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POR Maritchu Seitún - Columnistas

22 diciembre, 2015

Mágicos rituales de Navidad

Cuando llegan las Fiestas queremos que nuestros hijos vivan momentos mágicos que puedan atesorar para siempre. ¿Cómo hacer de nuestras celebraciones grandes recuerdos para ellos?

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Bruno Bettelheim nos dice en “No hay padres perfectos” que “en la infancia estas y otras festividades (Navidad, Pascua, cumpleaños, etc.), marcan el paso del tiempo, ritualizan la vida, dan un sentido positivo al paso de los días”. Y lo mismo nos ocurre a los adultos.

Son pocos los días del año en que los chicos son el centro. Navidad y los Reyes Magos son algunos: ellos necesitan ilusiones para tolerar la realidad, que suele ser tan poco mágica. De hecho, los más chiquitos se mueven dentro del “realismo mágico” y les resulta absolutamente factible que Papá Noel les lleve lo que pidieron en su carta, fabrique los regalos y vaya a las casa de todos los niños del mundo, en veinticuatro horas.

¿Y cuál es el origen de la fecha, los símbolos, personajes y rituales navideños?

La fecha del 25 de diciembre, para recordar el nacimiento de Jesús, fue elegida arbitrariamente en el solsticio de invierno, representando simbólicamente el nuevo despertar del ciclo de vida en el hemisferio norte. Probablemente esto haya ocurrido a partir del siglo II, para desplazar la adoración de Saturno y el sol y reemplazarla por la adoración del Hijo de Dios. Coincidiendo con Hanukkah, fiesta judía que se celebra en la misma fecha (con encendido de velas) y recuerda el milagro de que continuaran encendidas las lámparas del templo de Jerusalén -aunque se hubiera acabado el aceite- cuando en 165 AC los macabeos reconsagraron el templo que había sido desacralizado por los sirios.

Los fuegos artificiales representan el llamado al sol y al calor para que vuelva a la tierra, del mismo modo que el árbol de Navidad reproduce las fogatas que armaban los paganos en la cima de las montañas.

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San Nicolás, obispo de Mira en el siglo IV DC (origen de Santa Claus y Papá Noel), se celebra el 6 de diciembre, es el patrono de los niños, de la paternidad y de la fertilidad humana. Él llevaba regalos a los niños pobres y cabalgaba en su caballo blanco por los tejados dejando regalos. Cuenta la leyenda que un día Nicolás se enteró de que uno de sus vecinos tenía dificultades económicas y no podía ofrecer una dote a su hija que estaba por casarse. Entró en la casa del vecino sin ser visto y dejó tres bolsas con monedas cerca de la chimenea. La joven se casó, y desde entonces empezó a popularizarse la costumbre de intercambiarse regalos para la Navidad.

Aunque la tradición procede de San Nicolás, la imagen familiar de Santa Claus con el trineo, los renos, y las bolsas con regalos es una invención norteamericana, también responsable de la imagen popular de Papá Noel, quien apareció vestido de rojo, con cinturón y botas negras en 1931, para la publicidad de una conocida gaseosa. Los chicos pueden pedir a Papá Noel lo que se les ocurra en sus cartas, y ni siquiera es importante que él traiga todo, alcanza con poder soñar y pedir…

¿Cómo podemos hacer para que la Navidad dure un poco más y sea recordada por nuestros chicos? En primer lugar, anticipando la celebración (eso es lo que significa la palabra adviento), al elegir alguna o varias de estas opciones:

  • Calendario con ventanitas para abrir todos los días, hasta el 24.
  • Corona con 4 velas, para encender una por semana y rezar.
  • Armar el arbolito y el pesebre el 8 de diciembre.
  • Ensayar y representar un pesebre viviente.
  • Practicar villancicos para el 24 a la noche.
  • Contar un cuento navideño por día (cuentos que se guardan hasta la próxima navidad).
  • Escribir la carta a Papá Noel con los encargos.
  • Armar juguetes para ayudar a papá Noel.
  • Hacer tarjetas navideñas caseras y hornear masitas, para regalar.
  • Encender el arbolito todas las noches.
  • Armar canastas navideñas para los necesitados.
  • Inventar (o sostener y enriquecer) un ritual familiar para el 24 a la noche , el 25 y el 6 de enero, con la llegada de los Reyes Magos.
  • Culminando con las celebraciones eclesiásticas y el encuentro de “familia grande” en esas fechas.

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Gracias a estos rituales, recordaremos la magia de esos días toda nuestra vida y la repetiremos con hijos y nietos. Somos los “herederos” de una tradición muy antigua, que representamos para los más chiquitos y ellos, a medida que crecen y lo descubren, colaboran en el mantenimiento de esa magia navideña para sus hermanitos menores.

¡Qué bueno sería que no nos plegáramos a la sociedad de consumo y que los regalos no fueran el único eje de la celebración! Pero cómo nos cuesta… porque padres, tíos, padrinos y abuelos queremos el reconocimiento de los chicos (¡ay, nuestro narcisismo!). Cuando todos sabemos que lo realmente importante es conservar y reforzar la fiesta familiar/religiosa, incluso colaborar, y pedir la colaboración de nuestros hijos, para que todos los chicos del mundo tengan una Navidad mágica.

 

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