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POR Cristina Miguens - Columnistas

21 junio, 2016

Moisés, el nuevo “relato”

Una serie de televisión encuentra en la historia Bíblica de Moisés la oportunidad de apelar a un relato épico sin perder de vista el camino espiritual. Alto rating y una invitación a reflexionar sobre la importancia de poner fin a los líderes mesiánicos.

 

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Ilustración: Maite Ortiz.

Cuando han transcurrido apenas seis meses del gobierno de Mauricio Macri muchos tenemos la sensación de que han pasado varios años, tantos han sido los cambios, de fondo pero también de forma. Problemas que parecían imposibles de resolver son hoy datos del pasado: el cepo al dólar y la amenaza de hiperinflación, los amenazantes fondos buitre, el aislamiento internacional, el cepo a los periodistas disidentes, la parálisis judicial en las causas de corrupción. Ahora el dólar flota sin sobresaltos y la inflación empieza a frenarse; los buitres cedieron el paso a los créditos; presidentes importantes ya visitaron el país mientras Gabriela Michetti y Susana Malcorra son recibidas en el mundo; se escuchan todas las voces en los medios del Estado y muchos que seis meses atrás ostentaban su impunidad están presos: Lázaro Báez, Ricardo Jaime, Milagro Sala… y otros desfilan por Comodoro Py.

A pesar de la contundencia de estos logros, que suceden sin cadenas nacionales ni ruidosos actos con militantes en la Casa Rosada, hay una demanda que se repite, como cita el historiador Luis Alberto Romero: “Al Gobierno le falta un relato, una épica”. El reclamo –indicador de algún síndrome de abstinencia– no corresponde a la república que queremos construir. Sin duda el Gobierno debe comunicar sus actos y mantener informada a la opinión pública. Probablemente debería hacerlo mejor, realzar lo que considera importante y explicar cómo cada decisión se articula con el plan más general que proyecta. Pero no más que eso. Las narrativas reclamadas importan, y mucho, pues son constitutivas de una vida social en la que cada conflicto incluye una disputa por el sentido de los hechos y de las palabras. En una democracia republicana, su formulación no es tarea del gobierno, sino de la sociedad, de nosotros.1

Romero sostiene que para construir un relato alternativo deberíamos volver a la imagen de ese país “normal” que perdimos en las últimas cuatro décadas y preguntarnos por qué se perdió. Me parece interesante reflexionar sobre esto y cuál fue nuestra responsabilidad, por acción o por omisión, de la violencia y la destrucción económica e institucional que sufrió el país. No hay cambio ni madurez en una sociedad sin un crecimiento a nivel psicológico de sus integrantes, sin una toma de consciencia colectiva de los errores cometidos. Tal vez concluiremos que ese país que añoramos no era tan “normal” como creíamos.

Épica o mística

Mientras desde los medios prosigue este debate de ideas donde algunos proclaman el fin de los relatos populistas latinoamericanos y la caída del pensamiento mágico –insustentable y teñido de oportunismo y corrupción–, y otros en cambio le reclaman al Gobierno un relato épico alternativo capaz de enamorar a la militancia, aparece un signo. Un canal de televisión abierta transmite en el prime time una serie basada en la Biblia, Moisés y los 10 mandamientos, producida por Rede Record -la emisora propiedad de Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios- de inmediato es un éxito de audiencia. Nunca veo series y tampoco pensé en mirar esta ya que conozco bien el libro del Éxodo y la historia de Moisés, pero me sorprendió su altísimo rating, que llegó a tocar los 20 puntos y no baja de 15… justo cuando se proclama el fin de los relatos épicos.

Es importante aclarar que ese texto sagrado que relata la gesta de liberación del pueblo de Israel por parte de Dios con Moisés al frente no tiene, hasta ahora, ni una sola comprobación histórica. La única fuente es la Biblia. A pesar de que los egipcios de la época poseían una avanzada escritura y fueron grandes escribas, y de las innumerables ruinas arqueológicas encontradas, no hay registros de la existencia de un pueblo de judíos esclavizados en Egipto, ni de terribles plagas que azotaran al país, ni tampoco de revueltas ni matanzas que forzaran la espectacular liberación del pueblo a través del mar Rojo. Nada de eso se ha podido demostrar y sin embargo, una y otra vez, la humanidad se ha fijado en la figura de Moisés y se ha apasionado con este drama que describe, en síntesis, nada menos que el camino del ser humano hacia la libertad, sin importar la historicidad, tema que se inicia recién en el siglo XX.

El relato de Moisés, más que el recuerdo literal de la épica de un pueblo de la Antigüedad, tiene que ser considerado lo que es, un texto mitológico –un mito heroico– y, como tal, no debe interpretarse como hecho histórico o político, sino a nivel simbólico y espiritual. La vigencia de un relato mítico se demuestra por su capacidad de generar una identificación con los personajes centrales y con los acontecimientos dramáticos que les suceden. El símbolo es eficaz cuando logra un impacto en el inconsciente, y el relato de Moisés, a juzgar por el rating en la Argentina y en los países de la región donde se ve la tira, sigue siendo un mito judeocristiano que está vivo en el alma de nuestras sociedades. Más que una historia épica, la de Moisés es una mística, un camino espiritual del alma.

La enseñanza del Éxodo

Leí el libro del Éxodo durante dos años seguidos, en el período más oscuro de mi vida, inmersa en una crisis atravesada por enfermedades, duelos, divorcio, mudanzas; un tiempo de dolor, de pérdidas y de derrumbe de mis “certezas”. El texto sagrado, al que instintivamente volvía una y otra vez, me acompañó, me sirvió para entender, me abrió los ojos para ver lo que no quería ver, para asumir mis responsabilidades, para hacer autocrítica y salir de mis errores y proyecciones, para liberarme de los “faraones”, que resultaron ser más internos que externos.

Los documentos no se convirtieron en “Sagradas Escrituras” porque inicialmente se pensara que estaban inspirados por Dios, sino porque la gente comenzó a tratarlos de forma distinta. (…) La Biblia “demostraba” que era sagrada porque la gente no dejaba de descubrir nuevas formas de interpretarla y descubría que aquella antigua y compleja colección de documentos proyectaba luz sobre situaciones que sus autores nunca habrían imaginado. La revelación es un proceso continuo; no quedó limitada a una lejana teofanía en el monte Sinaí.2

Es obvio que Mauricio Macri no puede ni debe ser equiparado con la figura de Moisés, pero sí pienso que estamos ante un momento de cambio profundo en el país y que luego de décadas de enfrentamientos y de decadencia moral, institucional y económica, los argentinos necesitamos reencontrarnos y construir juntos un nuevo relato colectivo. El éxito de esta “novela bíblica”, como la llama su productor, puede ser signo de que somos muchos los que vemos en esa historia antigua un mito de la liberación que estamos necesitando, un camino espiritual –más que político o económico– que nos conduzca a un cambio de consciencia y no solo de gobierno, para así lograr una real unidad como pueblo.

A nivel psicológico y espiritual, el “faraón” es el símbolo de todo aquello que nos quita libertad porque nos mantiene en el error, en alguna mentira, que nos aleja de la verdad. De esa esclavitud quiere liberarnos Dios, de todo lo que nos separa de Él. “Solo la verdad los hará libres”, proclamó Cristo, el nuevo Moisés, y como dice Raimon Panikkar, el teólogo y filósofo español, el Espíritu de la Verdad “no nos hace omniscientes, sino verdaderos”, o sea, auténticos y coherentes con la realidad, con la verdad de la vida misma.

El mito del Éxodo puede ser un nuevo relato para todos los argentinos si aceptamos que se trata de una épica interior, una lucha personal de cada uno, donde los “faraones” que nos tienen cautivos y de quienes nos tenemos que liberar son nuestros miedos del pasado, las inseguridades, las hipocresías, los egoísmos y las idolatrías… No hay ningún líder mesiánico, ningún Moisés exterior que pueda hacer ese camino espiritual por nosotros, que pueda cerrar esa grieta que nos divide desde hace doscientos años. En el año del Bicentenario de la Independencia, ya es tiempo de salir de Egipto.

Luis Alberto Romero, “El nuevo relato que la sociedad necesita”, La Nación, 13 de mayo de 2016.

2 Karen Armstrong, La historia de la Biblia, Buenos Aires, Debate, 2008.

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