Última Edición

Sophia - Despliega el Alma

  • Seguinos

POR Maritchu Seitún - Hijos

14 mayo, 2014

Buena prensa para la disciplina

Desde hace ya unos cuantos años, los padres venimos perdiendo recursos y confianza para educar a nuestros hijos. A cada rato, alguien bienintencionado nos dice: “No le hables así porque se va a traumar”. O exactamente lo opuesto: “¡Hacelo callar de una buena vez!”; “Esa chica hace lo que quiere con vos” o “Yo con un buen sopapo lo solucionaba”. No podemos usar el modelo que tenemos internalizado porque la sociedad y la cultura nos transmiten que lo que hicieron nuestros padres no sirve, y nos ha quedado dolorosamente claro que tampoco se trata de resolverlo haciendo lo contrario.

Entonces, ¿qué hacemos? Amamos a nuestros hijos y queremos que sean felices, pero también que sean fuertes, resilientes y puedan enfrentar los contratiempos de la vida, por mucho que nos esforcemos en ahorrárselos.  Al mismo tiempo, anhelamos encontrar una forma de educarlos y ponerles límites sin arruinar su autoestima, sin doblegarlos ni someterlos y, en lo posible, amigablemente.

Podemos empezar por decir que,  si son chiquitos, es importante que sean atendidos como “su majestad el bebé” (en palabras de Sigmund Freud), que así se sientan, y que nos acerquemos a ellos apenas llaman o lloran y no les ahorremos mimos. A medida que maduran, podemos empezar a hacerlos esperar, frustrarse, esforzarse, tolerar un no como respuesta. Así, ellos van descubriendo (¡con dolor!) que los padres no somos sus esclavos; que nosotros también tenemos derechos, que no se puede hacer todo lo que uno quiere y que la libertad de uno termina donde empieza la de los demás (mamá, papá, la maestra, un hermano, una amiga, un abuelo).

El límite fortalece, tranquiliza, da seguridad y encauza la energía que, de ese modo, puede ser redirigida hacia objetivos superiores (como de chica no me permitían comer entre horas, yo usaba la fuerza de ese deseo para “alimentar” mi alma con un buen libro, por ejemplo). Cuando hace ya muchos años estudié Psicología, a este proceso lo llamábamos “sublimación”, un mecanismo sano que hoy prácticamente desapareció, porque los chicos no quieren ni pueden esperar ni frustrarse, y a los padres nos cuesta ocuparnos de que aprendan a hacerlo. Solo si nos atrevemos a enfrentar su enojo y su dolor, algún día van a tener ganas de crecer e independizarse. 

Nosotros queríamos crecer… para usar ropa de color negro, para ver ciertos programas en la tele, para acostarnos tarde, para bañarnos después de comer… Hoy los padres desperdiciamos oportunidades para decir que no sobre temas importantes que atañen a la salud, a la seguridad y a la moral. Nos dejamos llevar por los chicos o por otros padres; preferimos evitar el conflicto, tememos que se queden solos o que dejen de querernos, nos dejamos convencer con argumentos que en realidad no nos convencen.

Cuando pasen los años, esos chicos van a preferir quedarse cerca y tiranizándonos, porque para ellos será muy cómodo (de un hotel cinco estrellas gratuito no se va nadie). Y si crecer implica tener hijos que nunca levantan vuelo, no tener tiempo para uno mismo, poner a los hijos como primera y única prioridad, ellos no solo no van a querer irse de casa, sino que ¡tampoco van a querer tener sus propios hijos! Les parecerá demasiado esfuerzo y sacrificio. 

De nuestra mano y con nuestra ayuda, con límites adecuados, pueden salir del egocentrismo, conocer el altruismo, la generosidad, el compromiso, la responsabilidad y el amor. 

ETIQUETAS disciplina hijos

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Comentarios ()