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POR Adriana Amado - La mujer en los medios

16 febrero, 2016

La mujer del norte y la reina del sur

Todos apuntan contra Kate del Castillo, la deslumbrante actriz mexicana vinculada al narcotraficante Joaquín "Chapo" Guzmán que produjo la entrevista con Sean Penn. ¿El pecado de ser mujer e hispana?

Te cuidaré más que a mis ojos” filtraron fuentes oficiosas que no respetan una declaración de amor. O la confunden con una prueba de otros delitos con que acusan a la destinataria con penas más prosaicas que las del amor desencontrado. La busca la Subprocuradoría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada mexicana. Pero también toda la prensa rosa mundial que nunca antes había tenido tanto interés por Kate como hasta ahora, cuando nadie puede dar con ella.

Ahora no pasa un día sin que se la mencione, aunque la prensa global solo encuentre unas pocas fotos de archivo para ilustrar los chismes. La imagen más repetida ni siquiera es de Kate persona, sino del personaje que la muestra de piernas interminables y mirada sensual, en “La reina del sur”, telenovela estadounidense basada en la novela de Arturo Pérez Reverte, escritor español que narró la historia de Teresa Mendoza, narcotraficante mexicana. La realidad de la una y la ficción de la otra se confunden en el último protagónico de Kate del Castillo, soberana de la cultura masiva con apellido de cuento.

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Tuits van, mensajes vienen, la mexicana -como también se hacía llamar en la novela-, estuvo platicando con Joaquín el Chapo Guzmán que como todo poderoso contemporáneo soñaba con contrarrestar las imágenes de delincuente desalmado con que lo pintan los medios con su propia película. No fuera que le pasara como a Pablo Escobar, que quedará como “El patrón del mal” porque llegó tarde a producir su telenovela. Y quién mejor que la reina del norte del sur para contarla, que tomó la delantera de muchas productoras que andaban tras los hechos y los derechos para contar la vida del narco-star. En el medio, aparece Sean Penn en su papel de periodista de celebridades controvertidas, como esos presidentes pop que convierten en comunicado oficial el retrato con Sean. Foto idéntica (se ve que es de rigor) Sean le pidió al Chapo como prueba de su nueva conquista periodística (Si pudiéramos darnos la mano, mirando a cámara, pero no sonriendo, describe en la revista Rolling Stone el momento).

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Penn dice no entender español más que después de varios tequilas, pero menos se entiende cómo se arma semejante cártel sin personas que hablen inglés. Con un tipo tan ajeno, Kate fue intérprete necesaria además de productora imprescindible del encuentro y, según da a entender el cronista, señuelo que entusiasmó al prófugo para aceptar la entrevista que precipitó su captura. Como si fuera poco, en el viaje de vuelta la pusieron de conductora para disuadir los retenes. Sin embargo, siendo que sin ella claramente no hubiera habido nota, no figura como coautora, pese a que, como le reveló a la periodista Lydia Cacho, lo solicitó.

Será que lo hizo con menos insistencia que la que Sean Penn tuvo para pedirle a la actriz que reclamara a sus contactos las pobres fotos que ilustran la deslucida crónica y el video en el que volvieron las parcas respuestas a las malas preguntas del actor. “Pinche pesado y prepotente” dice Penn que decía el mensaje que acompañaba el material. El tipo, que tiene la gentileza de aclararle al Chapo y al lector que por su crónica no cobraría un peso (porque dice que no cobra cuando hace de periodista), no tiene la generosidad de compartir el crédito de la nota. Por ese acto, deja en riesgo a Kate al habilitar suspicacias sobre las razones que tuvo para correr tremendo riesgo, que a él no se le plantearon. Protagónico estelar para Míster Penn. Supporting role para Kate. En Hollywood, se sabe, hombre norteamericano vence a mujer hispana.

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Las autoridades mexicanas decidieron sobreactuar su persecución al crimen organizado a ver si reivindicaba en la persona de la actriz la humillación que les había infligido la fuga espectacular del narco más famoso. El juicio público la trata como si viviera en su narconovela, olvidando que en el tuit que empezó todo, en 2012, Kate invitó al Chapo a traficar con amor en lugar de con drogas y personas. Ni siquiera pesa su activismo contra la violencia hacia las mujeres, que le consiguió el título de Embajadora Corazón Azul de la ONU. Kate paga por sus crímenes de ficción o por las gracias que cautivaron al criminal más buscado y que lo ilusionaron con la visita de la mujer, una película producida y protagonizada por ella y un tequila que lleva su imagen, que ofreció destilar con sus millones.

Sería divino” respondía del Castillo a la propuesta de inversión del abogado de Guzmán, en otro de los mensajes encriptados que las autoridades decidieron filtrar para alentar las fantasías de las audiencias globales. Y para abrir otra investigación por destilado de agave, venta anticipada de tequila aún no producido, para sumar a tantos delitos que se especulan contra la actriz en su país de origen y en el de adopción, donde la amenazan con revisar el proceso por el que obtuvo su ciudadanía norteamericana. Porque la señora del Castillo además de mujer, es inmigrante latina.

Desde que salió la nota en la Rolling Stone, Kate tuvo que litigar ya no para defenderse sino para que el Estado mexicano se ajustara a la ley, como analiza el profesor Ernesto Villanueva, quien enumera las atrocidades que en estas semanas se han cometido contra la mujer: “violación de su derecho a la presunción de inocencia, falta al debido proceso, intercepción inconstitucional a sus comunicaciones privadas, indicios razonables de uso de recursos del erario para una campaña mediática ajena al interés público y al Estado de derecho”. Eso sin contar los abusos de los medios que se hacen eco de las filtraciones y las sospechas, que se multiplican en las redes, tan afectas al eco del “ella se lo buscó”.

Si el episodio vino a confirmar las escasas dotes periodísticas de Penn, también mostró que el actor ni siquiera estuvo al papel de “Rango”, la iguana gringa perdida en la frontera. El dibujo animado al que dio voz su colega Johnny Depp por lo menos buscó la justicia para sus eventuales compañeros de aventura con más agallas que las que declaró ese cronista todo el tiempo temeroso de que le cayera la DEA y que de tantos nervios se desgració al despedirse de su entrevistado (anécdota innecesaria que cuenta sin más reparo que un “perdón” entre paréntesis).

Pero el mundo seguirá siendo más condescendiente con un guapo pelele que con una mujer ambiciosa, que para colmo rehúye del papel de enamorada. Con todo, no hace falta agregarle un pesar y mencionar que ni Kate del Castillo es una gran actriz ni que sus narconovelas son para recomendar. Puede que todo el asunto sirva para para promocionar sus culebrones mediocres, pero con la misma intensidad con que desprestigia a una mujer fuera de serie.

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