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POR Maritchu Seitún - Columnistas

3 septiembre, 2018

Los chicos y la solidaridad

Ellos nos escuchan, pero sobre todo nos miran. Y aprenden del ejemplo que les damos en casa diariamente. ¿Por qué no aprovechar esa valiosa oportunidad para llevar adelante actividades solidarias en familia?

¿Cómo acompañar a nuestros hijos a atender y desarrollar su impulso solidario? El interés y la preocupación por los demás surge de manera espontánea a medida que los chicos adquieren empatía y pueden ponerse en el lugar de otros. Cuando ven, por ejemplo, a una persona que vive en la calle, es la capacidad de identificarse con ese otro que no lo está pasando bien la que refuerza en ellos el deseo de ayudar.

Ante las primeras expresiones, será importante no dejarlas pasar, sino desplegar y soplar ese comentario –como una chispa–, aunque de ningún modo significa que estén listos para cederle a esa persona su cuarto o su plato de comida. Estamos ante los inicios de un “darse cuenta” que los adultos podemos desperdiciar distrayéndolos para que “no sufran”, o bien aprovechar para encaminar alguna acción sencilla que los comprometa, como acercar un plato caliente a otro sin que eso implique quedarse sin su comida o regalar su plato sopero preferido.

Estas primeras conversaciones nos dan la oportunidad de charlar sobre otras acciones solidarias que podemos hacer como familia (tejer cuadraditos de crochet para una manta, compartir juegos o regalar un juguete que los chicos ya no usen, alentándolos sin forzarlos).

Por dónde empezar

Hay muchas ONGs que trabajan por la infancia con mucho amor y energía. Se puede ir viendo la manera de colaborar con el trabajo que llevan adelante, eligiendo una forma en la que los chicos puedan participar. A ellos les va a encantar ser parte de las actividades para ayudar a otros niños. Te proponemos algunas: 

♥ Fundación Sí www.fundacionsi.org.ar
♥ Haciendo Camino www.haciendocamino.org.ar
♥ Fundación Garrahan www.fundaciongarrahan.org.ar
♥ Cumplesueños Facebook/orgcumplesuenos
♥ Unidos para Ayudar Facebook/UPAUnidosParaAyudar

En condiciones ideales, al crecer somos solidarios porque internalizamos de nuestros padres –figuras de identificación– una sensación de suficiencia o abundancia. Hasta cierta edad, los chicos todavía compiten por la porción del pedazo de torta, por la falda de mamá o por la atención de papá. No estarán listos para compartir lo que tienen hasta que se sepan valorados y amados en abundancia, o lo suficiente. Podrán dar cuando hayan recibido mucho, como un vaso lleno que empieza a desbordarse y ya no necesita más.

Incluso pueden descubrir el valor de dar con cierto dolor o sacrificio, al tener esa sensación interna de abundancia. Esta es la solidaridad auténtica, la que viene desde el verdadero self y no desde el intento de agradar a papá y mamá, o por miedo a desilusionarlos o perder su amor.

Nosotros, los adultos, podemos transmitirles tanto nuestra sensación de abundancia interna como de escasez. Para promover la solidaridad, lo primero que hacemos es estar con ellos y entregarles nuestro tiempo, reconocimiento y aceptación. Lo segundo será que puedan ver nuestra actitud solidaria y colaborar (hacer cajas de Navidad, participar de Un techo para mi país, ayudar a un comedor o a una ONG, juntar tapitas para el Garrahan). Los estudios indican que los niños aprenden en un 80 a un 90% por imitación e identificación con aquello que nos ven hacer como padres y solo en un 10 a un 20% por lo que les decimos.

Estemos atentos a que los chicos no nos vean desesperanzados, diciendo todo el tiempo que la vida es difícil. Busquemos no presentarles a diario un “sálvese quien pueda”, o un vivir en el puro presente, sin proyectos y sin realizar acciones solidarias ni comprometernos. Cuánto mejor es que puedan vernos motivados en lugar de vernos esperando que, por arte de magia y sin esfuerzo, vengan tiempos mejores.

De nosotros aprenderán el deseo y la alegría de ayudar a mejorar nuestro entorno ¡y el placer de lograrlo! Como dijo el escocés Peter Marshall (1902 -1949), cuya vida inspiró una película y a muchos otros, “un mundo diferente no puede ser construido por gente indiferente”.

“Los estudios indican que los niños aprenden en un 80 a un 90% por imitación e identificación con aquello que nos ven hacer como padres y solo en un 10 a un 20% por lo que les decimos”.

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