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Sociedad

29 noviembre, 2017

Change.org: cuando la unión hace la fuerza

Susana Fernández Garrido creyó desde siempre en el poder de la comunicación y en la potencia de los mensajes transformar realidades. Hoy sigue apostando a eso desde su rol de directora para América Latina de Change.org, la plataforma de peticiones on-line que les está cambiando la vida a millones de personas.


Por Carolina Cattaneo. Foto: Agustina Resta.

Con 45 años, su mamá todavía le sigue preguntando cuándo va a empezar a trabajar “de lo suyo”. Claro: desde que entró al mundo del trabajo, Susana Fernández Garrido no fue una publicista clásica, si tal cosa existiese. Desde hace dos décadas, esta mujer nacida en Ferrol, España, no ha hecho más que apostar al poder de la comunicación y creer en la potencia de los mensajes para cambiar la vida de las personas. Lo hizo durante su labor como voluntaria en cárceles, lo hizo cuando trabajó en Médicos del Mundo y en la Red Española contra la Trata de Personas, lo hizo en Amnistía Internacional y hoy lo hace en Change.org, la plataforma digital abierta de peticiones on-line de la que es directora para América Latina.

“Desde siempre tuve interés, más que por la solidaridad, por la justicia social. De pequeña cobijaba la idea romántica y un poco infantil, de viajar a las misiones. Cuando empecé a estudiar, tenía muy claro que quería seguir Publicidad para utilizar el poder de la comunicación al servicio de causas sociales. Ya en la universidad tuve la oportunidad también de trabajar en voluntariado en diferentes causas; una de ellas fue en la prisión, un lugar donde me sentí especialmente cómoda”, cuenta esta mujer, hoy madre de tres hijos adolescentes, con un café entre las manos y un día de mucho trabajo por delante.

Firmas para la inclusión

Álvaro Lafarge quería ser bombero y había demostrado capacidad para serlo, pero en el cuartel no lo aceptaban si no llegaba el nombramiento oficial. Su familia lanzó una petición al ministro de Seguridad y a la gobernadora de la provincia de Buenos Aires y, con 16.386 firmas, Álvaro fue nombrado.  En Chaco, luego de que su escuelita se quemó, la directora juntó firmas  y logró que el municipio construyera un nuevo establecimiento.

Es de mañana en Buenos Aires y Susana Fernández Garrido recibe en la oficina que Change.org tiene en el Barrio Norte porteño, una de las diecisiete distribuidas por el mundo. Su estadía aquí es por trabajo y, dice, pese a algunos cortes de calles y paros que agitan la ciudad, se siente cómoda: vivió en Buenos Aires tres años, entre 2012 y 2015, cuando aceptó el desafío de instalarse junto a su familia y montar sedes de Change.org en América Latina. Pese a que no pasó tanto tiempo desde entonces, los cambios laborales y personales se aceleraron: la plataforma ganó 24  millones de usuarios a nivel regional y Susana volvió a mudarse de país para instalarse en San Pablo, Brasil.

Desde su lanzamiento en 2007, Change.org se extendió a 196 países. A través de esta plataforma, la gente sube libremente peticiones de todo tipo para lograr adhesiones masivas, a través de sus firmas on-line, a distintas causas. En la Argentina, por ejemplo, hay madres que exigen a las obras sociales medicaciones para el tratamiento de sus hijos, comunidades que piden mejoras en sus escuelas, u organizaciones que bogan por normas que prohíban la tracción a sangre animal. Muchas de las peticiones que se generaron en el país tuvieron el final buscado, como la aprobación de la Ley de Diabetes, la de Electrodependientes, o la prohibición de las carreras de galgos.

“La capacidad de movilización es revolucionaria hoy en día, porque si bien las técnicas que se usan son las mismas que existieron siempre, por Internet se pueden recoger millones de firmas en un tiempo y con un presupuesto que no podrías lograr de otra manera. La Red ofrece la posibilidad de que una persona necesite solo una computadora o un teléfono para iniciar un movimiento desde su living”, dice Fernández Garrido. En el mundo, Change.org fue cobrando cada vez más fuerza, al punto de que, en 2016, habitantes de Ciudad de México, participaron de la redacción de la Constitución local gracias al movimiento generado on-line, y, en tiempos de Barack Obama, la Casa Blanca estableció tratar aquellas peticiones que superaran las 25.000 firmas.

¿Este tipo de herramientas digitales vienen a reemplazar los mecanismos de participación ciudadana de los regímenes democráticos? Fernández Garrido cree que no, que más bien suman y funcionan como articuladores de muchas voluntades dispersas. “La democracia es algo serio y tiene que ver con tu voto. Esto no lo reemplaza en absoluto. Lo que consigue es que el ciudadano tenga una vía de participación sobre lo que le interesa; al político, lo ordena. Cualquiera que haya pasado por una situación de injusticia, o que tenga interés en cambiar algo, hoy puede lograrlo. Nosotros ponemos a disposición de cualquier persona la capacidad de hacerlo a través de una plataforma, y eso es transferir poder. Que un grupo de ciudadanos o un ciudadano en concreto, gracias al apoyo que ha conseguido, acceda a sentarse y dialogar con el poder es ya un salto cualitativo”, dice.

El bautismo de Fernández Garrido como líder de campañas de movilización social en la Red tuvo que ver con la historia de una mujer. Fue en Amnistía Internacional, adonde llegó buscando una experiencia laboral que tuviera que ver con la transformación humana. En el caso de esta organización, se le daba la posibilidad de trabajar, dice, para cambiar la realidad de los presos políticos. “Amnistía Internacional fue mi escuela de campañas. La primera que me tocó fue contra la tortura en el mundo. Luego tuve la oportunidad, en 2002, de hacer la primera gran campaña on-line para evitar la muerte por lapidación de Safiya Hussani, una mujer nigeriana. Fue una campaña que por primera vez tuvo la herramienta on-line como vía de movilización masiva. Llegó a tener 12 millones de firmas. Fue muchísima la presión”, recuerda.

Después de trabajar en Amnistía Internacional, Fernández Garrido ingresó a la organización Médicos del Mundo y allí se dedicó a trabajar en temas relacionados con la inmigración y la trata de personas, “probablemente una de las cuestiones más sangrantes de España”. Su labor consistía en presionar a las autoridades para lograr un cambio en la legislación. Esa experiencia la llevó, más adelante, a participar como guionista de un documental que sacaba a la luz el entramado del negocio del tráfico de personas en su país.

Con su llegada a Change.org profundizó el perfil que venía cultivando. “Yo trabajo en una comunicación por objetivos, aplicada al arte de hacer campañas, para movilizar a la gente y presionar. En Change es claro: para conseguir un cambio, uno no sale a gritar a la calle; hay una mecánica que consiste en identificar a la persona que tiene la capacidad de generar ese cambio, ya sea un político o un empresario, y preguntarse cómo uno puede influir en esa toma de decisión”.

“Nuestra misión es empoderar a las personas, y siempre vamos a estar al lado de los más vulnerables, de los que tengan menos poder”.

Una de las claves para llamar la atención y generar incomodidad en quienes son responsables de ejecutar el cambio, dice Fernández Garrido, está en la manera de contar las historias. En ese terreno, las cuestiones abstractas no ayudan. En cambio, cuando se trata de alguien en particular, con nombre propio, el impacto es mayor: “Lo que nos hace ser empáticos con los demás es sentir verdaderamente la historia, y el lenguaje publicitario es muy útil, porque logra despertar interés por una causa de forma simple y rápida”. Recuerda el caso de Álvaro, el chico con síndrome de Down al que no lo dejaban ser bombero pese a haber demostrado capacidad para serlo. Álvaro fue simplemente “Álvaro” para miles de desconocidos a través de la petición de su familia y logró ser bombero. En muchas ocasiones, aunque la petición apunte a una sola persona, su caso puede ocasionar un efecto dominó y convertirse en detonante de un cambio general con impacto social. Eso, explica la española, es lo se pretende lograr desde Change.org.

La plataforma es un espejo donde se plasma la diversidad de intereses humanos, sus problemáticas, y las distintas posturas sobre algunos temas que, como los llama Fernández Garrido, son divisivos. La llegada de Uber a las ciudades fue uno de ellos. ¿Cuál es su postura cuando hay voces a favor y en contra? La misma postura que, dice, tiene la organización: “La plataforma es abierta y funciona bajo libertad de expresión, con políticas antibullying, antidifamación, antigeneración de odio a grupos concretos, pero siempre prima el derecho de la gente a elevar la voz, a tener una opinión y una propuesta, siempre y cuando no haga daño a terceros. La gente escoge y decide. Nuestra misión es empoderar a las personas, y siempre vamos a estar al lado de los más vulnerables, de los que tengan menos poder”.

 

(Este artículo fue publicado en la edición impresa nº 165 de Sophia).

 

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