje del héroe”, al llegar a la nota nos deteníamos especialmente en el viaje de la heroína, el lado B, la contra cara o el lado femenino de esa historia que, si la tuviéramos que resumir muy brevemente, podríamos decir que relata el camino de obstáculos y desafíos a través de los cuales las personas crecemos y nos volvemos conscientes. Ese devenir vital, si bien es universal y común a varones y mujeres, tiene matices y se presenta en unos y otros con singularidades. En cualquier caso, consiste en una aventura poblada de desafíos, obstáculos y autoconocimiento, crecimiento interior y cambio. Un viaje profundo al alma que ocurre en determinado momento de nuestras vidas y del cual volvemos transformados. El viernes, aquello que compartimos en esas páginas y que tan amorosamente celebraron nuestras lectoras, lo transmutamos y lo hicimos vivencia: junto a la Fundación Columbia de Conciencia y Energía y la guía de la periodista, colaboradora de Sophia e investigadora de tradiciones sagradas Fabiana Fondevila, y de la artista plástica y terapeuta corporal Luna Rivas, lo convertimos en el taller teórico vivencial El Viaje de la Heroína, del que participaron más de 50 mujeres. La convocatoria no fue solo a nuestras lectoras, sino a un público general, aunque entre las presentes hubo muchas antiguas seguidoras de Sophia.

La invitación fue a sentarse en el suelo, en un gran salón, con los pies descalzos y en ronda. Fue también a vivir un encuentro íntimo, calmo, profundo, entre todas las presentes, pero también de cada una consigo misma. Y así, sin zapatos, con los teléfonos en silencio, cuando ya había caído la tarde y las obligaciones de la semana habían quedado atrás, las asistentes se dispusieron, muchas con sus cuadernos de apuntes, a escuchar a la periodista Fabiana Fondevila. Con la solidez, la simpleza y la calidez de siempre (lo sabemos bien quienes trabajamos cerca suyo), Fabiana desarrolló lo que la analista junguiana Maureen Murdock llamó El viaje de la heroína.

Fabiana explicó, como también lo había hecho en aquella nota de otoño de 2016, que el viaje del héroe y la heroína son iguales en su estructura elemental, pero que mientras que el viaje del héroe se focaliza en la aventura (matar al dragón, hallar un tesoro, ir al encuentro de una diosa), en la heroína, la primera parte de su viaje consiste en la separación de lo femenino, por el hincapié que hace nuestra cultura en la idealización de lo masculino. Y así siguió describiendo los avatares por los que atraviesa el personaje de esta narrativa mítica, que tiene su versión real en cada mujer, hasta contarnos que, mientras que el varón experimenta un viaje hacia arriba y hacia afuera, las mujeres lo hacemos hacia adentro y hacia abajo, para reencontrarnos con nuestras partes más creativas, lúdicas y más auténticas.

La segunda parte del taller, la parte “vivencial”, estuvo a cargo de Luna Rivas. Y entonces fue el momento de integrar el cuerpo. De comenzar a moverlo dentro de ese gran círculo que había quedado formado desde el comienzo. Porque si algo ocurrió el viernes, fue que se creó un bello círculo, literal y espiritualmente hablando, entre las asistentes. Con la guía de Luna y una banda de sonido de voces femeninas,  las distintas actividades propuestas culminaron por convertimos en 50 mujeres, la mayoría desconocidas entre sí, que nos encontramos unidas en dolores y alegrías, recordando (porque en el fondo siempre lo supimos) que a todas nos pasan cosas parecidas, sino las mismas, y que no estamos solas en este camino. Que dentro nuestro llevamos una profunda y genuina humanidad, y que eso nos hermana. La jornada terminó con una ronda, y mientras sonaba una bellísima canción, pudimos sentir bien vivo lo sagrado que hay en nosotras.

¡Gracias a todas las que participaron! Las esperamos en los próximos encuentros.

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