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Sophia - Despliega el Alma

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POR Cristina Miguens - Columnistas

30 junio, 2015

La caída de los ídolos

Cuando los valores morales y espirituales se corrompen, se derrumban los ídolos de barro. Un llamado a reflexionar acerca de todo eso que el dinero no debe comprar, en pos de librar una batalla ética.

 

No me gusta el fútbol, por eso el escándalo de los barrabravas de Boca con el gas pimienta en el superclásico me indignaba más, en especial por el siniestro rol de la AFA. Para peor, pocos días antes se había difundido la noticia de que el oficialismo había archivado sin tratamiento el informe de la Auditoría General de la Nación sobre Fútbol para Todos.

Me tomé el trabajo de ir a escuchar la presentación del auditor radical Alejandro Nieva convocado por la Universidad de San Andrés, quien explicó las irregularidades del contrato con la AFA y el manejo discrecional del Estado que gastó, casi $3100 millones solo entre los años 2009 y 2012 sin control alguno. Para este año, FPT, órgano de la propaganda oficial, nos cuesta a todos los argentinos más de $5 millones diarios. ¡Medio millón de dólares por día, para bancar ese espectáculo (de interés casi exclusivo de los varones) que casi siempre termina en desmanes, heridos, cuando no un muerto.

La AFA ha tenido innumerables denuncias por corrupción en los últimos veinte años pero ninguna prosperó. El episodio del gas pimienta mostró como nunca la eficacia de las redes mafiosas de connivencia entre los dirigentes de la AFA y la sociedad (empresarios, clubes, fuerzas de seguridad, jueces, fiscales, gobiernos, sindicalistas y políticos) para proteger y encubrir a los delincuentes. Impúdicamente quedó a la vista la enorme trama de corrupción del fútbol. Lejos del amor a la camiseta y al deporte, lo que hay en juego es dinero y mucho, capaz de comprar muchas voluntades y, sobre todo, impunidad. Los estadios son zonas liberadas para delincuentes, barrabravas y narcos, y aunque las hinchadas visitantes están prohibidas –único caso en el mundo–, la violencia crece a la par del negocio.

Un conejo de la galera

En esos días de mayo estaba como aturdida con este cocktail letal de violencia, corrupción y fútbol; los femicidios diarios y la campaña #NiUnaMenos; la farándula tinelliana de mujeres desnudas y candidatos que bailan; los ataques a la Corte Suprema de Justicia y al doctor Fayt; las denuncias sobre barrabravas con nombre y apellido que siguen libres; la parálisis de las causas contra Boudou y los empresarios del poder; la fraudulenta no investigación de asesinato del fiscal Nisman… todo esto mientras la Presidenta inauguraba una obra faraónica (e inconclusa) que dedicaba a su querido difunto esposo y organizaba una megafiesta “patria” pop en la Plaza con música y fuegos artificiales para homenajearlo.

No era solo el fútbol, era todo. La Argentina se ha vuelto un país violento y machista, enfermo de codicia y corrupción, cuyas redes mafiosas alardean su impunidad porque están infiltradas hasta la médula en la Justicia y otras instituciones públicas y privadas, como la metástasis de un implacable cáncer que avanza y va por todo.

Estaba angustiada. Pero el 27 de mayo, una vez más, Dios sacó un conejo de la galera, lo que los politólogos llaman un “cisne negro”. El último había sido en 2013: la elección de Bergoglio como papa Francisco (primer jesuita y latinoamericano), que se ha convertido en un líder espiritual global y que con sus gestos de sencillez y su prédica a favor de la paz, la solidaridad y la justicia, está cambiando no solo el Vaticano y la Iglesia, sino el mundo. Esta vez, el “conejo” es una mujer y negra, lo que confirma que Dios siempre es creativo y original al momento de intervenir en la historia, y que se manifiesta allí donde no se lo espera. Loretta Lynch, fiscal general de los Estados Unidos, sacudió al mundo entero con un hecho sin precedentes al irrumpir sorpresivamente con Interpol en la FIFA reunida en Zúrich y ordenar la detención de catorce directivos y empresarios –entre ellos tres argentinos–, acusados de “integrar una asociación mafiosa, fraude masivo y lavado de dinero”, situación que describe como de una “corrupción rampante, sistemática y profundamente enraizada”.

No es necesario que me extienda en describir el sistema perverso de sobornos y corrupción planetaria que por varias décadas organizó la FIFA, hoy una mafia poderosa, multinacional y monopólica. Solo un dato: por estatuto la FIFA es una “ONG sin fines de lucro” y factura US$4000 millones por cada Mundial, con los que ha comprado siempre su impunidad. Con la decisión de la fiscal, lo que parecía una poderosa fortaleza inexpugnable se topó finalmente con el peso de la ley. Ya hay varios presos, otros con pedido de captura internacional, y renunció el presidente de la FIFA. Esto para nosotros es solo el principio porque las ramificaciones del cáncer de la FIFA ya están en la AFA, y detrás de la AFA está mucha de la corrupción de nuestro país, la privada seguro pero quizá también la pública, a través de los contratos de FPT. Una bendita e inesperada “quimio” de justicia, que nos regala Dios.

Lo que el dinero no debe comprar

Michael Sandel, reconocido profesor de Harvard, se alarma por la penetración de los valores del mercado en las tres últimas décadas a casi todas las esferas de la sociedad, tanto que sostiene que “pasamos de tener una economía de mercado a ser una economía de mercado. Por eso, se pregunta cuáles son los límites morales ya que “muchos economistas reconocen ahora que los mercados cambian el carácter de los bienes y de las prácticas sociales que gobiernan”.*

Para Sandel los estadios deportivos son las “catedrales de la religión civil” del pueblo americano, espacios públicos donde se congrega gente de distintas clases sociales en rituales de pérdida y esperanza, y la excesiva intromisión del mercado está dañando el espíritu del deporte como encuentro social y cívico. Es habitual relacionar los deportes populares con un sentimiento cuasirreligioso. Pero en la Argentina la pasión por el fútbol se convirtió en un verdadero fanatismo idólatra: se endiosa al club, a los jugadores estrella y a sus símbolos –la pelota, la camiseta, la bandera y todo el merchandising–, y en el altar de los ídolos, los hinchas “dan la vida” y a veces también se la quitan a otro, sin ver que esa pasión está fogoneada por los dueños de un negocio multimillonario.

Ahí está la confusión. Porque cuando el dinero se mezcla con los valores morales y espirituales, como explica Sandel, los corrompe, y el resultado a largo plazo no puede ser otro que el derrumbe de los ídolos de barro. La Argentina toda, y no solo el fútbol, se ha vuelto idólatra y víctima del mercado. Hay un solo pecado: quitarle a Dios el lugar de Dios, y Jesucristo fue más preciso porque identificó al dinero como el mayor ídolo con el que se busca reemplazarlo. También anunció el cambio de era con la llegada del Mesías que vendría en una nube, en forma sorpresiva, y que sería visible por todos: “Porque como el relámpago sale por Oriente y brilla hasta Occidente, así será la venida del Hijo del hombre. Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres” (Mt. 24, 27-28).

Para mí está claro. La intervención de la justicia norteamericana con Interpol en Suiza es signo de que estamos ante un cambio de paradigma, porque gracias a Internet, la corrupción y el crimen organizado –sin fronteras– por primera vez se enfrentan con una justicia que también es global. Por las venas del sistema financiero internacional circula en forma digital todo el dinero, bien o mal habido, y ya no será tan fácil escapar a las denuncias de corrupción. La humanidad está enfrentando una nueva batalla que no es política, ni militar ni económica, sino ética, y la Argentina no está aislada. Alegrémonos: lo que nos parecía imposible, erradicar la corrupción endémica, ya está en marcha. Llega la hora de la justicia.

la caida de los idolos

*Lo que el dinero no puede comprar, Buenos Aires, Debate, 2013.

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