Sophia - Despliega el Alma

POR Virginia Gawel - Columnistas

17 septiembre, 2018

¿Qué significa “cumplir años”?   

Cada año es una oportunidad más para sumar libertad y madurez, nos dice Virginia Gawel en esta columna. Como los frutos, cada vez que el sol vuelve adonde estuvo cuando nacimos, nos acercarnos más a ese punto que concentra toda su dulzura y su capacidad nutricia.

Hasta el tradicional pastel es redondo, como un mandala de Oriente. Y esas cosas no son casuales: cumplir años significa cerrar un nuevo círculo de vida. Cumplir viene del latín complere: ‘llenar totalmente, completar’.

Vinimos a completarnos, y el círculo es el símbolo universal de ese completamiento. Completarse es desplegarse: como un origami del cual no se distingue su sentido hasta que dos manos lo extienden, estamos replegados, y la Tarea es expandirnos, como el Universo.

Hay otra acepción de la palabra cumplir: ‘obrar en conformidad con un contrato o con lo que se prometió’. Esto lleva hacia lo que distintas tradiciones espirituales dicen: que nuestro espíritu elige la vida que ha de en-carnar, comprometiéndose a atravesar sus pruebas, y a libar sus néctares, sus amores, sus alegrías.

Así, en el plano espiritual, “cumplir años” sería como dar una vuelta más en una espiral ascendente: puede parecernos un círculo plano en el que nos repetimos; pero si consideramos la dimensión transpersonal, ese círculo es en verdad como un resorte, crecido desde el suelo hacia el cielo. Cada año es una vuelta, pero también puede serlo cada estación, cada mes, cada día, cada hora. En cada vuelta un poco más de lucidez, de libertad, de madurez.

Y esa es la otra palabra importante: “madurez”. Cada vez que el sol vuelve a donde estuvo en el momento en que nacimos puede acercarnos más a ese punto en que la fruta concentra toda su dulzura y su capacidad nutricia. O maduramos o nos caemos verdes (o bien nos pudrimos). No acontece por el mero paso del tiempo: requiere una intención de lucidez, por la que crecemos no solo en años, sino también en sabiduría. Y miren qué bonito… la etimología de madurar es la misma que la de madrugar: ‘bueno, en su momento oportuno’. (Nada más triste que una vida en la que el tiempo pasa y el aprendizaje no se genera, la fruta no se endulza, la grulla de papel no despliega sus alas…).

Hay una última orilla de este tema que quizá sea el cimiento de todo: lo que nace hacia lo Luminoso (no solo una persona: una obra, un libro, una causa…) sería la expresión en pequeño de algo que está aconteciendo desde el momento mismo del Big Bang: todo lo que existe en el Universo está en expansión, está completándose. Así, con la Tarea que asumimos nos volvemos parte consciente de ese impulso universal. Saberse parte de la Gran Obra insufla Vida a nuestra vida, nos vuelve obreros de un Génesis que no ha terminado. Cumplimos con el Todo al cumplir con nosotros mismos.

Quisiera, para concluir, compartir un poema de Mario Benedetti que suelo recitar en cualquier cumpleaños mirando a los ojos a quien celebra.

“Hoy tu tiempo es real, nadie lo inventa

y aunque otros olviden tus festejos

las noches sin amos quedaron lejos

y lejos el pesar que desalienta.

Tu edad de otras edades se alimenta,

no importa lo que digan los espejos:

tus ojos todavía no están viejos

y miran, sin mirar, más de la cuenta.

Tu esperanza ya sabe su tamaño

y por eso no habrá quien la destruya.

Ya no te sentirás solo ni extraño.

Vida tuya tendrás, y muerte tuya.

Ha pasado otro año, y otro año

le has ganado a tus sombras, aleluya”. 

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