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Sophia - Despliega el Alma

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POR Maritchu Seitún - Columnistas

27 noviembre, 2017

A cada cual, su escuela

¿Estatal? ¿Jornada completa? ¿Bilingüe? A la hora de elegir el espacio donde nuestros hijos pasarán sus años de escolaridad, queremos estar seguros de que hemos tomado la decisión correcta. Claves para pensar cuál es la mejor opción para ellos.

Llega la época del año en que hay que decidir el ingreso a la escolaridad o un eventual cambio de colegio para nuestros hijos, y se nos cruzan diferentes opciones. ¿Un solo colegio para todos?, ¿la misma escuela a la  que fuimos nosotros, los padres?, ¿mixto o varones y mujeres por separado?, ¿estatal o privado?, ¿bilingüe?, ¿religioso o laico?, ¿escolaridad simple o doble jornada? Entre las charlas y dudas, aparecen cuestiones como la importancia del nivel académico, si tendrán segundo idioma y podrán acceder a los exámenes internacionales, si tendrá buen nivel en Literatura, Tecnología, Deporte, Arte… ¿Elegimos un colegio tradicional o uno de la corriente Montessori, Waldorf o Reggio Calabria? ¿Con una población homogénea o heterogénea? ¿El tipo de escuela que buscamos reforzará la cooperación o la competencia? ¿Las familias de la escuela comparten nuestros valores? Y habrá que sumar también la preocupación por la distancia desde nuestra casa, ya que, si van doble turno, pueden estar demasiadas horas afuera.

Los chicos fueron creciendo y lo que nos parecía esencial en el jardín de infantes puede no ser prioritario para la primaria o la secundaria. También ellos fueron cambiando sus intereses, inquietudes y necesidades. Además, no todos nuestros hijos son iguales, por lo que quizá tengamos que elegir más de un colegio.

Estemos atentos, porque los chiquitos confían en el criterio de sus padres y a veces lo pasan mal en el aula y los recreos sin darse cuenta de que podrían contarlo (“se me hace muy largo el día”, “es muy difícil”, “no entiendo”, “no tengo amigos”). Por eso es bueno recordarles que pueden pedir nuestra ayuda siempre que la necesiten.

Dejemos que los más grandecitos opinen, pero hagámosles saber que no vamos a resolver solo de acuerdo con esa opinión, porque somos más “grandes” y tenemos más experiencia (“vemos más lejos”, les decía yo a mis hijos). Sería mucha responsabilidad para un chico la de elegir él solo un colegio, salvo que ya se encuentre en los últimos años de la escuela secundaria.

Es difícil decidir, y entre los padres hay algunos fanáticos que solo ven lo maravilloso de la institución que eligieron, y otros que están siempre quejándose y con ganas de cambiar de escuela año por medio.  Pero seguramente los que creen que encontraron la institución perfecta también tengan el “mejor” pediatra y vivan en el “mejor” barrio, porque les cuesta conectarse con el hecho de que en toda elección hay también una pérdida.

El colegio perfecto no existe y las escuelas a menudo se parecen más a una frazada chica que a una abrigada y enorme; por eso, más de una vez tendremos que decidir si a nuestros hijos les tapamos los pies o los hombros. Evaluemos con cuidado para saber a qué no estamos dispuestos a renunciar y, a la vez, de qué cuestiones vamos a tener que despedirnos.

Hagámoslo en función de las necesidades de nuestros hijos y no solo de las nuestras, porque como dice Khalil Gibran, ellos “son hijos e hijas de la vida”, y no los tuvimos para moldearlos según nuestro criterio, sino para que puedan desplegar sus propias potencialidades. Finalmente, una vez que hayamos elegido una institución, no derrochemos nuestra energía en criticar; usémosla para colaborar trabajando con la escuela para que pueda crecer, y para que se puedan mejorar y resolver los temas que nos inquietan.

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