Sophia - Despliega el Alma

POR Virginia Gawel - Columnistas

1 junio, 2018

«Cuando una sociedad es hostil, lo revolucionario es ser gentil»

Existen hábitos de infelicidad que debemos dejar de lado en nuestra vida. Uno de los mayores exponentes de lo que es la felicidad como práctica es Brother David Steindl-Rast. El propone la gratitud como una práctica cotidiana que nos permite retornar al asombro y la alegría... y ser felices.

En nuestra cultura suena raro hablar en ámbitos académicos acerca de la felicidad. Cuando mis clases están destinadas a psicólogos o psiquiatras suelo preguntar: “¿Quiénes han escuchado en la universidad las expresiones felicidad, contento u otras similares?”. Ninguna mano se levanta.
Allí está el punto: quienes debiéramos formarnos para que el paciente tenga una vida más plena y halle su propio modo de ser feliz ni siquiera hemos aprendido concretamente nada al respecto. Felicidad es una palabra sospechosa y desprestigiada dentro de los sistemas de Salud y Educación. Y la vieja psicología está centrada en el estudio de la patología: los síntomas, los conflictos y los complejos… Y sí, ese es un aspecto de esta profesión. Sin embargo, ¡no debería ser el único!
“Ser feliz es una habilidad, se puede adquirir practicando”, dice el doctor Richard Davidson, neuropsicólogo mundialmente reconocido por investigar los cerebros de personas con esa habilidad altamente desarrollada.
Una visión gris de la vida es un modo de estar “cableado”. El individuo que trabaja sobre sí genera no solo un cerebro diferente, sino que también puede modular sus propios genes. “Recablea” sus conexiones internas para volverse cada vez más hábil en hallar belleza en su vida y generarla en la de los demás.

Los hábitos de infelicidad

Necesitaríamos educación emocional desde la infancia y trabajo interno durante toda la vida para autogestionar sentires perturbadores (miedo, enojo, tristeza) y desarrollar gentileza, contento y gratitud. La psicología transpersonal –mi marco de referencia desde siempre– tiende un puente entre ciencia y espiritualidad, y nos señala que para desarrollar hábitos de felicidad necesitamos estar atentos para detectar los momentos en los que ejercemos cualquiera de nuestros hábitos de infelicidad. Cada uno de nosotros tiene su propio repertorio. Y así como cuando nos damos cuenta de que lo que íbamos a comer está en mal estado y nos enfermaría, con frecuencia solo advertir esos hábitos automáticos hace que nos demos a nosotros mismos la opción de elegir. Cada hábito es como un programa en nuestro sistema psíquico. Podemos optar por ejecutarlo o desinstalarlo.
En mi experiencia personal, entre los principales hábitos de infelicidad están los siguientes:
→ La queja estéril como motivo de conversación o como actitud sostenida durante el día. Su antídoto es la valoración, dentro de nosotros y explicitada ante otros.
→ La comparación entre lo que sí es y la idea que uno tenía de cómo tendría que haber sido (hábito que lleva a una disconformidad crónica). Su antídoto es la ponderación de lo que sí es, focalizando en lo bello y bueno de lo que se nos presenta.
→ La comunicación basada en hábitos mentales insalubres: el sarcasmo, la crítica, la ironía, la descalificación, el humor a costa del otro…
No es raro que la persona que tiende a comunicarse así no sea consciente de eso y no sepa que lo que genera a su paso no es solo infelicidad para sí misma, sino para todo aquel a quien su palabra toque. El antídoto en este caso es una mirada compasiva, gentil, amable, como regla general de vida. Sí, ya sé que vivimos en una sociedad hostil. Pero tengo un refrán que casi siempre me funciona: “Cuando una sociedad es hostil, lo revolucionario es ser gentil”.
Podría citar otros hábitos, pero dejo estos a cuenta de “tarea para el hogar”, para ejercitar su observación esmeradamente.

La práctica del contento en las tradiciones espirituales

La palabra contento alude etimológicamente a saberse contenido dentro de algo más grande. No depende de algo externo que nos haga felices, sino de una actitud transpersonal ante la vida: sabiéndose en relación con todo lo que existe y participando activamente en la felicidad de ese entorno. Adviene de ser continentes de otros a través de la comunicación esencial y el servicio, y de sentirnos a la vez contenidos por algo más grande que, de alguna manera, nos da cobijo, independientemente de cuán áridas o plácidas sean las condiciones ellas que estemos viviendo. Se dice en el taoísmo: “El que está contento de estar contento está siempre contento”. Es una actitud ante la vida. Esa felicidad que da el trabajo sobre sí en el yoga se llama ananda (“entusiasmo”, “beatitud”, “felicidad”). Uno de los máximos exponentes de lo que es la felicidad como una práctica es Brother David Steindl-Rast (monje benedictino austríaco, también psicólogo, pionero del enfoque transpersonal). Él propone la gratitud como una práctica cotidiana: “La raíz del gozo es la gratitud. No es que la felicidad nos vuelva agradecidos: es la gratitud la que nos hace felices”. Brother David sugiere una práctica constante que se va convirtiendo en una manera de ser y de vivir. Sus 92 años llenos de gracia y sabiduría son un viviente testimonio de que así es. Son tres pasos:
Parar: Detener nuestra prisa, esa mecanicidad que embota los sentidos, tomando perspectiva para soltar aquello que nos aliene de nuestro eje.
Mirar: Observar nuestro interior y nuestro entorno con una mirada ponderativa, apreciando todo lo que es, y que habitualmente damos por sentado, sin tomar conciencia de su valor. Podría traducirse en esta pregunta: “¿Qué hay en este momento que yo pueda agradecer?”.
Ir: Volver a la acción, con mucha más conciencia.
Brother David nos muestra cómo la mirada agradecida es un retorno al asombro, a la alegría. Pero cuando lo que vemos no es tanto para agradecer sino para lamentar, sostiene que “allí es donde podemos hacer algo para que eso cambie: unirnos a otros, generar redes, expresar públicamente nuestro desacuerdo. Si la humanidad puede evolucionar –¡y deberá hacerlo para subsistir!–, será a través de individuos que cobren lucidez y participen de redes altruistas”. Y vale recordar que el altruismo también es fuente de Felicidad (así, con mayúsculas). Pongámonos en práctica, aprendiendo todos de todos…

 

 

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