Última Edición

Sophia - Despliega el Alma

  • Seguinos

POR Maritchu Seitún - Hijos

16 octubre, 2015

Madres suficientemente buenas

¿Existen las madres perfectas? ¡Por suerte no! Y, como madres imperfectas, tenemos mucho trabajo por delante para hacer de ese "defecto" nuestra gran virtud.

Muchas veces he recurrido a estas tres palabras, un fascinante concepto de Donald Winnicott  (1896-1971) que retomo para entender y explicar que la madre perfecta no solo no existe sino que, de ser posible, sería perjudicial para su hijo.  El célebre pediatra, psiquiatra y psicoanalista inglés usó el término para los bebés, pero es igualmente aplicable para los hijos cuando crecen.

Decimos que una madre es suficientemente buena cuando se adapta a las necesidades de su bebé y, por lo tanto, sus respuestas son adecuadas (la mayor parte de las veces) a sus reales requerimientos. Implica que puede fallar algunas veces sin que esto dañe el desarrollo del bebé y que esos errores (que en psicología llamamos “fallos”) incluso ayudan al niño a descubrir que hay un mundo más allá de su mamá.   

Si, en cambio, la mamá fuera “perfecta” y nunca se retrasara, se equivocara, se distrajera o mirara hacia otro lado (al papá, a los hermanos mayores, al trabajo o a una amiga), el bebé permanecería en un vínculo simbiótico con ella porque al estar satisfechas sus necesidades no surgiría el deseo, el aburrimiento, el interés, ni la necesidad de buscar otras personas o relaciones. Por todos estos motivos, entonces, ¡bienvenida la madre imperfecta!

Andamos las madres por la vida con nuestra madre (y abuela, y bisa-buela) perfecta y “abnegada” (esforzada, sacrificada, eternamente postergada) dentro de nosotras. Esa mujer que estaba en casa y cuya identidad giraba alrededor de su marido y de sus hijos no conocía este concepto de “madre suficientemente buena”. Nos cuesta salirnos de ese modelo que tenemos grabado a fuego en nuestro interior sin darnos cuenta de que terminamos haciendo todo lo que “corresponde”, lo que “tenemos que hacer”, con mucha obligación y poco disfrute y placer, y finalmente lo que ofrecemos es de peor calidad que si nos animáramos a ser madres más imperfectas y, en definitiva, más humanas.

Ser “suficientemente buena” para cada mamá implica cuestiones distintas: para alguna puede significar no ofrecer comida sana todo el tiempo; para otra tolerar un uniforme manchado sin necesidad de salir a lavarlo y secarlo a las seis de la mañana. Y para una tercera, que una tarea pueda quedar incompleta, o que la abuela le dé una mamadera o bañe al bebé mientras ella va al cine y se toma un rato con una amiga.

La madre imperfecta que propongo se deja ayudar, conoce y atiende sus necesidades personales, y gracias a eso sonríe más. Tiene ganas de pasar tiempo con los chicos porque elige hacerlo sin sentirlo como una pesada obligación.

La madre que quiere ser perfecta, en cambio, la que está en todos los detalles, está tan pendiente de todo que difícilmente disfrute de la vida y además muestra a sus hijos lo agotador, trabajoso y complejo que es cuidarlos. Frente a eso, ellos pueden sentirse culpables e incluso no querer crecer para no asumir semejantes compromisos.

En los encuentros cotidianos con una madre afectuosa y suficientemente buena, el bebé gana seguridad tanto física como emocional. A medida que crezca, ese niño descubrirá, con alivio, que a esa mamá suficientemente buena y no perfecta le alcanza con su hijo suficientemente bueno, ¡que ella tampoco lo necesita perfecto!

ETIQUETAS crianza hijos

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Comentarios ()