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POR Adriana Amado - Columnistas

2 octubre, 2017

Nadie es su Instagram

En la popular red social la mayoría elige mostrar siempre su mejor perfil y su sonrisa más amplia, disfrutando de maravillosos atardeceres o eventos y saboreando bebidas y platos dignos de ser fotografiados. Pero, ¿qué hay detrás de los filtros que rigen la fotogenia de nuestra vida online?

 

Millones de rostros sonrientes enfrentan a diario la cruda lente de la mirada social.

Tenemos una soledad que reclama compañías. Pero las buscamos voceando que no las necesitamos. Para qué dedicaríamos tanta energía y tiempo a mostrarnos en las redes sociales como seres agradables, interesantes, felices, inteligentes, si no es para recordarles a los que nos leen que merecemos atención y compañía. Para qué tanto esfuerzo, si no para gritar que nos sentimos solos.

Sin embargo, las confesiones tienen mala prensa. Hace poco la Princesita Karina publicó en su cuenta de Instagram “Aunque uno le ponga ganas, el día así te lleva a querer cortarte las venas. Copado“. Aunque lo borró rápidamente, no pudo evitar que lo levantaran en varios portales que relacionaban la tristeza con su separación del jugador de fútbol Agüero y otras maledicencias.

Los últimos posteos de la modelo española Celia Fuentes antes del suicidio.

Celia Fuentes, en cambio, se suicidó sin aviso, dejando como última publicación una foto en la que decía disfrutar de una siesta en calzones. Celia era una modelo española con muchos seguidores de Instagram lo cual, en estos tiempos, certifica la condición de influencer que, aunque su nombre lo indique, no se trata de gente que influya sino que se ocupa de exhibir marcas y mercancías. En ninguna de las bellas fotos de la bella mujer había señal de que hacía tiempo que sufría depresiones, como dijeron otros influencers solo cuando era demasiado tarde para algo más que lágrimas de despedida. Ninguna señal, o todas las señales, si empezamos a leer el derroche de felicidad fotografiada como síntoma de su carencia.

Nadie se muere en Instagram. Pero cuando ocurre una desgracia en la vida real, corremos a buscar explicaciones en las últimas publicaciones de la red social. Antes, en los velorios, la forma de explicar lo inexplicable de la muerte era recordar cuándo se lo vio al pobre vivito y coleando. Ahora se trata de descubrir en las huellas digitales qué publicó los días previos al infortunio. Pero, ¿a quién se le ocurre buscar alertas de tragedias en redes tan edulcoradas?

Nadie es su Instagram. Los políticos en Instagram sonríen. Los comercios son amables. El maquillaje queda perfecto. Las tortas tienen la crema dibujada. Los cielos son de azules imposibles. Las flacas exhiben platos llenos de una comida que seguro ni comen. Entonces, ¿por qué íbamos a suponer que lo que vemos es lo que es? ¡Si nosotras mismas no publicamos nada sin retocarlo! Las inseguridades nos llevan a buscar muletas para disimular en filtros lo que creemos no nos representa. Pero los felices de plenitudes ciertas no andan por la vida cargando palitos para selfis.

Lady Gaga desafía la alegría y el bienestar que suele inundar las redes.

Por eso, en estos tiempos cobra un enorme valor cualquier chispazo de sinceridad. La foto de Lady Gaga intubada del dolor que la hizo suspender su recital en Río tuvo el doble de corazoncitos que la anterior que la mostraba con su tapado de estreno de película. Pero solo las mujeres fuertes se animan a compartir su fragilidad y no les importa que las vean la cara desfigurada por el dolor y el maquillaje borrado por las lágrimas.

El documental que estrenó en setiembre Netflix deja escuchar el pedido de rescate de una mujer que quiere salir del personaje. El título “Gaga: Five Foot Two” habla de los cinco pies y dos pulgadas de altura de la cantante que alcanzan para que la veamos inmensa en sus talentos y sus sombras. Lena Dunham (actriz y directora de Girls) le agradeció ese regalo con una nota en que nos recuerda que lo mejor que podríamos hacer es existir auténticamente sin pedir disculpas. Y las dos saben de qué se trata porque derriban el mito ese que decía que si te ven mal te maltratan y son amadas porque supieron ser, más allá de los estererotipos.

El humor como bandera: Lena Dunham elige mostrar sus poses menos fotogénicas.

El escritor Jordi Carrión compartió con sus amigos de las redes algo que le pedí prestado, porque condensa mejor de lo que yo podría escribir esa distancia entre esto que escribimos y lo que somos, entre lo que fotografiamos y lo que queremos ser, entre los enredos de las redes y la nitidez de la vida:

Nos pasamos el día escribiendo en Facebook y Twitter, mandando Whatsapps y e-mails, tomando notas en archivos de Word o en cuadernos de papel, haciendo fotos y selfies. Pero todos esos textos e imágenes no son más que la puntuación, las comas, los guiones, los paréntesis, los puntos de la vida cotidiana, que queda fuera de toda esa escritura. No narramos nuestras vidas, sólo intentamos atrapar su ritmo, su música, con palabras que en realidad no nos representan, porque se quedan fuera de la mayor parte de nuestro tiempo. Dan cuenta -a duras penas- de los intersticios, de los márgenes, de las orillas de nuestra vida -digamos- real. Que sigue siendo un gran misterio, ruido y silencio que sólo a nosotros pertenecen“.

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