Sophia - Despliega el Alma

POR Maritchu Seitún - Columnistas

7 marzo, 2019

La vuelta al colegio como oportunidad

Cada vez que nuestros chicos vuelven a las aulas, padres y docentes nos unimos en una misma inquietud: intentar que la escuela y la casa se nutran mutuamente a la hora de brindarles contención y conocimientos. ¿Y si armamos el mejor de los equipos para lograrlo?

Los chicos no van al colegio solo para aprender a leer y escribir.  Son muchos los aprendizajes que ocurren durante las horas que están lejos de casa y de sus padres.

Ellos llevan al colegio todo lo adquirido en casa, principalmente su fortaleza interna y los recursos que fueron incorporando,  su confianza en sí mismos y en su capacidad de aprender, su tolerancia a la frustración  y su capacidad de espera, de esfuerzo y de manejo del estrés.

«Los chicos no van al colegio solo para aprender a leer y escribir.  Son muchos los aprendizajes que ocurren durante las horas que están lejos de casa y de sus padres».

Llevan el haber aprendido –o no– que las cosas no siempre son como uno quiere, que tienen que hablar de lo que les pasa y confiar en que van a ser escuchados y atendidos, que pueden pedir ayuda, que su libertad termina donde empieza la de otro (mamá, hermano, amigo, primo). Que no son los únicos ni los principales, y que eso tampoco los convierte en los últimos o los peores.

En el colegio se juntan chicos con distintas modalidades de educación y aprenden, con el acompañamiento de los docentes, a convivir con esa diversidad. Año tras año adquieren destrezas académicas, sociales, emocionales, deportivas, musicales, artísticas, pero no todos las mismas ni tampoco al mismo tiempo.

Los padres los mandamos a clase cada mañana y ellos vuelven distintos, más experimentados, a veces magullados, otras orgullosos, a veces sonrientes, otras angustiados, ¡y siempre cansados!

Un espacio de encuentro

Padres y docentes estamos en el mismo equipo, escuchemos lo que el resto tiene para decirnos, no entremos en cinchadas agotadoras e infructuosas para intentar demostrar que otra persona hizo las cosas mal, que tiene la culpa de lo que ocurre, ya sea que el niño no aprenda al mismo ritmo que sus compañeros, no quiera quedarse en el colegio, tenga problemas de integración, le cueste quedarse quieto, etc…

Hay padres a quienes les cuesta poner límites, hay chicos que no pueden prestar atención, hay docentes que tiene poca empatía con algún niño o con alguna dificultad, por poner solo alguna de las situaciones que se ponen sobre la mesa con el comienzo de clases y las presiones que conlleva.

Seguramente todos, padres y docentes, venimos haciendo las cosas lo mejor que podemos. Armemos equipo: padres abiertos a escuchar lo que cuentan los maestros y maestros atentos a lo que relatan los padres, sumando nuestras percepciones a las suyas para enriquecernos todos y lograr una síntesis que ayude a cada niño.

«Armemos equipo: padres abiertos a escuchar lo que cuentan los maestros y maestros atentos a lo que relatan los padres, sumando nuestras percepciones a las suyas para enriquecernos todos y lograr una síntesis que ayude a cada niño». 

Cuando estamos a la defensiva (ya sea protegiéndonos o contraatacando), no podemos pensar correctamente. Los chicos no pueden crecer si el ambiente no es propicio, y los adultos tampoco. Y estar a la defensiva no es un ambiente propicio para nadie.

No hay una sola versión de cada niño, sino muchas. Por eso, las opiniones aparentemente contradictorias pueden ser todas ciertas. La tarea de los adultos reside en integrar esas versiones y en colaborar para que cada niño alcance la mejor expresión de sí mismo. Pero eso no siempre significa que se quede quieto, termine a tiempo, entienda todo, se integre bien al grupo.

Padres, no olvidemos pasar todos los días un rato de calidad con cada uno de nuestros hijos. Durante el año escolar el tiempo nos corre a todos y ellos lo necesitan tanto como en las vacaciones.

Docentes, ofrezcamos a  cada uno de nuestros alumnos un minuto de encuentro personal: una mirada, un guiño de ojo, una sonrisa; de modo que se sientan vistos dentro del grupo. Ese minuto que se repite todos los días resulta muy potente y a la vez será potenciador a lo largo del año.

Padres, confiemos en la institución que con tanto esfuerzo elegimos para nuestros hijos. Hablemos de lo que nos incomoda o de lo que querríamos cambiar con los adultos y no con los chicos.

Docentes, directivos, hablemos con esos padres que nos escuchan y se benefician con nuestro acompañamiento y ayuda. Armemos entre todos un equipo, de modo que los chicos resulten atendidos y cuidados, tanto como lo está la más chiquita de las mamushkas, las tradicionales muñecas rusas: amparada por las otras, más grandes y experimentadas…

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