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Sophia - Despliega el Alma

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POR Adriana Amado - Columnistas

7 septiembre, 2017

Curso de autoayuda en tecnología cotidiana

Vivimos conectados a toda hora y en todo lugar, muchas veces perdiendo de vista los desafíos y peligros que nos ofrece el mundo tecnológico. ¿Cómo salir airosos en la era digital? Una guía de uso y reflexión sobre ese ejercicio misterioso y ajetreado al que nos exponemos cada día.

Las mujeres supimos ser vanguardia tecnológica en una revolución mayor de la que vivimos: un siglo atrás niñas que habían nacido en un mundo sin electricidad, sin servicios sanitarios y sin electrodomésticos incorporaron esos inventos a su vida. Y supieron ser pioneras en tecnologías como la de la máquina de escribir, que las llevó de la cocina a la oficina.

Los teléfonos y las computadoras ya no requieren un curso como el que daba Petrona C. de Gandulfo para usar las cocinas a gas. Y a las que se hacen las frágiles damiselas a la espera de un príncipe que las ayude a operar la computadora les recuerdo que son especialistas en manejar la máquina más compleja y delicada jamás creada. Porque no me vengan con que un teléfono es más complicado de operar que una criatura en desarrollo.

Martina Rua, gran divulgadora del mundo tecnológico, entiende que pensar en “la” tecnología puede sonar imponente, por lo que recomienda “ir de a poco dando pequeñas batallas: bajar la app de WhatsApp, editar una foto, sorprender a amigos con un ‘me gusta’ en Instagram”. De hecho, hoy llamamos un taxi por teléfono, pagamos la luz por Internet o le pedimos un turno a una pantalla. O sea, lo estamos haciendo.

La diferencia entre un niño que juega con la tableta y un adulto que piensa que nunca lo logrará es que la nueva generación acepta que el error es parte de la operación de cualquier aparato. “La idea de que la tecnología es difícil y accesible solo para expertos hace que muchas personas se pierdan de conocerla”, dice Juan Manuel Lucero, especialista capacitador para Google Argentina. Ese terror tecnológico no discrimina género, pero las mujeres podemos tomar la delantera y demostrar que estar organizadas y conectadas con nuestra gente es más importante que el recelo que puedan despertarnos los aparatitos.

“La idea de que la tecnología es difícil y accesible solo para expertos hace que muchas personas se pierdan de conocerla”, dice Juan Manuel Lucero, especialista capacitador para Google Argentina.

→Dispositivos móviles: Deberíamos agradecer que nos toca vivir en la época en que seres queridos y trabajo caben en la cartera. Por eso, si llegáramos a perder el dispositivo que los contiene, es importante que todo esté duplicado en eso que se llama, místicamente, “la nube”. Que no son más que los discos rígidos mejor resguardados del mundo que permiten acceder a los archivos desde cualquier lado (Yahoo, Hotmail, Gmail son eso: nubes). Claro que deberíamos colaborar mejorando la seguridad de nuestros dispositivos. Lucero no se cansa de recomendar en sus cursos poner contraseñas seguras en el teléfono. No solo para evitar que los celosos nos lean los mensajes, sino para impedir que cualquiera acceda a eso personalísimo que guardamos en el móvil. Mejor que ese patrón dibujado es un número de seis cifras como mínimo. Un secreto para que sea difícil de descifrar por los cacos pero fácil de recordar para nosotras es usar las primeras letras de un dicho o de una canción. “Fiesta-que-fantástica-fantástica-esta-fiesta” da la clave “Fqffef” combinándola con las iniciales de cada red para no repetir la misma clave y evitar que si descubren una, ingresen a todo.

→Mensajes: Cada vez abrimos más ventanas de atención al público. Pero cada una debería prestar un servicio: avisos por mensajería, conversación en chats, información por correo. Quien no distinga canales corre el riesgo de ser bloqueado en todos por pesadez virtual. Pensar tres veces antes de publicar nos ahorraría muchos disgustos. Pero si lo hacemos tan compulsivamente como siempre, es bueno saber que el correo Gmail nos permite arrepentirnos: “Muchas veces nos damos cuenta de que olvidamos algo o que no lo redactamos como queríamos. Dentro de los 30 segundos de enviar el mail se puede hacer clic en ‘Mail enviado: Deshacer’ para volver a editarlo ya que en realidad no se envió”, explica Juan Manuel.

Si de tec-compulsiones se trata, nada más insano que las campanitas sonando a toda hora. La vida mejora cuando se programa el telefonito para buscar los mensajes con una frecuencia humana. También es saludable desactivar la recepción en horarios nocturnos. La opción “No molestar” del sistema Android permite programar excepciones al silencio, como los mensajes de los contactos elegidos.

→Agendas: Basta de confundir quién pasa a buscar a los chicos y a qué hora, porque desde cualquier dispositivo se puede agendar un horario para que aparezca simultáneamente en todos los asociados. El Google Calendar permite manejar agendas con distintas personas y en distintos husos horarios. “Mi vida familiar depende de esas citas que nos dejamos entre todos y que son de muy intuitiva configuración”, reconoce Martina.

→Redes sociales: Las redes nos cuidarían más si les diéramos la oportunidad. Podríamos  evitar que sepan desde dónde nos conectamos o excluir ciertos indeseables de los grupos. Cada tanto hay que revisar esas condiciones de privacidad que aceptamos sin leer cuando abrimos la cuenta, para verificar quiénes están viendo nuestras cosas. También ayuda saber que todo lo que publicamos puede hacerse público porque nadie puede impedir que otro reenvíe nuestro secreto. En las redes, como en la vida, mejor no publicar lo que no queremos que se sepa.

Las redes nos llevan a expresarnos sin reflexionar demasiado. El botoncito “Publicar” debería tener varios pasos de confirmación, como “¿Te fijaste que estuviera bien escrito?” o “¿Dice exactamente lo que querés expresar?”. Si insistimos, debería tener una tercera confirmación del tipo “¿De verdad es necesario publicar esto?”. Pero las redes aún no ofrecen tan valioso servicio, así que regalémonos ese cuidado.

→Imágenes: Buscar siempre una conexión Wi-Fi ayuda a ahorrar abono de datos, que desperdiciamos al bajar archivos pesados. A menos que pensemos en ampliar en papel las fotos, estas no necesitan ser de la mejor calidad ya que, además de gastar comunicación, quitan espacio de memoria y lentifican el teléfono. Martina Rua sugiere borrar una vez por semana el material audiovisual que se recibe, en especial por WhatsApp. Y revisar la galería para eliminar esas tomas que repetimos para elegir la que nos muestra más lindas. Las que queremos guardar se pueden sincronizar con algún servicio de archivo, como Dropbox o Google Fotos, que además preservan preciados archivos por si perdemos el móvil o lo ahogamos en el baño.

Y si todo falla, Martina nos recuerda que siempre podemos encomendarnos a San YouTube, “donde un buen usuario ya dejó un video que te explicará el paso a paso”.

Martina Rua, divulgadora del mundo tecnológico, recomienda “ir de a poco dando pequeñas batallas: bajar la app de WhatsApp, editar una foto, sorprender a amigos con un ‘me gusta’ en Instagram”.

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