Sophia - Despliega el Alma

10 octubre, 2018

“No pasa nada”

Esta tarde veníamos en el auto con Virginia, una amiga, charlando después de haber participado de un taller sobre acompañamiento en el duelo.

Fue una experiencia muy interesante y movilizadora, ya que compartimos tiempo con personas que están sirviendo al que más necesita. En este caso a gente con enfermedades terminales y posteriormente a sus familiares.

Fue mucho lo que escuchamos, lo que aprendimos, lo que sentimos aún, ya que el llamado a servir al prójimo se va reafirmando en nuestros corazones.

Volvimos muy emocionadas, motivadas, animadas, ansiosas… En fin, una diversidad de sentimientos que tendremos que ir acomodando y organizando.

Lo que me vino a la mente mientras hablábamos, haciendo una especie de conclusión, de decantación de todo lo escuchado y vivenciado. Pensando también en cada una de nosotras, en cómo poner en acción lo aprendido en la realidad personal de cada una fue  que a veces en nuestra vida “no pasa nada”.

No pasa nada ni malo ni bueno. La jornada, la existencia se transforma en una monotonía.

Quizá no pareciera algo negativo… Pero creo que tampoco es positivo.

“No pasa nada” debería impulsarnos a tomar acción, a querer ser protagonistas de algo.

No quedarnos estancados en esa frase que pareciera esperar que algo caiga del cielo o que algún evento especial suceda para  que cambie algo o para experimentar algo nuevo.

No pasa nada si nos quedamos sólo de espectadores, no pasa nada si sólo miramos lo negativo de la vida y no nos atrevemos a dar un paso a lo desconocido. No pasa nada si nos quejamos de la realidad que nos tocó o de lo mucho que tuvimos que sufrir.

“No pasa nada” nos genera desgano, debilidad, apatía y hasta hastío de la propia existencia.

Hoy me volví con esa frase en mi cabeza.

Yo sí quiero que pase algo.

Y así va a suceder si decidimos avanzar, atrevernos a más y ponernos a disposición de los demás.

El que quiera sumarse a esta iniciativa, el que ande aburrido por la vida de decir  que nada pasa, lo invito a “hacer que algo pase”.

Se empieza por algo chiquito, moviéndonos un poquito y poniendo las manos en acción.

Todo comienza con una decisión, un paso a la vez y cuando nos queremos dar cuenta, algo está pasando.

Lo más loco de esto es que, aunque uno lo hace para otros, por alguna regla divina, los que nos beneficiamos somos nosotros también.

Que pase algo depende de mí… Y una vez que damos el paso de fe, Dios obra de maneras grandiosas que hacen que valga la pena vivir.

Analía Duo




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