Última Edición

Sophia - Despliega el Alma

  • Seguinos

POR Maritchu Seitún - Columnistas

29 octubre, 2015

Cuando el año se va…

Los adultos corremos cerrando los últimos pendientes, a veces con poco disfrute y algo de estrés. Pero ¿qué pasa con los chicos? ¿Cómo repercuten en ellos estos meses? Una propuesta para llegar al 31 de diciembre más sabios, más tranquilos.

Padres e hijos, maestros, jefes, empleados, profesionales independientes, todos llegamos a los últimos meses del año con la lengua afuera, agotados, estresados, intentando que los chicos no “se lleven” materias a examen, invitando a los amigos que no vimos durante el año, arreglando en casa lo que quedó pendiente, yendo a médicos o dentistas que fuimos postergando con diferentes razones y excusas.

Los maestros y profesores aceleran el ritmo de trabajo para cumplir con los contenidos a incorporar antes de que lleguen los exámenes finales, decidimos festejar el cumple del hijo que quedó pendiente porque hacía frío y lo quería hacer al aire libre; la lista es interminable. Y habitualmente imposible de cumplir sin alterarnos, o de cuidarnos mal a nosotros mismos y a las personas que nos rodean.

Qué bueno sería tomar conciencia de todo esto un poco antes, de modo de organizarnos de otra forma esta vez, con menos estrés y corridas, para poder ir cerrando el año más serenamente y disfrutar de cada cosa: la clase abierta, el disfraz para la obra de teatro, la despedida del compañero que se va del colegio, cada día de la semana o del fin de semana…

La fiesta del colegio no se puede adelantar, pero muchas otras cosas se pueden ir resolviendo antes para despejar nuestra agenda y tener energía disponible para ocuparnos de cerrar este ciclo con plena conciencia, con ganas, sin que nos dominen el apuro, la ansiedad y los miedos, de modo de poder también tener un resto de humor y de energía para acompañar a nuestros chicos en esa misma tarea. Ellos también tienen que aprender a hacerlo, porque todo esto no se termina en Año Nuevo. Sólo recomienza el ciclo, como en la película “La historia sin fin”.

El mes de noviembre nos ofrece treinta días de oportunidad para bajar el ritmo, organizarnos mejor, hacer las cosas sin tanta corrida y disfrutar más. Treinta días para ir conversando con los chicos sobre las vacaciones, y para ir pensando con tiempo si este año vamos a dejar que nuestro hijo vaya con amigos a Pinamar, o si todavía lo vemos chico para eso, de modo de poder charlarlo con él antes de que se haya ilusionado y sobre todo antes de que haya señado el departamento. Con el apuro (de no perder el departamento o la posibilidad de ir con ellos) muchas veces los adolescentes “nos corren” para que no tengamos tiempo de reflexionar sobre estos temas y nos adelantemos a dar el “sí”.

Iremos viendo con quién dejamos a los chicos cuando terminan las clases y nosotros sigamos trabajando, y qué hacemos en nuestras vacaciones familiares. Veranear con amigos es genial, pero recordemos dejar un rato por día (o una semana de las vacaciones, por lo menos) para pasar tiempo en familia. De otro modo, cuando llegue marzo, nos encontraremos diciendo “volaron las vacaciones y no tuvimos tiempo de estar (jugar, leer, andar en bici, hacer deporte, conversar, ver una película) con nuestros chicos”.

El ritmo de vida se acelera año tras año y eso hace que las vacaciones pasen también muy rápido, porque las llenamos de actividades. Si los adultos logramos bajar ese ritmo febril a partir de noviembre, podremos todos pasar unas cuantas noches de verano tranquilas, en familia y divertidos, jugando crocket, a la podrida o al chancho va, o viendo una película en familia o simplemente conversando.

El problema que tenemos en nuestro querido hemisferio sur es que con el fin del año calendario coinciden todos los finales (un poco más repartidos para los que viven en el hemisferio norte): los chicos pasan de grado, empiezan las vacaciones de verano, a lo que se suman las fiestas de Navidad y Año nuevo. Y para nosotros, es la temporada de balance personal. Un balance que necesita tiempo, por eso tratemos de hacer algunos cambios de modo de llegar más tranquilos al 31 de diciembre; de inaugurar una nueva forma, más consciente, de vivir estos últimos meses y días del año. Y si nos gusta (¡y nos va a gustar!), continuemos haciéndolo así por muchos años más…

maritchu

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Comentarios ()