Sophia - Despliega el Alma

POR Maritchu Seitún - Columnistas

10 diciembre, 2018

Dar sentido a la Navidad

A través de pequeños gestos solidarios, todos podemos hacer que esta celebración se convierta en un tiempo de compromiso y encuentro. Vivir esta etapa del año conectados con ese espíritu solo depende de nosotros.

Llega una vez más la Navidad, celebración del nacimiento de Jesús que todos recordamos con los regalos que Papá Noel (o Santa Claus) les trae a nuestros chicos, en recuerdo de los regalos que le llevaron los Reyes Magos al niño Dios en el pesebre.  Algunos decimos, en cambio, que los adultos actuamos como representantes del obispo San Nicolás de Mira, que hace ya muchos años hacía regalos a los niños pobres de su ciudad.

Ambas tradiciones, muy antiguas, confluyen. Las recibimos de padres, abuelos y bisabuelos y las perpetuamos al repetirlas con nuestros hijos y nietos.

Pero hoy vengo como el niño del cuento El traje nuevo del emperador, quien denunció a viva voz la estafa de los sastres que tenían embrujado a todo el pueblo gritando en el desfile: “¡El emperador está en calzoncillos!”. Él lo hizo desde su mirada ingenua, limpia, no condicionada por el miedo, ni por lo que otros decían.

Yo, en cambio, hablo desde la preocupación (y no desde mi ingenuidad… o quizás sí), porque veo que estamos atrapados por una sociedad de consumo que nos lleva de las narices (y también a los chicos, se nota en las cartas que le escriben a Papá Noel), porque hay poderosas empresas que en intentos subliminales −y por ello más peligrosos− se esfuerzan por convertir nuestros deseos en necesidades, y a su vez que crean nuevos necesidades y deseos.

No estamos pudiendo ver la realidad a una distancia suficiente como para darnos cuenta, por ejemplo, de que cuanto más específicos son los juguetes menos duran en el interés de nuestros chicos, que los viejos juguetes genéricos eran maravillosos y que los chicos no necesitan recibir tantos regalos: basta con uno o dos bien pensados.

El verdadero espíritu navideño

¿Cuántas decisiones tomamos realmente nosotros y en cuántas nos dejamos llevar por ese titiritero invisible llamado sociedad de consumo?

Puro amor

Hay muchas maneras de hacer algo, por pequeño que sea, para lograr que más familias puedan celebrar. Te compartimos algunos de los proyectos navideños más lindos y solidarios de nuestro país:

Nochebuena para Todos: Si querés llenar de sentido la Navidad y vivirla de una manera distinta, prepará una caja de Nochebuena para una familia que vive en situación de pobreza nochebuenaparatodos.org

Haciendo Camino: La ONG que trabaja para combatir la desnutrición en nuestro país te propone donar $500 para armar una caja navideña que será enviada a familias pobres del norte argentino haciendocamino.org.ar 

Fundación Sí: Como cada año, la fundación organiza una super colecta de juguetes. También podés colaborar con alimentos para preparar la comida para las #RecorridasNocturnas del 24 y 31 de diciembre fundacionsi.org.ar 

Caritas: Bajo el lema “En esta Navidad la esperanza sos vos”, te invita compartir solidariamente con los que menos tienen y así sumar tu compromiso para construir entre todos una sociedad más justa y más inclusiva caritas.org.ar

Todos podemos convenir con nuestros familiares en bajar el tono de la celebración y los regalos, ya sea por necesidad, por prudencia, por sobre todo para ayudar a que todos los chicos argentinos reciban un regalo y se reúnan alrededor de una mesa para una comida de celebración.

Para eso hace falta la solidaridad de todos aquellos que sí podemos achicar un poco nuestra fiesta para que haya muchas otras fiestas esa misma noche.

Cada familia decide de qué manera colaborar y es muy importante que nuestros chicos sean parte de nuestras acciones:

• Anotándonos para armar una o más cajas o bolsas de Navidad para las familias de bajos recursos que se inscriben pidiendo nuestra ayuda. Parroquias, escuelas, ONGs y Caritas las organizan y nos envían mails ofreciéndonos oportunidades que a menudo descartamos por apuro o pura distracción.

• Organizando visitas a un hogar de niños, un hospice, un geriátrico, tanto con una guitarra para cantar villancicos como llevando galletitas caseras o cupcakes decorados por nuestros chicos con motivos navideños, o haciendo y llevando regalos hechos en casa, en familia o entre amigos.

• Visitando personas mayores cercanas a nosotros (o no tanto) que están solos, incluso invitándolas a ser parte de nuestra celebración familiar, del 24, del 25, o de fin de año.

• Comprando un regalo más para otro niño por cada regalo que les compramos a nuestros hijos, sobrinos, ahijados y nietos, ya sea para tenerlo con nosotros y entregarlo al chiquito que nos pide una moneda en la calle, o para llevarlo a alguna institución.

• Organizando iniciativas para juntar y donar regalos en nuestros lugares de trabajo, colegios, empresas, clubes, etc…

¡Y todas las opciones que se nos ocurran!

Celebrar desde el alma

Busquemos la forma para hacer que nuestros esfuerzos vayan más allá de nuestro barrio, hasta llegar a los pueblos más alejados con la ayuda de todas las ONGs y fundaciones que en estos días nos piden colaboración para sus acciones solidarias.

Todos los años, con un grupo de amigas, armamos cajas de Navidad para las familias de un jardín de infantes (que sostiene el colegio al que concurrimos hace mucho años). Dos de nosotras fuimos en estos días a comprar lo que necesitábamos, lo pasamos muy bien juntas en esa salida, y volveremos a pasarla bien cuando nos reunamos todas a escribir la tarjeta de Navidad y a preparar todo antes de entregar las cajas, y también disfrutarán las encargadas de hacerlas llegar hasta las familias.

Cada año redescubrimos con ese ritual −que ya no podríamos abandonar− que es más lo que recibimos que lo que damos.

Y como la caridad bien entendida empieza por casa intentemos que la Navidad dure todo el mes en nuestras familias: armar juntos el arbolito y el pesebre, decorar la casa, hacer un calendario de Adviento para ir contando cada día las cosas que fueron ocurriendo a María y José hasta llegar al pesebre de Belén y al nacimiento del niño Jesús, cocinar garrapiñada, o masitas navideñas para regalar a tíos y padrinos, hacer tarjetas o adornos navideños para el arbolito de la familia grande y los amigos, preparar pequeños regalos para los adultos (dulce casero, un dibujo).

Sería una gran pérdida que fueran desapareciendo estos rituales tradicionales: está en cada uno de nosotros el sostenerlos vivos… ¡y disfrutarlos!

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