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Sophia - Despliega el Alma

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POR Virginia Gawel - Columnistas

19 octubre, 2018

¿Qué es la sincronicidad?

A veces soñamos con alguien que no vemos hace mucho y al día siguiente lo encontramos en la calle. Cuando algo nos moviliza interiormente, puede provocar una coincidencia en el mundo externo. ¿Te animás a escuchar la trama oculta de la vida?

Luis tiene un sueño revelador y al día siguiente se plasma en el reino de la materia: su premonición sucede. Ana busca comprender un hecho radical de su adolescencia; sale de terapia y se encuentra en el metro con su profesora de Letras, veinte años después, y a 200 kilómetros de su ciudad natal. ¿Te ha sucedido? Es como si el misterio se esmerara en mostrarnos que hay una trama oculta.

Quienes acuñaron el término sincronicidad fueron el increíble psiquiatra Carl Jung y Wolfgang Pauli (Premio Nobel de Física, uno de los fundadores de la mecánica cuántica). Lo definieron como un principio conectivo acausal entre la psique personal y el mundo material, cual si se tratase solo de diferentes formas de energía. Así, la barrera entre mi “adentro” y mi “afuera” se vuelve difusa. Jung supo contar que, cuando una persona se movilizaba profundamente, ese “estallido interno” podía provocar en lo “externo” coincidencias significativas que no estarían dentro de las probabilidades del azar.

No es casua-lidad. Tampoco causa-lidad: esos hechos no siguen la ley de causa y efecto. Que yo apriete la tecla L y esa letra quede impresa implica un acto causal, como lo son la mayoría. Los eventos sincronísticos no se causan entre sí: están ligados por un significado relevante que afecta emocionalmente a quien lo percibe.

“Los eventos sincronísticos no se causan entre sí: están ligados por un significado relevante que afecta emocionalmente a quien lo percibe”.

Recientemente viví una serie de eventos sincrónicos que aún me conmueven: desde hace mucho sigo las investigaciones del Mind & Life Institute, donde neurocientíficos estudian los cerebros de meditadores para registrar cómo esas prácticas modifican el cerebro, incrementando los centros relacionados con el bienestar, el altruismo y la empatía. Entre esos científicos, quien capta mi mayor interés es el doctor Richard Davidson (de quien el año pasado leí todo lo disponible y vi sus conferencias en Internet). Hace pocos días, me contactó una neurocientífica catalana: Koncha Pinós-Pey. Cálida y afectuosa, se interesó por mi quehacer desde el Centro Transpersonal y me contó que trabajaba con… ¡Richard Davidson!

Le propuse encontrarnos por Skype; me dijo que estaría trabajando con él en Barcelona. Y agregó: “Si quieres, mejor nos juntamos los tres el sábado; estaremos en Dubái”.

Quedé perpleja y llamé a Beto Rizzo (amigo confiable y presidente de la fundación Vivir Agradecidos, generada en torno a las enseñanzas del monje austríaco Brother David Steindl-Rast, una de las luces de mi vida que, a los 91 años, sigue viajando por el mundo). Me dijo: “Vení al campito, que está el Brother: él es muy amigo de Davidson, así conversamos todos!”.

A los pocos días estaba en un lugar remoto del campo argentino, conversando con el queridísimo Brother David, y con… Richard Davidson y la cálida Koncha Pinós-Pey, además del psiquiatra Christian Plebst.

No sé si estuvimos quince minutos o una hora y media, pero agradezco a la vida este regalo alucinante y onírico del que también surgieron fantásticos proyectos.

Si hubiésemos querido congeniar agendas, habría resultado casi imposible. Pero la vida se divierte con lo imposible. Y tal vez uno de esos juegos en que lo imposible irrumpe en nuestra mente lineal simplemente se llame así: sincronicidad. La próxima de tu vida te está esperando.

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