Sophia - Despliega el Alma

POR Adriana Amado - Columnistas

24 julio, 2019

Tutoriales jóvenes para la vieja política

¿Qué tiene para enseñarnos la nueva generación en materia de conexiones humanas, información confiable y conductas democráticas? Claves para reflexionar (y aprender) antes de las próximas elecciones.

Foto: Pexels.

Que son irresponsables. Que leen poco. Que se comprometen menos. Que se la pasan todo el día con el telefonito. Todas las generaciones se refirieron a las siguientes con desdén. Pero pocas veces en la historia el mundo adulto tuvo que aceptar ser aprendiz de esos que por edad deberían ser los inexpertos. Y en la etapa en que teníamos que saber todo, tuvimos que aprender a usar móviles sin teclado para funciones que poco tienen que ver con hablar por teléfono, aceptando que nunca lo haremos como quienes crecieron con las pantallas de niñeras.

Tanto cambió la forma de vincularnos que ya pocos recuerdan cómo es contactarse sin el celular. La política tiene que lidiar hoy con una generación acostumbrada a buscar información y orientación más allá de la que le proveen sus progenitores y profesores. Esta cultura del tutorial anónimo para cualquier rubro es incompatible con políticos que postulan que ellos son los únicos que saben hacerlo.

Para colmo, son mayoría: la mitad de los latinoamericanos no llegan a los 30 años.

En 2018 en Brasil, Colombia y México más de diez millones de jóvenes votaron por primera vez. En 2019, más de un millón de los votantes argentinos nacieron en este siglo. Este tres por ciento es casi la población de Salta y más de la que tienen dieciséis provincias. Esta, además, será la primera elección con más de tres cuartas partes de la población conectada a internet desde su teléfono, casi el triple que en la presidencial anterior.

«Todas las generaciones se refirieron a las siguientes con desdén. Pero pocas veces en la historia el mundo adulto tuvo que aceptar ser aprendiz de esos que por edad deberían ser los inexpertos».

Nunca fue tan fácil consultar quién está en el padrón, o compartir en tiempo real videos, alertas, información que hasta hace poco solo eran facultad de los equipos de campaña. No es raro que la voz de la experiencia se sienta amenazada por la política que circula en memes y en videos por las redes sociales, donde la juventud votante es nativa de pleno derecho. YouTube apareció en 2005, un poquito después de Facebook. Whatsapp apenas en 2009.

A ese ritmo, se ha convertido en la primera generación que enseña a sus mayores.

Aunque políticos y periodistas se quejan de la circulación de rumores, lo que debería preocuparles es que nunca fueron desactivados con tanta velocidad sin su ayuda.

Nuevos votantes, nuevas reglas

El siglo pasado empezó con la política como cosa de hombres y terminó con la política como asunto de mayores de edad que se informaban por la militancia o la prensa. Su idea de información política era reunirse en mítines de un mismo partido, o recibir el mismo diario y la misma señal de noticias todos los días. Fueron las generaciones criadas con la advertencia de «no hables con extraños», las que hoy se separan a los diferentes con las grietas. Son las que se escandalizan cuando ven a jóvenes jugar en línea con gente que habla idiomas que ni sospechan. O se sorprenden cuando estas criaturas descubren documentales que no pasan en la televisión, y aportan argumentos que solo aparecen en foros muy especializados.

Y aunque parecen prestar menos atención a los medios tradicionales, están conectados observando lo que medios y políticos hicieron o hacen, más que lo que dicen. Esa capacidad para detectar rápidamente las contradicciones entre mensajes y acciones los confirman como el grupo que menos atención presta a las noticias falsas, reducto de los conservadores de más años, que abundan a izquierda y derecha. Y en el peronismo también.

La generación criada escuchando a la gente grande masticar sus decepciones políticas con la comida diaria, entendieron desde chiquitos que la extrema politización de sus mayores tiene algo que ver con su cinismo. Y están más preocupados que sus progenitores por el mundo que les queda. Gracias a que juegan y hablan con gente de todo el mundo, saben que los problemas más urgentes son los mismos en todos lados: el medioambiente, la precariedad económica, la igualdad de las personas, los derechos humanos. Y por eso prefieren movilizarse por esas causas sociales globales más que por consignas partidarias particulares.

«La generación criada escuchando a la gente grande masticar sus decepciones políticas con la comida diaria, entendieron desde chiquitos que la extrema politización de sus mayores tiene algo que ver con su cinismo. Y están más preocupados que sus progenitores por el mundo que les queda».

La pakistaní Malala Yousafzai se convirtió en una referente de los derechos de las niñas y en la persona más joven en lograr el Premio Nobel de la Paz. Con quince años, Jack Andraka aportó desde Maryland una forma barata de detectar el cáncer de páncreas inspirado por artículos científicos que leyó en internet. A idéntica edad, Greta Thunberg es conocida por movilizar jóvenes en todo el mundo contra el cambio climático. No es carismática, ni graciosa ni nada de lo que decían que era el liderazgo político. Ella misma dice que su síndrome de Asperger la protege de la hipocresía y desafía a los políticos del mundo desde una charla TED en Estocolmo a que reemplacen los discursos por acciones concretas.

Aunque hay jóvenes-viejos repitiendo rituales y consignas del pasado, la mayoría desconfía de la política autoritaria y unilateral. Es incompatible con la costumbre de conversar con cualquiera que publica en Instagram. A los videojuegos aprendieron a jugar con reglas claras, que los mismos participantes controlan que cumplan sin trampas. Comparten con los youtubers su fastidio por el discurso políticamente correcto que se ha convertido en plaga entre los adultos que manejan los medios y las instituciones, a las que desafían con el arte de raps y memes.

Y a pesar de que parezcan desconectados de sus cercanos, están cerca de quienes se encuentran lejos y por eso pueden pensar fuera de la tribu. Esa es su principal rebeldía y lo que les recriminamos por otras vías. Nos preocupamos por su privacidad, pero resulta que esos jóvenes están más ocupados de lo público que de lo privado. Nos alarmamos por las noticias falsas y resulta que los jóvenes tienen más anticuerpos para la desinformación que los grandes. Ellos confían en sus pares más que, como hacíamos nosotros, en las celebridades.

Quizás deberíamos pedirles que nos compartan el tutorial de esa nueva política por YouTube.

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