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POR Adriana Amado - La mujer en los medios

29 junio, 2018

Mundial 2018: ganamos, perdemos…

En este encuentro futbolístico global, como nunca antes, afloró la emoción más violenta de la argentinidad. Y a través de publicaciones en redes sociales, todo parece permitido: cargadas, insultos, amenazas... ¿Por qué nos arrasa la mala educación mundialista?

En el anterior mundial, solo uno de cada diez habitantes del suelo argentino tenía celular inteligente. En esta edición del campeonato de fútbol, tres cuartas partes se comunica por ese dispositivo. Pero ahora, que nuestros celulares son inteligentes, resulta que los usuarios no los somos. La pasión por el fútbol siempre justificó los desbordes de la cancha, pero ahora nos delata los excesos en todo lo que tiene que ver con el mundial. Y la accesibilidad no trajo civilidad, sino más bien todo lo contrario.

La gran diferencia con los mundiales anteriores es que nunca antes tuvimos tanto que ver con los mensajes que andan por ahí. Cuando aparecían en los medios de comunicación cosas parecidas o hasta más leves, criticábamos la cobertura. Pero ahora somos principales responsables de eso que muestran las pantallas en estado de emoción violenta con ocasión de mundial. A nadie más podemos culpar de la basura que publicamos y consumimos en las redes. Videos truchos, memes agresivos, insultos de más colores que las camisetas de los jugadores, audios tan alarmistas como mentirosos. Parece que ya no alcanza con maldecir al televisor con cada penal errado, sino hay que transmitir en directo el ataque de vísceras, cuestión de desparramarlas bien desparramadas por las redes sociales. Como si nos volviera más nacionales dejar constancia de los insultos. Como si aliviara la bronca digitalizarla.

Gente que no ensuciaría las paredes de su sala con groserías, las publica en los muros de las redes sociales así como le salen, en nombre del mundial. Gente circunspecta que en días de guardar hace recomendaciones probas destinadas a la mejora de la humanidad, en jugadas de riesgo se desata y delata su perfil sociópata. Padres, madres y tutores que sancionan las palabrotas de los peques, convierten su boca en una cloaca las dos horas que dura el partido.

Nos enternece el video casero de la niñita indignada con los insultos de su padre al arquero y a la bandera.[1] Pero sus tiernas recomendaciones de nada sirvieron a la jauría que llenó la foto familiar de Willy Caballero en Instagram con insultos y amenazas temerarias, solo porque la selección argentina había perdido unos puntos contra Croacia. Las redes no minimizan la lesión que causen las expresiones desbordadas, ni el mundial es atenuante. Descalificar a alguien irrespetuosamente es un delito. Una amenaza no es menos amenaza porque viaje en teléfono o en un tuit.[2] Más ahora, que lo sale del móvil puede quedar a la vista de todos. Como para que no podamos disimularlo.

Ya más tranquilo… Después del resultado tan positivo y la clasificación, lo mio pasa a ser una anécdota. Una desgracias, un fallo, un error, como quieran llamarlo. Hay un montón de cosas que acepto, porque fue una equivocación futbolística. Pero recibí muchas faltas de respeto, malos deseos y amenazas hacia mi y mi familia. Esas actitudes feas no me ayudaron. Me quedo con mucha gente que me apoyo, me acompañó y sufrió mi situación. Les doy gracias a todos los que estuvieron; los cercanos y los lejanos; los que se atrevieron a escribirme y a todos los que me apoyaron de una u otra manera. Una vez más acepto mi error, pero nunca tuve el deseo que mi familia pase días tan desagradables. Visto la camiseta de Argentina con los valores que aprendí en mi hogar y creciendo en el fútbol. Gracias a los que están siempre conmigo y con mi familia.

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Los medios de comunicación nos devuelven las críticas que siempre les hicimos, enrostrándonos las noticias falsas que compartimos en los grupos  de WhatsApp. La van de vengadores al escrachar los audios falsos o publicar videos que compartimos en la supuesta discreción que esperábamos de los conocidos. Cualquier mensaje puede viralizarse masivamente solo porque alguien decidió que era demasiado bueno o demasiado malo para quedar en privado. Ganamos, perdemos, pero siempre clasificamos al tope de la violencia y la xenofobia.

Justo el año en que nos pensábamos un paso más cerca de la igualdad y la concordia, nos sale el grano del mundial para recordarnos que no hay maquillaje que disimule la inflamación del carácter que nos habita. El tratamiento más probado para una convivencia suave y sin imperfecciones es la comunicación, pero antes de ese humectante hay que hacer una exfoliación para sacar tantas capas ajadas de mala educación. Esa ética que exigimos tantas veces a los medios de comunicación ahora es asunto nuestro, porque la comunicación se ha vuelto un negocio manejado por cuenta propia. Solo que no aprendimos a manejarlo con propiedad.

[1] http://www.13.cl/copamundialfifa/video/video-nina-argentina-regana-su-padre-insultar-willy-caballero/260269

[2] https://www.derechoenzapatillas.org/2018/injurias-y-calumnias-por-twitter-e-internet-en-general/

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