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POR Maritchu Seitún - Hijos

21 abril, 2017

Cómo disminuir los celos entre hermanos

Aunque nos empeñemos en que no ocurra, nuestros hijos muchas veces demuestran rivalidades en la búsqueda de mayor atención de papá y mamá. Una guía para que los chicos no se sientan en desventaja. ¿La clave? En esta nota.

Los celos entre hermanos son normales. De hecho, todos los sentimos alguna vez, pero los adultos solemos tener la fortaleza interna para percibirlos sin (necesariamente) actuarlos. Los chicos, en cambio, protestan, se quejan, lloran, reclaman, vigilan. Los hijos únicos también los sienten: en relación con el trabajo de mamá, un amigo, el perro, el vínculo entre sus padres… Sentimos celos de aquello que distrae la mirada de la persona que querríamos que solo tenga ojos para nosotros, o de la persona que tiene algo, ya sea una cualidad, un amor, una posesión, dinero o tiempo que nosotros desearíamos.

Seguramente en nuestra experiencia infantil nuestros celos no fueron bien vistos y por eso nos da vergüenza tenerlos, lo cual nos lleva a esconderlos y a no tolerar que nuestros hijos los sientan más allá de la primera infancia (en esa primera etapa son tan visibles e innegables, ¡incluso enternecedores!).

Los chicos van creciendo y rivalizan sin parar, les cuesta abandonar y/o  compartir el lugar de “su majestad el hijo”, y están con las antenas paradas ante cualquier tema que los padres destaquemos sobre otro, para decir: “¿Y yo?”, con carita de perro apaleado.

Los celos, dice Dorothy Corkille Briggs en El niño feliz, dan cuenta de que el niño se siente en desventaja, y el mejor antídoto para ello es que tengan una autoestima alta que les permita estar tranquilos acerca de lo que valen y del amor de sus padres. Es inevitable que a veces seamos injustos y provoquemos sus celos. Un buen ejemplo son los permisos que damos a nuestros hijos menores a edades más tempranas que a los mayores. En realidad, no es porque  “prefiramos” a los más chiquitos, sino porque aprendimos a confiar en nuestra capacidad de educar y ya no necesitamos ser tan estrictos.

No discutamos ni tratemos de convencerlos; no intentemos darles explicaciones razonables que los hagan cambiar de idea: comprendamos lo que sienten, acompañemos su dolor, hasta que el dolor y el enojo finalmente cedan. Si alguno de nuestros hijos se lo pasa midiendo, comparando, y no puede disfrutar su propia vida, quizá valga la pena hacer una consulta psicológica para averiguar qué le pasa y qué hacer con eso.

Cómo ayudarlos

  • Favoreciendo y valorando las diferencias individuales sin dar mayor valor a unas que a otras en la crianza: sexo, estatura, responsabilidad, capacidad intelectual, etc.
  • Respetando los objetos propios de cada uno, incluso dando permiso de no prestarlos. Antes de poder compartir, tienen que sentir que poseen, en primer lugar, a mamá. Luego, el resto.
  • Dedicando un rato “de calidad” a cada uno de nuestros hijos cada día. Con los más grandes, basta un encuentro, pero los más chicos necesitan más.
  • Estando atentos a no compararlos y a no hacerlos competir por nuestro reconocimiento. La sociedad se ocupa sobradamente de impulsarlos en ese camino, así que es importante que en casa favorezcamos tareas y juegos de cooperación.

Muchas veces la historia terminará en un abrazo de consuelo ante la triste comprobación de que… ¡la vida es injusta! A nuestro lado, aprenderán a celebrar sus dones y a aceptar con dolor las limitaciones propias, sin mirar tanto –para el costado– lo que tienen los demás.

ETIQUETAS celos hijos

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