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POR Adriana Amado - Columnistas

25 enero, 2016

Presidenciables

Nuestra columnista viajó a México para formar parte del #8SIEEP, el Seminario Internacional de Estrategias Electorales y Políticas, y nos brinda una panorámica sobre el lugar que ocupa la mujer en el actual debate político latinoamericano.

Podríamos pensar que este siglo abrió, por fin, las puertas a las mujeres para acceder al máximo cargo ciudadano. Varias presidentes* cumplieron su mandato, muchas renovaron y hay varias aspirando al cargo. Y aunque Angela Merkel se confirma mucho más poderosa que cualquiera de sus pares, todavía seguimos cuestionando el ejercicio femenino del poder.

Ese fue uno de los temas del Seminario Internacional de Estrategias Electorales y Políticas, que lleva su octava edición en la ciudad de México a cargo de Gisela Rubach, una de las consultoras con más campañas en el continente en sus espaldas. Ella, una mujer que ayudó a ganar a muchos hombres, se ilusiona con ver a más mujeres en las contiendas electorales. Por eso invitó al encuentro del Instituto Tecnológico Autónomo de México, a dos latinoamericanas que compitieron para el puesto público más alto. Laura Chinchilla, expresidente de Costa Rica, y Josefina Vázquez Mota, candidata a la presidencia de México en 2012 por el Partido de Acción Nacional son profesionales de sólida formación (politóloga una; economista, la otra), e intensa trayectoria (ambas alcanzaron el rango de secretarias de Estado en sus países). Cuando decidieron postularse a la presidencia, la pregunta que más escuchaban no era si ellas estaban preparadas para el cargo, que sus antecedentes respondían por sí solos, sino la contraria: si su país estaba preparado para ser gobernado por una mujer.

#8SIEEP
Josefina Vázquez Mota, candidata por el Partido de Acción Nacional.

La descalificación implícita en esa duda todavía indigna a Vázquez Mota, que nunca escuchó que se les preguntara a los contendientes masculinos algo por el estilo. Es que todavía se piensa que la mujer es un botón de muestra, que si está fallado es prueba suficiente para descalificar el conjunto. Nunca escuchó Chinchilla que se dudara de la capacidad masculina para el poder, aunque la historia está llena de hombres que se equivocaron.

La contracara de esta paradoja es el falso optimismo que supone que el logro de una mujer facilita el camino de las otras. Sin embargo, sabemos que hay mandatarias como Cristina Fernández, que no consideró brindar equidad en los cargos ministeriales o atender especialmente los derechos que las mujeres todavía tienen pendientes para ser ciudadanas en igualdad plena. Ante mi pregunta sobre el punto, las dos políticas coincidieron en que las funcionarias que llegan deben mejorar las condiciones de esa mayoría ciudadana que sigue siendo tratada como una minoría. Recordaron también que la impronta masculina no necesita ser machismo explícito para imponer sus diferencias. Basta con que los horarios de las oficinas públicas no consideren los tiempos del cuidado de la familia, o que los mítines se prolonguen en la noche, para expulsar a las mujeres del mundo público, como planteó Vázquez Mota. Sabemos muy bien que el avance de la mujer en la política dibuja loops, en donde el impulso de la subida parece no poder evitar el bajón del retroceso. Por eso es tan importante que aquellas que superaron esos obstáculos allanen el camino de las que las sigan.

Presidenciables y prejuicios

Las preguntas del auditorio confirmaron la distancia entre las buenas intenciones y la realidad que resiste a los cambios, aun cuando la igualdad se imponga por ley (México es uno de los once países del mundo que garantizan paridad en los cargos). Una muchacha conmovió cuando relató la decepción de sus padres, políticos profesionales, cuando les comentó su decisión de dedicarse al servicio público. Si el prejuicio persiste entre quienes ejercen la profesión, qué no pensará la sociedad desencantada con la política.

#8SIEEP
Laura Chinchilla, expresidente de Costa Rica.

Quizás la anécdota que mejor condensó la persistencia de los estereotipos la compartió Laura Chinchilla, cuando relató la experiencia que tuvo con la prensa convocada a conversar sobre el balance de sus primeros cien días de gobierno. La exmandataria contó que su escritorio estaba lleno de papeles, con ese desorden propio de una mujer acostumbrada a las tareas simultáneas, y un televisor encendido de fondo. Pero quiso el horario que la pantalla que se usaba para ver las noticias estuviera sintonizada en la novela de la tarde, en el momento en que entraron los periodistas al despacho. Esa fue la noticia que opacó la rendición de cuentas en los diarios del día siguiente. Me recordó el comunicado de la Casa Blanca ese que compartió al mundo la lista de preferidos en Spotify de Barack Obama. No recuerdo entonces ninguna noticia que cuestionara que escuchar música en horario de gobierno pudiera podía atentar contra la gestión del presidente más famoso.

#8SIEEP
El intercambio entre Laura Chinchilla, Gisela Rubach y Josefina Vázquez Mota.

*Nota (no tan) al margen: Uso con convicción la palabra “presidente” porque considero que su terminación tiene el mismo potencial inclusivo que estudiante. De hecho, las mujeres decidieron salir a participar en política casi al tiempo en que ejercieron su derecho a estudiar. En este ámbito el lugar femenino es tan ostensible que nadie reclama la declinación irregular de “estudianta”. Ahí no fue la letra la que abrió las puertas. Antes bien, la terminación neutra del término confirma la receptividad con que la palabra “estudiantes” incluye a unas y otros sin distingo. Sigo pensando que es un gran error del feminismo del discurso resignar una palabra claramente no sexista como presidente para marcar una diferencia donde no debería haberla. Es más, bien podrían apreciar que presidentes y mujeres terminen con la misma vocal.

#8SIEEP
Nuestra columnista Adriana Amado, invitada de lujo en el #8SIEEP.

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