Sophia - Despliega el Alma

POR Miguel Espeche - Columnistas

30 mayo, 2017

Siempre somos quienes somos

En la búsqueda del bienestar, los imperativos del "sé tú mismo" muchas veces nos alejan de motivaciones genuinas y muy propias. Por eso, tal vez ya sea hora de cuestionar esos modelos, con una única finalidad vital: encontrarnos con quienes somos de verdad.

Desde siempre nos dicen “sé tú mismo” una y otra vez, a modo de imperativo imprescindible para una vida plena y digna de ser vivida. Todo indicaría que transgredir dicho imperativo nos pondría en problemas ya que eso (ser uno mismo) es fundamental para que las cosas estén bien y nuestra existencia tenga sentido. Nadie podría juzgar negativamente la máxima, más allá de que en realidad es difícil ser otro del que somos, por lo que la frase, tomada desde la pura literalidad, termina siendo una obviedad.

“Sigue tu corazón” también dicen los que saben. Y uno hace lo que puede para cumplir con esas sabias palabras ya que, convengamos, no siempre sabemos por dónde va el propio corazón y, en una de esas, eso que creíamos que era nuestro más hondo palpitar es, en verdad, alguna idea trasnochada que se coló en la mente disfrazada de “corazonada”, para meternos en algún lío del que será difícil salir después.

Lo que pretendo decir, al señalar dos “frases sapienciales” muy habituales y enlazadas entre sí, es que suele ser bueno mirar esos imperativos con cierta capacidad reflexiva, sobre todo porque, cuando los tomamos demasiado crudamente, nos generan mucha presión, en particular cuando surgen con una música de fondo sentenciosa y sin noción de proceso o de misericordia.

Siempre somos nosotros mismos, no hay otra, y, en cuanto  al corazón, vale tenerlo presente más allá de que su guía se nos confunda con tantas cosas y no siempre, en medio del fragor de la vida, sepamos distinguir bien si es o no a él a quien estamos siguiendo.

Creo que para no sentir tanta bajada de línea con ese tipo de frases, bienintencionadas pero a veces avasallantes, lo mejor es pensar que, si de “ser” se trata, debemos ir arrimando el bochín día a día, rumbo a una sintonía que nos distinga en forma creciente.

Muchas personas, sobre todo los jóvenes, viven presionados por el imperativo de la autenticidad, por “ser ellos mismos”, por “seguir el corazón”…  Lo que los pone en jaque en relación a ese imperativo, con el sufrimiento estéril que eso genera.

«Suele ser bueno mirar esos imperativos con cierta capacidad reflexiva, sobre todo porque, cuando los tomamos demasiado crudamente, nos generan mucha presión».

Cuando se me acerca algún joven con ese mandato a cuestas, es muy placentero ayudarlo a aflojarse, a salir de tanta presión, para que se dé cuenta de que él ya “es”, y que la vida es para tomar conciencia de eso que es, a través de iluminar día a día su territorio con las experiencias que se vayan presentando.

Es saludable ir reconociendo el propio deseo, ir discerniendo la propia huella respecto de la huella de los otros, ir entendiendo en qué circunstancias nos encontramos más cómodos, más “en casa”, más en contacto con nuestra fuente y nuestro palpitar. Pero esa es una labor que requiere tiempo y una mirada amorosa, no una bajada de línea o una exigencia con amenaza encubierta.

Ser auténticos (“nosotros mismos”) es una cuestión de eficacia vital que nos hace vivir mejor, más cómodos, más enérgicos, valientes y alegres, como cuando afinamos con la frecuencia adecuada para fluir en la vida.

Cuando abordamos de esa forma las cosas, nos serenamos, encontrando más fácilmente el propio sonido, sin ese “sé tú mismo”  o “sigue tu corazón” que exige y mete presión bajo la mesa, diciendo, de una forma u otra que, si no lo logramos, seremos mediocres, banales, tontos, hipócritas, “caretas”, inauténticos y tantas cosas feas más que hemos escuchado por ahí.

Mejor el amor que la bajada de línea, esa es la idea. Siempre somos los que somos, y el corazón siempre late, mientras el tiempo nos va brindando las oportunidades para darnos cuenta de esa realidad y gozar de la experiencia de estar vivos.

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