Sophia - Despliega el Alma

Psicología

3 junio, 2019

¿Cómo reconocer a un psicópata?

Lobos disfrazados de corderos, manipuladores, faltos de empatía. Los especialistas explican por qué es importante identificar a las personalidades de este tipo y no dejarse seducir por sus encantos. Claves para comprender un desorden del que todos hablan.


Por María Eugenia Sidoti

Para la RAE se trata de una “persona que padece una anomalía psíquica”. Para los profesionales de la salud, de un patrón biológico sumado a rasgos determinados de personalidad. Para el mundo de ficción es, sin duda, un objetivo altamente seductor: construir personajes malvados con rasgos psicopáticos ha sido, desde siempre, la tentación de todo guionista.

Para la mayoría de los mortales, un psicópata es un signo de pregunta o, más bien, un signo de exclamación. Un cartel de color rojo con la palabra “peligro” escrita en él.          

Pero, ¿qué es realmente una persona psicópata?

Se suele pensar que los psicópatas son personas visiblemente alteradas, con ademanes violentos y miradas maléficas. ¿Existe de verdad una manera de identificar a alguien así? “El psicópata es una persona que se caracteriza por no tener empatía, carecer de culpa y arrepentimiento y cosificar a las personas con las que se vincula para su propio beneficio”, explica la doctora Mónica Andrea Pucheu, médica especialista en Psiquiatría, secretaria de Fundación para la Asistencia de Personas Adictas a Personas (FUNDAPAP) y asegura que, si bien este desorden figura en las clasificaciones de la psiquiatría, “no podemos decir que sea exactamente una enfermedad, ya que hay psicópatas denominados ‘adaptados’ que son muy inteligentes y hacen un muy buen uso de la manipulación del otro. Los hay profesionales, políticos, etcétera”.

“El psicópata es una persona que se caracteriza por no tener empatía, carecer de culpa y arrepentimiento y cosificar a las personas con las que se vincula para su propio beneficio”, dice la doctora Mónica Pucheu.

¿Si son manipuladores? La respuesta es sí.Suelen atribuirse virtudes que los posicionan arriba del resto y controlar sus emociones seduciendo a los demás, quienes no esperan ser sus víctimas. Estas personas, que llamamos narcisistas, consideran que sus deseos y necesidades están por encima de los otros y entonces no dudan en manipularlos para satisfacer sus propios deseos. Es común además que crean que todos siempre les deben algo”, describe la doctora Gabriela Nielsen, psiquiatra, integrante del Programa de Reactivación Funcional en Salud Mental de INECO.

Según dice, estas características singulares probablemente ayudaron a muchos autores a poder inspirarse en historias donde el “cordero” pasa a ser un “lobo” sin que los demás puedan siquiera preverlo. Victimarios que encuentran en sus víctimas el escenario fértil para algún tipo de relación abusiva.

Ahora bien: ¿cómo logran sus objetivos los psicópatas?

Lobos disfrazados de corderos, suelen ser personas socialmente agradables.

Los rasgos sobresalientes y que ejercen sobre otros son la seducción, la fascinación y la coerción; estos son los rasgos iniciales de la relación. Es por eso que consideramos, siguiendo al doctor Hugo Marietan, que no hay víctimas en la relación psicopática, sino complementarios, donde también existe una personalidad que queda fascinada por la seducción y se ve enredada por las mentiras”, comparte la doctora Pucheu.

Pero no es lo mismo un psicópata que un loco o un asesino

“Suelen atribuirse virtudes que los posicionan arriba del resto y controlar sus emociones seduciendo a los demás, quienes no esperan ser sus víctimas», señala Gabriela Nielsen .

Con frecuencia, aunque no siempre, las personas que comenten actos de violencia tienen rasgos psicopáticos de la personalidad. Sin embargo, es importante tener en consideración que los motivos que llevan a una persona a cometer un acto de violencia son complejos y no pueden atribuirse siempre a una persona con características psicopáticas”, considera la doctora Nielsen.

De hecho, muchas personalidades de este tipo brillan en su entorno y alcanzan metas altísimas, porque están dotados de una gran inteligencia y pueden ser sumamente amables y seductoras.

Los especialistas aconsejan no dejarse encantar por sus gestos seductores.

Es una forma de estar en el mundo que no sigue las leyes o las acomoda a su beneficio. En ella también entran los antisociales que son los que vemos todos los días en el diario, los que matan, abusan, roban, torturan y son capaces de las mayores aberraciones”, destaca la doctora Pucheu.

Muchas veces, las mujeres víctimas de violencia de género denuncian a sus agresores y los describen como psicópatas. ¿Regla o excepción? Dice Pucheu: “El hombre violento no tiene que ser necesariamente un psicópata, podemos encontrarnos con una enfermedad mental, como los trastornos de personalidad, el perverso narcisista que no tolera el no, el trastorno límite que no soporta el abandono; también con personas que han sido criadas en hogares muy violentos y solo conocen el golpe como forma de expresión y deben aprender a manejar su ira”.  

¿Nacen o se hacen?

Según los expertos, se trata de un desorden más frecuente en los varones que en las mujeres, por ser nosotras menos proclives a la competencia y a tener conductas de agresión directa, como ellos.

Al parecer, la biología es la base de todo. “El psicópata tiene un cerebro anómalo. El área prefrontal es menos voluminosa y se activan menos zonas cerebrales relacionadas con el procesamiento de las emociones”, sintetiza una investigación de la Universidad de Pennsylvannia, donde consta que también existe otra variable: los niveles de testosterona (la hormona sexual masculina) también están elevados en el psicópata, lo que lo lleva a tener con frecuencia comportamientos agresivos.

Sin embargo, el ambiente es decisivo a la hora de que se activen (o no) estos parámetros: al parecer es menos frecuente que la psicopatía se desarrolle en aquellas personas que son criadas en ámbitos amorosos, contenedores y empáticos. Además, según los expertos, se trata de un desorden más frecuente en los varones que en las mujeres, por ser menos proclives a la competencia y a tener conductas de agresión directa, como ellos.

Psicópata y científico

Mientras estudiaba tomografías de asesinos, James Fallon, profesor de neurología de la Universidad de California Irving, encontró algo inquietante (¡cualquier perecido con la trama de una serie de Netflix es pura coincidencia!). Al cotejarlas con las de su entorno vio un escáner realmente patológico, con imágenes similares a las de los peores casos que había atendido en su consultorio. ¿De quién era esa tomografía? ¡Suya! «Las mismas áreas de mi cerebro estaban completamente apagadas”, señaló en una entrevista con la BBC.

¿Por qué el científico no había desarrollado rasgos psicopáticos si había nacido con la predisposición física?

La explicación abona lo dicho anteriormente: un entorno afectivo impidió que se dispararan en él esos rasgos. «La biología no es una sentencia de muerte”, en palabras de Fallon, quien brindó conferencias TED al respecto y publicó el libro The Psycopath Inside para dar a conocer su caso.

La sabiduría de los psicópatas

Con ese polémico título (y el subtítulo: “Lo que santos, espías y asesinos seriales pueden enseñarnos sobre el éxito»), un libro recopila las profesiones en las que este tipo de personalidades pueden encontrar mejor desarrollo. Kevin Dutton, el autor, asegura que se destacan en los puestos o roles que requieren habilidad para tomar «decisiones objetivas, clínicas, divorciadas de los sentimientos«.

Políticos, directores de compañías, abogados, trabajadores de medios de comunicación y policías son, según este psicólogo británico, algunas de las tareas mayormente desempeñadas por psicópatas. ¿Cuáles son sus razones para asegurarlo? Que se trata de profesiones que implican el ejercicio del poder y la toma de decisiones drásticas, duras, muchas veces sin ningún compromiso emocional con los demás.

El psicoterapeuta australiano John Clarke advierte que encontrarlos por ahí es más habitual de lo que la gente cree: “entre un 1 y un 3% de la población adulta es psicópata”, sostiene

¿Y cuáles serían entonces las disciplinas menos elegidas por ellos? La enfermería, el cuidado de personas en general, la docencia, el voluntariado y las artes, entre otras tantas que impliquen un compromiso afectivo de cualquier tipo. “En un ambiente laboral, ellos buscan someter mentalmente a sus colegas para alimentar su necesidad de dominación”, describe Dutton.

En la misma línea, el psicoterapeuta australiano John Clarke advierte que encontrarlos por ahí es más habitual de lo que la gente cree: “entre un 1 y un 3% de la población adulta es psicópata”, sostiene. El coach y consultor español Juan Carrión Maroto considera, además, que lejos de huirles, los puestos de alto mando los necesitan: «Los psicópatas están integrados entre nosotros, en nuestras empresas, a sus anchas (…). Es más, ser psicópata puede llegar a ser un plus para obtener ascensos y hacer una brillante carrera directiva”.

¿Qué pasa con quienes trabajan a la par o bajo el ala de este tipo de personas?

En la mayoría de los casos sufren maltrato emocional y abuso de poder, entre otras conductas abusivas. No por nada, en La República Platón trazaba la diferencia entre los reyes (que solo querían el poder) y los reyes filósofos (sabios), que buscaban por sobre todas las cosas la verdad. A su entender, solo podría existir una polis ideal cuando por fin gobernaran estos últimos y dejaran de hacerlo los primeros.

Sueltos por el mundo

Según Psicópatas.es, un blog español especializado en psicopatía y psicología criminal, “en el mundo hay alrededor de 60 millones de psicópatas” y que sin importar en qué latitud nos encontremos, ellos están entre nosotros (¿o muchos de “nosotros” somos en realidad“ellos”?). “Reconocer a un psicópata es muy difícil, incluso para los profesionales. Son personas con un gran encanto natural y que te harán creer desde un primer momento que son simpáticas. Por lo general no son peligrosas, pero, si las detectas, intenta apartarte lo máximo posible. Tener relación con alguno de ellos, a la larga, te traerá problemas”, describe.

Dexter y Hannibal Lecter, dos estereotipos sangrientos de los psicópatas de ficción.

El cine, la televisión y la literatura han influenciado la imagen que tenemos de alguien así, pero lo cierto es que, por lo general, no andan con la ropa manchada de sangre, ni tienen los tics de Dexter o el bozal de Hanibal Lecter. “La realidad se aleja mucho de todos estos conceptos. Se trata de personas que tienen una vida ‘normal’, están integrados dentro de nuestra sociedad”, remarcan los autores de este sitio, quienes a su vez destacan que el estereotipo construido en base a la idea de que se trata de gente visiblemente alterada les da mayor libertad para hacer de las suyas a los verdaderos psicópatas, cuya apariencia es completamente común y corriente.

El test de Hare

Para todos aquellos que quieran saber si están frente a una persona de estas características o bien busquen determinar si ellos mismos lo son, existe un método utilizado mundialmente por los profesionales de la salud mental para la evaluación de la psicopatía. Se trata de la escala creada por el psicólogo canadiense Robert Hare: un cuestionario de 20 preguntas en el que se analizan aspectos de la dimensión interpersonal, afectiva y del estilo de vida del paciente.

Algunas de los interrogantes que formula son: ¿Tiene locuacidad y encanto superficial? ¿Se siente superior a los demás? ¿Suele mentir? ¿Suele manipular a los demás? ¿Es frío/a y carece de remordimientos o culpa? ¿Sus afectos son superficiales? ¿Carece de sensibilidad y empatía para con los demás? ¿Fue un niño problemático?

Si bien el test aparece en muchas publicaciones de internet, y presenta algunas variaciones en cada una de ellas, se trata de un tema serio que siempre requiere la ayuda de un profesional formado en la materia. En cualquier caso, lo recomendable es ir a la fuente: www.hare.org

7 claves para reconocer a un psicópata

  • Carece de empatía.
  • Miente de manera habitual y hasta compulsiva.
  • Tiene dificultad para sentir culpa.
  • Se considera superior al resto de la gente.
  • Tiene tendencia a manipular y a sacar provecho de los demás.
  • Ejerce la seducción, la fascinación y la coerción.
  • Le cuesta controlar sus impulsos.

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Comentarios ()