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Mujer y trabajo

22 octubre, 2015

Chicas techie

En el mundo tecnológico, de gran demanda laboral, las mujeres seguimos ocupando escasos espacios académicos y profesionales. En la Argentina, solo el 18% de los estudiantes de informática son chicas, pero hay buenas noticias: en el país existe una organización de chicas inquietas que buscan atraer a más jóvenes a este mundo que mira al futuro.


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Motivada por una inmensa pasión por la lógica y las matemáticas, a fuerza de tinta y pluma, iluminada por la luz de faroles, Ada Byron, condesa de Lovelace, pasó desde la Inglaterra victoriana a la historia como la primera persona en sentar las bases de la programación informática.

Desde entonces y hasta ahora, las mujeres que siguieron los pasos de Ada no fueron muchas y las que sí lo hicieron no tuvieron la visibilidad de sus pares varones. Hoy las aulas de las carreras técnicas y de Ingeniería, los altos mandos de las compañías y los emprendimientos emergentes de base tecnológica están superpoblados de hombres o, mejor dicho, subpoblados de mujeres.
Las cifras muestran esta desigualdad. Un ejemplo: este año, LinkedIn, la red social que reúne los perfiles de profesionales de todo el mundo, comparó la representación femenina en una docena de sectores laborales. El resultado de ese estudio dice que, en tecnología, menos de un tercio de los trabajadores son mujeres, y que en ese ambiente ellas ocupan solo uno de cada cinco espacios de liderazgo.

“La primera gran brecha tecnológica que conocí fue con la Game Boy. El nombre ya denotaba que era un juego de varones, que las mujeres quedábamos fuera de un espacio donde los chicos sí podían jugar. Los recuerdo a ellos jugando con la videoconsola y a nosotras saltando a la soga o intercambiando figuritas. Esa diferenciación de género en el juego siempre estuvo latente en mi infancia, pero la tecnología agrandó la brecha”, dice Anna Torres. Politóloga española de 31 años, especializada en cooperación para el desarrollo, Anna se instaló en la Argentina hace tres años. Antes de ser Directora Ejecutiva de Wikimedia Argentina, donde se desempeña actualmente, trabajó para organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales y vivió en Guatemala, México y Nicaragua. Con una amplia experiencia, puede ver más allá: “Los avances tecnológicos llegaron justo en un momento donde el cambio de paradigma mundial daba paso a un nuevo orden. Ahora vemos con minutos de diferencia una hambruna en Somalia, un ataque en el conflicto sirio o una reunión de la Comisión Europea sobre el futuro de Grecia. Vemos sufrir y padecer, y también vemos la esperanza que se construye. El hecho de poder saber qué sucede en el mundo favorece a que las mujeres se agrupen con objetivos sociales comunes. La tecnología nos ayudó a levantar la voz”.

La preocupación fue planteada, por primera vez, hace veinte años, en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer de Beijing 1995. “En aquella ocasión, las mujeres reclamaron una mayor participación en el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y en las decisiones políticas en torno al acceso, funcionamiento y gobernanza de Internet como parte de sus derechos en un mundo globalizado”, dice el informe “Las mujeres y las tecnologías de la información y la comunicación en la economía y el trabajo”, que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó en 2012.

Entonces, ¿por qué quedan vacantes de mujeres en los espacios académicos y profesionales del mundo tecnológico? La CEPAL tiene una respuesta que echa por tierra la idea biologicista de que los varones se desempeñan mejor que las mujeres en esas áreas. “Las barreras suelen ubicarse más en el plano cultural y social que en el de las oportunidades y el acceso al conocimiento. Sobre todo en las áreas de Ingeniería y de Sistemas, las mujeres consideran que una concepción masculina de la carrera, así como la falta de modelos de rol a imitar, siguen siendo barreras que no son sencillas de salvar. Estas barreras se extienden al ámbito laboral, donde se continúa relacionando a las tareas técnicas con el varón, sobre todo en materia de puestos de decisión”.

Otra vez, hablan las cifras. En nuestro país, “las mujeres representan tan solo un 18% de los estudiantes de informática, generando tanto inequidad en la distribución del ingreso y del capital intelectual acumulado en la profesión como privando al sector de la mirada de más de la mitad de la población”, puede leerse en “Y las mujeres… ¿dónde están?”, el primer estudio de la Fundación Sadosky sobre la baja presencia femenina en informática en la Argentina.

Juntas es mejor

Sofía Contreras (26) lleva cuatro años de trabajo en un fondo de inversión que invierte en startups o empresas emergentes de base tecnológica. Apenas entró en ese ambiente algo le llamó la atención. “De la cantidad de proyectos que aplicaban, el 10% tenía founders mujeres. Y solo en un 2% del total, la idea había empezado en la cabeza de una mujer. Ni hablar en los eventos que hacíamos: de 80 asistentes, 76 eran hombres. La brecha era gigante”. Con esa inquietud, Sofía investigó y supo que existían iniciativas a nivel mundial que habían empezado a buscar el cambio. Desde este año Sofía es la directora del flamante capítulo argentino de Girls in Tech (chicas en tecnología), una organización sin fines de lucro que tiene unos cincuenta grupos en el mundo trabajando para disminuir la brecha en lo que se conoce como STEM, por la sigla de Science, Technology, Engineering and Mathematics (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas).

A Girls in Tech lo creó una mujer hace tres años en Silicon Valley, Estados Unidos, uno de los mayores semilleros de tecnólogos del mundo. Cada sede que crece en un país desarrolla distintas propuestas según las necesidades locales. Tech & Ladies es otra de las iniciativas colectivas que buscan que las chicas se sientan atraídas por el campo de la tecnología.

“Buscamos incentivar a las adolescentes a considerar carreras de ingenierías y desarrollo de software, que por lo menos las tengan en su radar y que no las vean como algo ajeno”, dice Sofía, que considera que el alejamiento de las mujeres del mundo tecnológico empieza temprano, con los juegos en las casas o con la forma poco atractiva que tiene la escuela de presentar las materias informáticas.

Al capítulo argentino de Girls in Tech lo integran, junto con Sofía, otras ocho mujeres con perfiles tecnológicos que aparecieron después de que ella lanzara una convocatoria nacional. Hoy trabajan ad honórem para contagiar su vocación. Melina Masnatta (32) es especialista en Tecnología Educativa, profesora de la UBA y de FLACSO y I+D Manager dentro de la organización. Melina no cree en recetas mágicas para atraer a las mujeres, desde chiquitas, al mundo de la tecnología. “A la hora de pensar quién construye el conocimiento o participa en la cultura, y en cuestiones tecnológicas, siempre existe un sesgo androcéntrico: hombre blanco, europeo, clase media alta. Sin ir más lejos, nos imaginamos este perfil a la hora de pensar en una imagen de un geek (persona fascinada por la tecnología y la informática) o un nerd. Solemos tener una mirada de la tecnología como un elemento delicado que puede romperse o ‘explotar’, cuando es todo lo contrario; nos permite aprender haciendo, pero reservamos estos juegos para los varones, imaginando que tienen más habilidades”.

La primera actividad de Girls in Tech Argentina será un proyecto piloto que llevará a treinta chicas adolescentes a dos empresas de tecnología para que conozcan cómo es la vida ahí y puedan participar de un hackaton, un encuentro en el que podrán programar colectivamente. Ese día, las asistentes aprenderán a desarrollar una aplicación para resolver un problema de su comunidad. Si sale bien, en un futuro no lejano lo escalarán a más chicas.
“Los ingenieros están haciendo los mayores avances de la sociedad actual, nuestra vida cotidiana está totalmente influenciada por los avances de la ciencia y la tecnología, y esto tiene un gran potencial para cambiar la vida y el sustento de los países. Entonces, incrementar el acceso, la participación y la contribución de las mujeres en ciencia y tecnología es esencial para reducir la pobreza –opina Sofía–. Estas carreras son las que tienen la mayor salida laboral a nivel global, crean oportunidades de trabajo en un mundo con más de 1000 millones de personas que viven en condiciones pobreza, la mayoría mujeres y niños”.

Lo femenino como valor agregado

¿Qué podemos aportar las mujeres como diferencial al mundo tecnológico? “Si bien los estilos de liderazgo son ligeramente distintos y la mujer puede tener más empatía o sensibilidad –aunque no ocurre en todos los casos–, no hay grandes diferencias entre equipos fundados por mujeres o por hombres”, dice Lorena Suárez, Country Manager de Wayra, la aceleradora de empresas de Telefónica Argentina. “Entre ambos, hay un factor común que es inspiracional, el deseo de generar empleo y desarrollo, de hacer de su idea una empresa. También, las ganas de resolver problemas y mejorar”, dice.

Melina Masnatta, una de las integrantes de Girls in Tech Argentina, recomienda que las mujeres se acerquen como a cualquier otro campo en desarrollo: “Los grandes problemas o proyectos no se resuelven o crean con una sola perspectiva. Se trata de fomentar una cultura de participación que trasvase cualquier idea de género. En todo caso, las mujeres tenemos una mayor capacidad para el diálogo y hemos sido siempre sostenedoras de vínculos. Si entendemos a la tecnología como una herramienta cultural, podríamos pensarnos como transmisoras de cultura. Por otro lado, podemos aportar nuestra capacidad de detectar necesidades comunitarias y darles soluciones tecnológicas. Pero, por sobre todas las cosas, traemos nuestra propia visión y nuestro propio uso de la tecnología que sirve tanto para la programación, porque tiene que ver con el uso de lenguajes, como para entender las sutilezas de lo que nos hace verdaderamente humanos”.

Por Carolina Cattaneo. Foto: Estefanía Landesmann.

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