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POR Maritchu Seitún - Columnistas

26 octubre, 2018

Identidad ¿sexual o de género?

Hoy nuestra columnista aborda un tema que preocupa a muchos padres: los alcances que podría tener el proyecto de modificación de la ley de Educación Sexual Integral, a la hora de brindar a los niños contenidos sobre identidad de género.

Entiendo como identidad sexual a la que viene biológicamente condicionada, lo que dicen los genes. La identidad de género es, en cambio, una construcción cultural que se va armando a lo largo de la vida.

Sabemos que nuestros chicos de 4 o 5 años no están capacitados para tomar muchas decisiones de su vida, desde las más básicas −como la hora de acostarse o si se tienen que bañar o no− a otras más complejas, como el tipo de escolaridad que van a tener o la religión que van a profesar.

Es así porque son chiquitos y su cerebro inmaduro no está preparado, no tienen la integración necesaria entre las distintas partes de su cerebro como para hacerlo. Los padres vamos acompañándolos de a poco y, de nuestra mano, van aprendiendo a tomar decisiones de complejidad creciente.

“Sabemos que nuestros chicos de 4 o 5 años no están capacitados para tomar muchas decisiones de su vida, desde las más básicas −como la hora de acostarse o si se tienen que bañar o no− a otras más complejas, como el tipo de escolaridad que van a tener o la religión que van a profesar”.

Más tarde podrán ser capaces de hacer las cosas por sí mismos, después de haber conversado con sus padres y otros mayores, tras haber recibido la información necesaria sobre cada tema y haber practicado muchas veces esas habilidades junto a adultos que los quieren y los cuidan. Entonces, por ejemplo, sabrán para dónde mirar antes de cruzar una calle.

¿Qué nos hace creer que un niño de esa edad “sabe” cuál es su identidad de género?

Veamos algunos ejemplos de situaciones de la vida diaria, que de por sí no condicionan la identidad futura de esos chicos, pero podrían confundirlos en su camino:

¿Pedro, de 5 años, “sabe” que es mujer y que su anatomía no corresponde a su identidad? Él idolatra a su mamá, pasa mucho tiempo con ella porque el papá trabaja fuera de su casa, la percibe como el centro y eje de su hogar. Esa identificación con una mamá a quien tanto valora podría estar confundiéndolo en la percepción de su identidad de género.

Algo parecido podría ocurrirle a Juana, de 4, segunda hija mujer quien se da cuenta −más o menos conscientemente− de que a su papá le habría encantado que fuera varón.

O a José, de 6, que le tiene miedo a su papá porque es brusco en sus modos y no quiere parecerse a él: lo asusta encontrarse con su propia agresividad, que no vive como sana sino como peligrosa.

Un varón podría sentirse mujer porque le gusta el pelo largo, o el vuelo de las polleras. Una chiquita podría declararse varón porque le encanta jugar al fútbol y trepar árboles y no se identifica con los intereses de sus compañeritas de jardín.

Los ejemplos son muchos, y también las cuestiones a tener en cuenta antes de estar seguros de que corresponde genuinamente a su identidad, por lo que esos niños expresan. Y tienen que pasar varios años para que, en la adolescencia tardía, se confirme (o no) lo que se perfilaba en la infancia de esos niños.

El rol de los adultos

Es cierto que muchos adultos que hoy son homosexuales, por ejemplo, relatan que desde chicos creían estar en el cuerpo equivocado. Pero no todos los que pasaron por esa etapa tuvieron más adelante una identidad de género diferente a la que indicaban sus genes. Respetando por demás las expresiones de los chicos podemos estar abandonándolos, del mismo modo que si los dejáramos irse de casa cuando amenazan hacerlo porque se enojaron con nosotros.

Los chiquitos de 4 y 5 años necesitan información clara sobre identidad sexual: cómo es la anatomía de varones y niñas, qué pasa en la pubertad en cada sexo; quizás algunos pocos necesiten nuestro acompañamiento en el dolor de que les hubiera gustado nacer varón o mujer y también algunas conversaciones interesadas y no invasivas para entender qué aspecto de ese sexo deseado les atrae, a quién les gustaría parecerse o qué no les gusta de su propio sexo.

Tenemos que seguirlos cerca, atentos durante unos cuantos años hasta estar seguros de que tienen claros los hechos biológicos / anatómicos, de modo que lleguen a la pubertad con una base fuerte de información sobre la que anclar la identidad de género que empieza a formarse a esa edad y es una tarea que les llevará toda la adolescencia.

“Tenemos que seguirlos cerca, atentos durante unos cuantos años hasta estar seguros de que tienen claros los hechos biológicos / anatómicos, de modo que lleguen a la pubertad con una base fuerte de información”.

En la mayoría de los chicos, la identidad de género termina coincidiendo con la identidad sexual.

Obviamente, esto no implica presionar, reprimir ni rechazar juegos de ningún tipo: sabemos que presiones, prohibiciones y rechazos tienden a fijar los temas, en lugar de ayudar a resolverlos. Pero no debemos dejar de acercarlos también a los juegos e intereses que parecen no interesarles o incluso al progenitor con el que no se identifican.

Es tarea de los adultos a cargo mantener abiertas todas las opciones para que, llegado el momento de las definiciones, hacia el fin de la adolescencia, puedan definir su identidad de género, dejando abierto el abanico de posibilidades durante los largos años de la niñez y adolescencia temprana. Porque durante esa etapa también vemos dudas de género que pocas veces terminan de confirmarse en la adolescencia tardía o en la adultez joven.

No es casualidad que la mayoría de edad legal con plenos derechos y obligaciones sea a los 18 años.

También ésa es la edad para elegir y empezar una carrera terciaria o universitaria, para planear la vida adulta, para sacar un registro de conducir, para tener una cuenta de banco y tarjeta de crédito propia.

A esa edad, habiendo jugado a todo tipo de juegos, habiendo tenido oportunidad de acercarse e identificarse con diferentes aspectos de sus padres y de otros adultos cercanos, podrán saber cuál es su identidad de género y actuar en consecuencia.

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