Sophia - Despliega el Alma

POR Cristina Miguens - Punto de Vista

14 diciembre, 2013

La agonía del machismo

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Cada vez más mujeres aparecen en el centro de la noticia, pero casi nunca por las buenas razones. Salimos en “Policiales”. ¿Qué nos está pasando? ¿Qué es lo que nos lleva a caer en esto? El caso reciente de Araceli Ramos, la joven de 19 años asesinada luego de haber concurrido a una entrevista laboral convocada por Internet, puede ser ilustrativo. Según los especialistas el perfil psicopático del principal sospechoso (que se repite en muchos casos) lo muestra como alguien que entabla relaciones intensas con las mujeres, tanto con respecto al deseo como a la necesidad de usarlas y degradarlas. Sus exparejas lo definen como acosador, perseguidor, hostigador en las redes sociales, lugares de trabajo y domicilios de familiares, y su target siempre son mujeres humildes e indefensas. Según la psicóloga Fabiana Tuñez, de la Asociación Civil La Casa del Encuentro, el presunto asesino marca su territorio en Facebook: “Él es el único que la ama, a pesar de que ella tiene otras personas que la quieren. Él es el único que la va ‘a cuidar’ y a ‘rescatar de su vida anterior’ que él considera negativa. Es clásico al inicio del vínculo de violencia. Convertirse en el todo de esa persona”.

Hace poco causó espanto el caso de la joven madre que fue víctima de una organización de trata para los prostíbulos de la Patagonia austral. Fue captada en Tigre con el engaño de una promesa laboral en Río Grande, Tierra del Fuego. Advertida de la trampa, viajó porque la red amenazó con matar a sus hijos y fue rescatada por la Policía de Seguridad Aeroportuaria luego de sufrir una crisis nerviosa al aterrizar el avión. Zafó de integrar la trágica lista de mujeres desaparecidas, con la complicidad del poder político y de los usuarios de los prostíbulos, ya que “sin clientes, no hay trata”. Pocos meses atrás había sido el siniestro asesinato de Ángeles Rawson luego de un intento de violación, presuntamente por parte del encargado de su edificio, que la conocía ¡desde que ella tenía 10 años!

El denominador común que explica toda esta violencia contra las mujeres es el MACHISMO, esa cultura que sigue considerando a la mujer como un OBJETO y, por eso, la toma, la manipula, la explota comercialmente, la usa, la esclaviza y la descarta a su antojo, porque es de su propiedad. Las armas incluyen la fuerza bruta, la amenaza, la seducción, la manipulación psicopática, la extorsión, la mentira, el miedo… El final muchas veces es trágico: mujeres esclavizadas o muertas.

¿Power femenino?

El estereotipo de “mujer-objeto” obviamente no es nuevo, pero a medida que la mujer busca convertirse en “sujeto” de su vida y de sus decisiones, el machismo se renueva y recurre a nuevas formas de manipulación, en especial a través de la cultura y de los medios. La mayoría de las revistas femeninas, las telenovelas y la publicidad nos taladran el cerebro con los peores estereotipos de mujer. El más común es el de sex-symbol, el objeto de placer sexual del varón, a quien debe seducir y conquistar con la belleza de su cuerpo siempre perfecto. Muchas terminan anoréxicas o medicadas; otras, golpeadas o asesinadas por esos mismos varones a los que buscaron seducir, por haber intentado escapar del vínculo. El otro cliché de la publicidad es el de la mujer “liberada” que consume  compulsivamente en los shoppings, por supuesto, los productos que el sistema le dice que debe tener y usar para agradar. La mujer bonita que camina feliz abarrotada de paquetes o que caza las ofertas como mariposas. El estereotipo de la generación anterior, el de la madre abnegada y ama de casa pulcra y servil, ha quedado relegado a las publicidades de pañales, alimentos y detergentes, pero sigue ahí.

La novedad más perversa es la mentira. El marketing actual enmascara todos estos mandatos de sumisión al varón bajo la imagen y el discurso del poder femenino. En septiembre se realizó en Buenos Aires una exposición destinada a las mujeres, convocada por una importante editorial de varias revistas femeninas. La invitación en la Web declaraba, sin medias tintas, su visión y su propósito:

“La mujer se caracteriza por ser única, por tener actitudes, formas de resolver las cosas, contradicciones, sensibilidades, puntos de vista, etc., que la hacen diferente. Y esa cosa única la podríamos pensar como un PODER especial. Un poder que solo las mujeres pueden tener y usar: un POWER FEMENINO. Y con ese POWER FEMENINO las mujeres hacen, compran, eligen, deciden, se divierten, etc. Estamos convencidos de que ESPACIO MUJER es el lugar en donde las mujeres hacen uso de su poder. Por eso las mujeres vienen a ESPACIO MUJER a elegir lo que les gusta, a comprar, a divertirse y a encontrar las cosas que les interesan”.

Me tomé el trabajo de ir a la exposición: mujeres haciendo cola para peinarse, cola para maquillarse, cola para ver el show de un jovencito ídolo mediático, algunas pocas escuchando una charla sobre cocina o consejos de decoración del hogar. Comprobé lo que temía: más allá de algún detalle en las formas, poco y nada había cambiado de fondo en cuarenta años. En 1972 mi madre, María Luisa Bemberg, filmó su primer cortometraje documental durante la exposición “El Mundo de la Mujer”, que se realizó en el mismo predio y fue convocada por una de las mismas revistas. Fue su primera película de denuncia feminista, donde ya ironizaba sobre estos mandatos patriarcales. La que tenga dudas puede mirarla en su página web. Vale la pena. Pero ver el mismo estereotipo de mujer-objeto –que ya era viejo en los setenta– ahora disfrazado de “power femenino” era para llorar. O reír…

La única liberación

La exposición, por grotesca y anacrónica que pudiera parecerme, tuvo un efecto revelador. Como sucede con una caricatura, me mostró de un vistazo lo que a veces por separado cuesta ver: el mensaje machista desplegado con toda su contradicción; la construcción cultural de la “mujer-objeto” –que el mismo sistema manipula y aprovecha– junto con el discurso del poder y la liberación.

El machismo no es lo mismo que la violencia de género, que es siempre de un varón contra una mujer. Es mucho peor y mucho más complejo de discernir y de erradicar porque no es exclusivo de los varones, aunque, digámoslo, ellos encarnan la amplia mayoría del machismo. El mundo todavía está plagado de mujeres machistas que son cómplices porque aceptan la sumisión al varón y así perpetúan el flagelo. En las redes de la trata, sin ir más lejos, intervienen muchas mujeres. En las redacciones de las revistas femeninas que sostienen el adoctrinamiento, también.

Esto es así porque el machismo no tiene sexo, es un espíritu, y por eso es duro de morir: una y otra vez reaparece encarnado bajo otra figura. No suelta su presa así nomás y busca mantener la dominación sobre ella ejerciendo todo el poder, cada vez con más violencia a medida que su agonía le anuncia que se acerca su fin.

El recurso más eficaz del machismo actual es el verso del poder. Sin llegar al ridículo de decir que el poder femenino radica en comprar y divertirse, es cierto que hoy para muchas mujeres la respuesta a la prepotencia de los varones es alcanzar posiciones de poder iguales o mayores. El empoderamiento de las mujeres está entre los objetivos declarados más difundidos de los movimientos feministas. Entiéndase bien: no digo que esté mal alcanzar posiciones de responsabilidad y de poder, ya sea en organizaciones políticas, sociales o empresariales. ¡Excelente noticia! Solo pienso que creer que la liberación se alcanza con el poder es una simplificación, que a diario es desmentida por la realidad: mujeres profesionales y prestigiosas son víctimas de la violencia de género casi por igual que las demás.

Como en una carrera armamentista, buscar más poder para enfrentar al dragón del machismo es una trampa a la que nos lleva la cultura machista. El juego del poder es masculino y para las mujeres puede resultar tan peligroso y desgastante como erróneo. Las que lo intentan dejan jirones de su vida, de su sensibilidad y de su salud física o mental, cuando consiguen sobrevivir al intento. Estoy convencida de que la liberación no es por ahí, porque el poder siempre remite a valores materiales –como la belleza, el dinero, la fuerza o la fama– y por eso nunca podrá terminar con un espíritu. El único poder efectivo que puede enfrentar y vencer al machismo es necesariamente otro espíritu. Ese espíritu es la Sabiduría, que, como dice la Biblia, es un destello del poder de Dios. Y solo frente al poder de Dios, el machismo agoniza y finalmente muere.

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