Sophia - Despliega el Alma

POR Virginia Gawel - Columnistas

5 mayo, 2014

La mente es como una raíz

Como responsables de nosotros mismos, nos dice Virginia Gawel, tenemos derecho a boicotear aquello que nos hace daño y a elegir regar nuestras vidas de la belleza del mundo y las compañías nobles.

Cuando yo era jovencita tenía un maestro (¡después ya no!). El maestro Po. Sí, el de la vieja serie Kung Fu; (cuyo guión contenía las bases del Taoísimo y mucho del Budismo). Allí estaba yo, cada día, con un cuaderno que aún conservo, anotando las palabras de aquel viejo sabio y ciego que decía exactamente lo que yo necesitaba escuchar en medio de mi páramo adolescente.

No tenía posibilidad de comprar libros sobre estos temas (y casi no los había), de modo que sus saberes regaban una sed que yo ni sabía que tenía. (Esa sed luego marcó mi vida hacia donde fue: ¡bendito sea aquél maestro Po que le hizo compañía a aquella pequeña solitaria!)

Un día el maestro Po le dijo a su discípulo, el “pequeño Saltamontes” (como le llamaba) algo que marcaría el resto de mi vida; así funciona la palabra justa cuando cae como semilla en el justo surco: germina inagotablemente. Esas palabras fueron: “La mente es como una raíz: absorbe todo lo que toca”.

Quedaron tatuadas en mi cerebro; al instante siguiente, ya era adulta. En lo profundo, esto que digo es exacto: asumí que era responsable de mi vida, como en una epifanía. Y sobre todo me di cuenta de que necesitaba desde ese momento hacerme cargo acerca de con qué elegiría regar esa raíz: qué tipo de lecturas, conversaciones, películas, entornos, personas, lugares…

Empezó a ser vital para mí llevar mi mente a donde pudiera ser regada con buenas aguas, evitando a su vez aquello que le hiciera mal, para que se fuera volviendo fuerte y sensible a la vez. Lo hice como pude: con errores y aciertos. Pero valoro inmensamente ese instante de precoz lucidez (seguramente similar a ciertos momentos preclaros que ustedes mismos han tenido).

Empezó a ser vital para mí llevar mi mente a donde pudiera ser regada con buenas aguas, evitando a su vez aquello que le hiciera mal, para que se fuera volviendo fuerte y sensible a la vez.

Comenzando a mirar el mundo vi que lo que podríamos llamar “el Sistema” (¡la Matrix!) estaba organizado para sitiar la mente del ser humano, para que su raíz absorbiera publicidad, dogmas, chismerío barato, y, sobre todo, se mantuviera en su nivel de discernimiento más primitivo. Hoy mismo, si encendemos la radio o la TV hallaremos que, por ejemplo, el escarnio, la obscenidad presentada como “talento”, la maledicencia, la pendencia abierta y vulgar se replican como “contenido para el gran público”.

¿Elijo ser parte de ese “gran público”? Si lo elijo la consecuencia es ésta: mi raíz irá absorbiendo esos materiales (aun desde lo subliminalmente inconsciente) y, en mi vida personal, me mantendré funcionando desde las zonas del cerebro menos evolucionadas. De hecho, ese tipo de “contenidos” están destinados a la parte del sistema nervioso central que compartimos con los reptiles y los mamíferos menos desarrollados.

Así, el cerebro (y con él, la mente) es entrenada por el Sistema para mantener bien activa esas zonas (permeables inclusive al deseo que la publicidad suscita, tal como el animal no-humano desea aquello de lo que siente rico olor); a partir de ello leemos nuestras vidas de manera pobre, con significados retorcidos, partiendo de la competitividad, la pequeñez relevada, la hostilidad interpersonal (como lo muestran los “debates” entre vedettes, políticos o demás “figuras”).

Se valida como estilo de comunicación cotidiano la “frontalidad”, la “sinceridad”, la “autenticidad”: eufemismos para la agresión más llana atrapada por una pantalla y por las redes sociales. En verdad sólo se trata de valores en estado de caducidad… pero con alto rating. Egos paspados tratando de raspar a otros Egos para que se paspen más y más… Tristes minutos de fama y necesidad de producir interés en el “gran público” (interés que nace de la “mente macaca”, como se dice en el Budismo, con el perdón de los macacos; todos tenemos esa zona de la mente. El punto es: ¿la ejercitamos con estos “contenidos” como para luego desde allí decidir nuestra vida?).

“Comenzando a mirar el mundo vi que lo que podríamos llamar ‘el Sistema’ (¡la Matrix!) estaba organizado para sitiar la mente del ser humano, para que su raíz absorbiera publicidad, dogmas, chismerío barato, y, sobre todo, se mantuviera en su nivel de discernimiento más primitivo”.

Alimentar nuestra raíz con lo que el Sistema inyecta puede derivar en una vida vincular paupérrima o teñida por pequeñeces instintivas (como los celos, el chismorreo, la curiosidad insana, el “sincericidio” o el drama actuado que ofrecen las novelas de la tarde y las películas baratas). Pero hay algo más grave: en casos extremos esto deriva en la violencia interpersonal como, por ejemplo, la de dos chicas que desfiguran a golpizas a una tercera, o una madre le pega a la profesora de su hijo. (Qué hay de diferente entre esos hechos con lo que los medios validan como algo “de interés popular”, guerreando modelos contra coristas y sindicalistas contra políticos en ausencia total de honorabilidad alguna?). Pero eso vende. ¿Quiero comprarlo? ¡Mi raíz no!

Quiero que mi raíz no se tiña de sangre ni de aguas cloacales. Quiero que mi raíz se alimente de gente noble que me enseñe cosas. Quiero ser parte activa para alimentar raíces tan sedientas como la de aquella chica que tomaba nota de las enseñanzas del maestro Po. Somos responsables de trabajar con nosotros mismos. Y tenemos derecho a boicotear lo que hace daño a la mente y a la sensibilidad: denunciarlo activamente, para que quien está hipnotizado todavía por ello, quizás… despierte. La ignorancia también se cultiva, y rige a los países, al mundo.

A cuidar de nuestra raíz, y generar lo que haga bien, lo que sea alimento fértil, como cada uno pueda, para quien lo sepa recibir. A tomar responsabilidad por sí mismo y por el entorno más inmediato. Hay mucha Belleza también en este mundo para convidar y hacer valer.

Cierro con un poema del querido poeta persa Rumi, que hacia el 1200 escribió:

Mira al espíritu
como se funde con la tierra
dándole nueva vida.

¿Por qué estás tan preocupado
con esto o aquello, lo bueno o lo malo?
Pon atención a cómo se unen las cosas.

¿Por qué hablar acerca de todo
lo conocido y lo desconocido?
Mira también como lo conocido

se convierte en lo desconocido.

¿Por qué pensar por separado
acerca de esta vida y de la siguiente
cuando apenas si hemos nacido de la ultima vida?

Mira a tu corazón y tu lengua:
uno se siente sordomudo,

el otro habla por medio de palabras y señales.

Mira al agua y el fuego

a la tierra y al viento,

amigos y enemigos al mismo tiempo

El lobo y el cordero,
el león y el venado,
tan lejos y tan cerca uno del otro

Mira la unión de este invierno y primavera
manifestada por medio del equinoccio.

También ustedes deben unirse mis amigos,
al igual que el cielo y la tierra
se han unido solo por ti y por mí

Se como la caña de azúcar:
dulce pero callada;
no te mezcles con palabras amargas

Mi palabra brota
desde el centro mismo de mi corazón.

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