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POR Adriana Amado - Columnistas

9 noviembre, 2016

Trump vs. Clinton: caricatura de un mundo imperfecto

¿Qué pasó? ¿Por qué ganó "el malo de la película", en vez de la mujer luchadora que encarnó Hillary en la campaña mediática? Mientras algunos todavía se lo preguntan, una reflexión sobre los resultados de la contienda electoral estadounidense, espejo de un mundo donde la incomodidad predomina.

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Los medios se encantaron con una figura y demonizaron la otra. Durante muchos meses, las noticias canonizaban a la señora Clinton tanto como defenestraban a Míster Trump. Sin embargo, la decisión electoral prefirió desatender las palabras publicadas y desafiar los pronósticos que se daban por autocumplidos. Parece que el olfato periodístico anda resfriado y perdió un poco del sentido común.  Y ahora no entiende cómo pudo ocurrir que un machista misógino declarado, se impusiera sobre una mujer pintada como luchadora tan responsable.

Hay varias opciones para encontrar una explicación. O las opciones son falsas, tanto como esa pintura de los personajes. O resulta que son muchos a los que no les escandaliza ese perfil de depravado que tan detalladamente construyeron. O las dos cosas. En cualquier caso, los resultados de unas elecciones tan lejanas como las estadounidenses dejan claves para entender cosas tan cercanas como el rebrote del racismo y del machismo que nos estalla acá nomás, en síntomas de violencia cotidiana. Por desgracia, los cambios sociales no van tan rápido como las resoluciones de buena voluntad.

A veces, llenar los medios de mensajes políticamente correctos nos hace olvidar que el mundo está muy lejos del mundo perfecto, igualitario y sin conflictos en que nos gustaría vivir. La señora Clinton es mujer, pero también es una burócrata que hace años trabaja para ese poder que se demora en brindar las soluciones que mucha gente necesita. Como esposa presidencial, consolidó una fundación millonaria a la par que fue endureciendo sus gestos y su vestimenta, desde donde se comunica mejor con los analistas, las celebridades y los periodistas, que con la gente sencilla de los estados más pobres, quienes se decidieron mayoritariamente por un personaje que escandaliza a esa clase culta. ¿Por qué deberían identificar como mujer del futuro a alguien que carga con tantos rasgos de la política del pasado?

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Su contendiente era un dechado de defectos comentados a escala global. Si algo no podrán decir del nuevo presidente es que alguien se perdió de conocer sus calamidades. Ningún medio se perdió la oportunidad para mostrar sus bravuconadas, sus improperios, sus desubiques. En Twitter fue el campeón de los memes. En YouTube la demanda de los videos de Trump superaba claramente los de Clinton. Otra prueba más de que ver no alcanza para saber, porque el que no quiere enterarse, no ve lo que no quiere ver. Y el convencido, corre el riesgo de suponer que porque escucha lo que cree, su convicción ya es compartida por todos.

El triunfo de ese discurso que nos empeñamos en silenciar, sancionar, disimular, nos enfrenta al hecho de que alcanza con que alguien lo vocifere, ignorando la sanción de los monitores escandalizados, para que aparezcan más adeptos de los que nos gustaría suponer. Cada vez hay más gente encerrada en su propia burbuja de información. Cada vez hay más gente enfrascada en sus campañas de buenas intenciones que no logra conectar con la gente que vive encerrada en su frasco de prepotencia. La pregunta incómoda es si queremos seguir teniendo razón, o queremos empezar a entender por qué las cosas no salen como nos gustarían. Eso implica  empezar a aceptar la incomodidad de escuchar aquello que nos cuestiona. Y dejar de leer solo las noticias que nos dan la razón. Andaremos un poco más alteradas, pero definitivamente menos sorprendidas.

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