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2 junio, 2017 | Por

Aprender a andar el camino de la infertilidad

Junio es el Mes Mundial de la Fertilidad. Una etapa para recordar que, aunque la concepción a veces es un proceso arduo, vale la pena recorrerlo de a dos y pedir ayudar cuando el trayecto se haga cuesta arriba. Para quienes dieron ya el primer paso, una guía de reflexión sobre todos los sentimientos que pueden aflorar durante el tratamiento.


“¿Y si supieran que su vientre, tengan o no tengan hijos, es el centro de creatividad de su cuerpo, y que el útero tiene su propio significado y su propio valor, aparte de ser un posible portador de hijos?”.

Christiane Northrup, ginecóloga estadounidense, autora de “Cuerpo de Mujer, Sabiduría de Mujer”. 

Quienes no hayan vivido en carne propia la experiencia de buscar un embarazo sin poder lograrlo, tal vez no imaginen siquiera el enorme abanico de emociones y sensaciones por las que debe atravesar una pareja a la hora de elaborar que el proceso de búsqueda no será para ella tan “sencillo” ni tan “natural” como para otras parejas. De hecho, frente a la certeza de que el bebé no llegará probablemente sin ayuda médica, pareciera como si de pronto el mundo se hubiera llenado de panzas y embarazadas que, airosas, refieren haberlo logrado “al primer intento”. Mientras tanto, las publicidades de bebés invaden la televisión y las revistas, con esa promesa de felicidad que nunca llega. Es que, de pronto, para quienes no consiguen el ansiado embarazo aunque los meses pasan, todo parece desmoronarse frente a un diagnóstico que asusta y cala muy hondo: la infertilidad.

Una realidad de estos tiempos, por cierto: se estima que su incidencia va en aumento con cifras que varían entre el 15% y el 20%. Por eso, la Asociación Americana de Fertilidad celebra cada año durante el mes de junio el Mes de la Fertilidad, una iniciativa desafiante para la vida actual: crear conciencia acerca de las cuestiones que afectan nuestra capacidad reproductiva y, fundamentalmente, facilitar herramientas para aprender a cuidar de ella, con la misión de darle visibilidad al enorme significado que tiene la capacidad humana de procrear.

En ese marco, una de las cuestiones primordiales es alentar a las mujeres a tomar decisiones vinculadas a su vida reproductiva, a través de informaciones claras y precisas donde se contemple tanto los aspectos físicos (es un hecho que cada vez se posterga más la maternidad y eso conlleva a escenarios más complejos), como también mentales, emocionales y sociales.

El 4 de junio se celebra en todo el mundo el Día Mundial de la Fertilidad.

Si bien son diferentes las cuestiones que afectan a quienes atraviesan el largo camino de buscar un embarazo sin éxito, en algún punto, los miedos y las angustias son parecidas. La licenciada María Villamil, psicóloga de IVI Buenos Aires sabe bien de qué se trata: a diario recibe numerosas consultas al respecto, vinculadas a la imposibilidad de concebir y a la crisis que eso genera. “Es recomendable que ante la infertilidad, la pareja cuente con un apoyo emocional adecuado que los acompañe durante todo el proceso”, dice Villamil y explica que “todos los pensamientos y emociones deben trabajarse en profundidad, ya que los duelos no resueltos pueden afectar varios aspectos de la vida: físicos, emocionales, relacionales y espirituales”.

La infertilidad es la incapacidad de una pareja para lograr una concepción después de al menos un año de relaciones sexuales sin protección anticonceptiva. Su incidencia va en aumento con cifras que varían entre el 15% y el 20% y los datos muestran que la distribución de las causas son 30% origen masculino, 30% femenino: 30%, 30% de ambos miembros de la pareja y un 10% de causa no aparente. Estos datos alertan sobre el aumento de la infertilidad en los últimos años, como resultado de múltiples factores, como por ejemplo la postergación de la maternidad, los mayores índices de infertilidad masculina, y el aumento de las enfermedades de transmisión sexual que pueden ocasionar la esterilidad. la buena noticia es que la medicina avanzó notablemente en estos años y la reproducción humana hoy cuenta con numerosas alternativas.

–¿Cuáles son los temores más comunes que aparecen vinculados a la fertilidad? 

–El mayor miedo que aparece en los pacientes que desean tener un hijo y no pueden, es el de pensar que jamás lo van a lograr, que no van a llegar nunca a concretar su deseo. Es el temor a no lograr la maternidad/paternidad. A nivel pareja, aparece además el miedo a perder al otro: “Que mi pareja se busque a otra/o que le pueda dar un hijo.” Y también a la pérdida en general, a seguir perdiendo, ya que frente a un diagnóstico de infertilidad se pierde la ilusión de tener un hijo de manera natural. Otro miedo común es a no recuperar el control sobre el propio cuerpo: los pacientes sienten que la situación se les va completamente de las manos y no pueden hacer nada para lograr el resultado esperado. Además, en algunos casos aparece la creencia de “Si no me embarazo, es porque no debo ser madre”, “Si no llega naturalmente, es porque esto no es para mi”, ideas que hay que trabajar, porque de fondo hay un gran temor a no ser buenos padres.

–¿Por qué es importante hablar del tema y compartir experiencias?

–Siempre es bueno expresar. En el caso particular de la infertilidad, buscamos que los pacientes rompan con el tabú que tiene la temática. Les explicamos que no están solos, que hay muchas otras personas atravesando la difícil situación que los involucra y es muy importante, a nivel pareja, acompañarse y comprenderse en ese camino. Y que la infertilidad afecta a todas las áreas de la persona: la social, la emocional, la física. Por eso, destacamos la importancia de dialogar acerca de lo que le pasa a cada uno en particular y en lo posible, de compartirlo con las personas más cercanas. Pero focalizamos en la idea de buscar ayuda psicológica, ya que la infertilidad produce un gran dolor, comprometiendo el psiquismo de los pacientes y el vínculo de la pareja.

–¿De qué manera resulta positivo el apoyo psicológico a la hora de comenzar un tratamiento de fertilidad?

–Es muy importante cuando una pareja comienza un tratamiento de fertilidad, porque que estamos frente a una problemática que presenta un alto impacto a nivel emocional. Frente al diagnóstico, los pacientes entran en un estado de shock donde se produce un desequilibrio que implica una crisis. Esta crisis trae aparejada una gran cantidad de emociones y sentimientos: el temor, la culpa, la vergüenza, el enojo, la rabia, la incertidumbre, la soledad, entre otros.

–Es un camino arduo, sin duda. Como profesional, ¿de que manera se sostiene ese largo caminar?

–En un principio, la pareja se apoya mucho en la figura del médico quien termina siendo depositario de angustias y expectativas. Pero luego, una vez que avanza el proceso y el tratamiento, la pareja se encuentra ante la necesidad de preguntarse sobre cuestiones que no son abordables en la consulta médica. Los aspectos emocionales pertenecen a otro campo del saber y para su atención necesitan de una escucha diferente. Es decir, los pacientes necesitan de un espacio de contención para lo psicológico, ya que la consulta médica no es suficiente para sostener la problemática que los aqueja. Desde este espacio donde trabajo, el objetivo es que los pacientes mejoren su calidad de vida y puedan mejorar estrategias de afrontamiento frente a la problemática.

–¿Qué se busca en la terapia puntual frente a la infertilidad?

–Buscamos crear un espacio emotivo donde romper el silencio y depositar deseos, decepciones, miedos y esperanzas. Proporcionar información, escucha y apoyo, valorando y profundizando el nivel de comprensión del diagnóstico. A su vez, explorar las motivaciones que subyacen a la búsqueda de un hijo, la capacidad de tolerancia ante un posible fracaso, la solidez individual y de pareja. Detectar la presencia de problemas afectivos o de aspectos psicopatológicos, por ejemplo. También trabajar en la recuperación de la espontaneidad necesaria para la construcción, en caso de gestación, de una capacidad de ser padres “suficientemente buena”. Si la pareja puede contar con una red de apoyo profesionalmente preparada, la infertilidad puede representar incluso una oportunidad de crecimiento personal y relacional.

-¿Cuáles son las herramientas necesarias para que, quienes se enfrentan con este diagnóstico, comiencen a andar el camino con menos dudas y miedos?

–Es importante que tengan una buena relación con el equipo de profesionales que está trabajando en su caso. La relación medico paciente es fundamental. Estar bien informados es clave para poder afrontar la situación con menos dudas. Desde ya, que realizar terapia enfocada al apoyo psicológico facilitará al paciente sobrellevar los miedos y emociones que trae aparejado el diagnóstico. Poner en palabras, hablar con personas de confianza de lo que les están pasando para canalizar esta energía y evitar mayores trastornos. Reconocer las emociones y sentimientos que genera el no poder lograr el embarazo. A su vez, es importante no desatender otros proyectos para que la problemática de la infertilidad no tome sus vidas por completo. Y realizar prácticas de relajación y ejercicios de meditación para llevar un mayor control de la ansiedad.

–En lo personal, ¿qué te ha enseñado el hecho de trabajar con pacientes que desean tener un hijo y no pueden?

–A valorar muchísimo todo lo que tengo, especialmente la posibilidad de haber sido madre. Aprendí que poder ser madre es un regalo inmenso y que hay muchas formas de serlo. Me enseñó a valorar a mis seres queridos, a alegrarme enormemente cuando escucho que alguien se embaraza (¡¡¡Y ni te digo cuando tengo resultados de betas positivas de mis pacientes!!!). Me ha enseñado que en la vida hay veces que, por más que deseemos mucho algo, eso igual no llega. Que tenemos que aprender a convivir con el sufrimiento y a trabajar en ello. Que las emociones tienen un papel importantísimo en cómo afrontamos la vida. Que no podemos controlar lo que nos pasa, pero sí aprender a lidiar con ello.

La infertilidad y sus etapas

(Por la Licenciada María Villamil).

La infertilidad es una experiencia que implica múltiples pérdidas para cada uno de los miembros de la pareja. Lamentablemente, este proceso pasa inadvertido por la mayoría de las personas que rodean a los pacientes. Para la mujer, el cuerpo es un recordatorio constante de que aún no ha logrado lo que estaba buscando y cada mes con el inicio del ciclo emerge ese sentimiento de pérdida o hasta de incapacidad. Para poder resolver esas pérdidas de una manera sana, la pareja debe vivir un duelo, aunque no es una pérdida material: se pierde algo que, por lo general, nunca se tuvo. Así, las etapas del duelo que puede vivir una pareja son:

SHOCK

Nunca imaginaron que esto les podría suceder a ellos, y como no lo toleran, se presenta una fase de negación. Es común buscar una forma de esquivar el problema pensando que lo que necesitan son vacaciones y descansar. Lo importante es saber que este sentimiento es temporal y seguramente se resolverá en un tiempo.

ENOJO

La infertilidad es injusta y muchas veces se sienten humillados por los interminables estudios, tratamientos y un gran estrés emocional. Tarde o temprano el enojo aparece como una respuesta a todas las circunstancias desagradables. Hay que identificar el enojo y la frustración, aceptarlos como algo normal en su situación y canalizarlos de forma que sean menos dañinos para la persona y la pareja.

DESESPERANZA

Uno comienza a sentirse abandonado, desesperado y desolado. Se piensa que no existen opciones positivas al problema. Es en este momento en que también aparece el sentimiento de culpa o incluso de acusación dirigida a la pareja o hasta al doctor. Es importante trabajar en estas emociones y entender que, muchas veces, los tratamientos de fertilidad pueden ser carreras de fondo en que hay que saber administrar las fuerzas y saber tomarse un momento para descansar y ver las cosas desde otra perspectiva.

ACEPTACIÓN

Cuando se comienza a aceptar la situación que se está viviendo, ya ha habido momentos de enojo y han corrido muchas lágrimas. Incluso, seguramente, se han atravesado momentos límites con la pareja. Pero todo eso queda atrás, como un proceso de aprendizaje que ayuda a reorganizar y a resolver. El camino hacia la aceptación varía de una pareja a otra y es diferente entre varones y mujeres. Por eso no hay que angustiarse si uno de los dos llega antes que el otro: cada uno tiene un proceso distinto. Lo importante es llegar.

Claro que la aceptación no significa que el problema desaparezca, sino que se puede manejar de una manera saludable, tanto en lo individual como en la vida de dos. Y es el momento de tomar una decisión respecto a qué camino seguir.

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