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Artes

16 octubre, 2018

Día de la Madre: entre sabores y palabras

Una cocina siempre en marcha, recetas que llegan de ancestros japoneses, la comida casera como sinónimo de encuentros afectuosos y una madre creativa y libre, son el alimento afectivo con el que la periodista y escritora Agustina Rabaini alimentó su último libro, Del bosque florido.


Los sabores de la infancia y la juventud, una madre con muchas vidas dentro de una vida, recuerdos en el campo y recuerdos en la ciudad, el lazo imborrable de los ancestros y el calor de una cocina siempre en movimiento. Todo ese universo afectivo nutre al flamante y más reciente libro de la periodista y escritora argentina Agustina Rabaini, Del bosque florido, una composición en la que la calidez y la sensibilidad de la memoria se traducen en relatos cortos, acompañados por las recetas de su madre, Silvia Morizono, pionera en el mundo de la gastronomía japonesa en la Buenos Aires de los años 80 y 90.

De oriente, con amor

Del bosque florido fue editado por Periplo ediciones, la editorial de Eloise Alemany que lleva años uniendo la cocina, el diseño y el arte en libros-objeto. Más tarde se sumó al proyecto la ilustradora, Flor Kaneshiro, nieta de okinawenses que supo componer trazos delicados en un proyecto atravesado por lo oriental. A los relatos de Agustina Rabaini los acompaña un recetario con el paso a paso de clásicos de la cocina japonesa, como oyako donburi, sukiyaki, ramen o gyoza; sabores tai y vietnamitas, y platos de familia tomados de otras cocinas del mundo: una moussaka, un chutney de mango y manzanas, una bondiola braseada y hasta un simple pan casero.

Así como Silvia Morizono plasmó todo el bagaje culinario que recibió de su padre, un japonés que llegó a la Argentina en 1925, en los platos que sirvió en los restaurantes que supo tener, su hija Agustina hizo lo propio en el libro que acaba de ser editado por Periplo. Del bosque florido es, en todo su recorrido, una obra que resalta el amor por la creación, la libertad y el sentido estético que marcaron los pasos de Silvia Morizono, tanto en sus restaurantes como en la vida. Hablamos con la autora, quien nos llevó de la mano por el proceso de cocción de su  libro.

−¿Cómo nació en vos el deseo de escribir un libro con tus memorias?

−En realidad, las ganas de escribir el libro nacieron de un deseo de homenajear a mi madre, Silvia Morizono, de rescatar sus recetas y un recorrido de vida intenso de varias vidas adentro de una sola, como ella suele decir. En medio de ese viaje vital, mi hermana gemela Luciana y yo, fuimos testigos y partícipes. Así, un día, mientras le preguntaba qué iba a cocinar para el almuerzo familiar del día siguiente y mi propia hija Anita le pedía un plato japonés para su cumpleaños, simplemente me puse a escribir. Primero un relato, después otro y así hasta reunir quince textos donde hoy aparecen los recuerdos asociados a lugares donde vivimos o trabajamos, y a las recetas que mamá preparaba en esos tiempos.

−¿Por qué decidiste incluir a tu mamá?

−Creo que haberme convertido yo también en madre de dos niños, me hizo volver de una manera nueva y necesaria a mi propia madre un par de años atrás. Creo que necesitaba atravesar esto desde lo que más me gusta hacer: conversar, entrevistar, escribir y rescatar algo de belleza o sabiduría para compartir. En esa búsqueda y curiosidad por conocer otras vidas y entender mejor mi propia historia, un día me encontré conversando con mamá para poder rescatar los recuerdos y sabores que hoy aparecen en el libro.

−¿Qué dijo tu mamá cuando la invitaste a participar con sus recetas?

−Primero se sorprendió y no entendía muy bien en qué iba a terminar la aventura en la que nos estábamos embarcando. Luego le pedí que me contara cuáles eran las recetas de su vida, las más queridas o favoritas, y después me pregunté cuáles eran mis platos preferidos de mamá –sofisticados o simples- o los que más habían estado en nuestra casa y en las reuniones, restaurantes y fiestas familiares.

−¿Cómo es la foto de tu memoria que describe mejor la relación con tu madre?

−Mi madre ha sido una mujer emprendedora y creativa que nos animó, a mi hermana y a mí, a tener una vida propia e ir en busca de lo que nos hiciera felices, más allá del éxito profesional o económico que pudiéramos alcanzar. Crecí en una casa donde el disfrute era central y donde todo podía cambiar, por golpes de timón laborales y por la inestabilidad propia de la economía de este país. En ese contexto, las aventuras con mis padres fueron múltiples e intensas. Hoy con mamá seguimos compartiendo algo que las dos consideramos central y valioso en nuestras vidas cotidianas: el encuentro con nuestros seres queridos, y el cariño expresado a través de la comida casera que, en nuestras casas, rescata también sabores y recuerdos de los que vinieron antes: nuestros  abuelos  y bisabuelos japoneses e italianos.

−¿Por qué el nombre, Del bosque florido?

−Cuando mi abuelo japonés entró junto a su familia en barco a la Argentina por primera vez, en 1925, adoptó el nombre de José. Pero su nombre japonés era Toshiyuki Morizono, que significa “hombre feliz del bosque florido”. Tanto el libro como los emprendimientos culinarios de mi madre y mi padre, Luis, han buscado recuperar algo de la belleza y la tradición oriental que él nos legó. Para acercarlo a los argentinos, y para que la nostalgia y los saberes ancestrales puedan conservarse pero también reinventarse y aggiornarse, cobrar formas nuevas y contemporáneas, seguir estando vivos.

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