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Sustentabilidad

28 marzo, 2016

CARRY SOMERS: “La moda puede ser una fuerza para el bien”

Revolucionó el mundo de la moda con una pregunta simple y compleja a la vez: “¿Quién hizo tu ropa?”. Así despertó conciencia sobre las condiciones de trabajo en la industria textil y fundó el movimiento internacional Fashion Revolution. Una charla entre mujeres sobre moda, pero sobre moda consciente.


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Una mujer hablando de ropa, típico cliché de la sociedad moderna. Una mujer preguntándole al gigante de la moda “¿Quién hizo mi ropa?”, uno de los grandes hitos del siglo XXI. Es que el desplomo del conglomerado de fábricas de ropa de Rana Plaza en Bangladesh, ocurrido el 24 de abril de 2013, marcó un antes y un después en la vida de la diseñadora británica Carry Somers y, consecuentemente, en la de millones de consumidores alrededor del mundo: el accidente dejó al descubierto las precarias condiciones de trabajo detrás de prendas a bajo costo que se vendían a montones en las grandes tiendas de las principales ciudades norteamericanas, europeas y latinoamericanas. Y Carry decidió no callar. Por el contrario, empezó a incomodar a la industria desde una mirada positiva, propositiva, con la firme propuesta de comenzar a cambiar.

Confesión de autora

El encuentro con Carry Somers fue el resultado de esa magia que el destino nos tiene preparada. Había sido invitada a participar como oradora en la 2° edición del Foro de Innovación Social y Ética Global (SIGEF, por sus siglas en inglés) en Ginebra, Suiza, y, por ese despertar periodístico, observé el listado del resto de oradores semanas antes de tomarme el avión. Ahí estaba Carry y enseguida decidí escribirle un mail para conocerla. Ya en bello suelo europeo nos encontramos y jamás olvidaré su primera inquietud: nos habían pedido no usar vestimenta estampada ni de diferentes colores arriba del escenario, por el efecto de las luces. Para ella, eso era no poder mostrar la vestimenta de grandes diseñadores responsables. Pero lo que me impactó aún más fue que cuando le pregunté, desafiante, si podría contarme el origen de lo que llevaba puesto ese día, su respuesta fue tan contundente como detallista. Supo describirme no la etiqueta de la empresa, no el nombre del diseñador, sino la historia detrás de cada mínimo accesorio y prenda que lucía. Y eso es algo que recordaré cada vez que me mire en el espejo, al hacerme la pregunta: “¿Quién hizo mi ropa?”.

Carry Somers - Proyecto Pachacuti

Ya en 1992 había fundado la primera compañía certificada en comercio justo: Pachacuti, una empresa que empodera a mujeres excluidas a través de la fabricación de sombreros elaborados con materiales amigables con el ambiente y ofrecidos en el mercado a un precio justo. Lo que vino después fue continuar esa búsqueda por hacer moda de una forma diferente, con una mirada más ética, con un estilo más consciente, con un modo más sustentable… En definitiva, revolucionar la moda.

—¿Por qué decidió empezar con este gran movimiento llamado Fashion Revolution?

—No creo haber sido yo quien decidió empezarlo. No se trató de una idea que yo tenía en la cabeza. Más bien la idea me encontró a mí. Y fue a partir de ello que decidí empezar a hacer algo. Luego del accidente de Rana Plaza en Bangladesh, estábamos todos en shock, pero al mismo tiempo sabíamos que algo así podía suceder, que aún no se estaba viendo toda la imagen de lo que ocurría en el mundo de la moda, en términos de transparencia. Lo primero que pensé fue que eso podía ser una oportunidad para mostrarle al mundo la necesidad y la importancia de la transparencia respecto de la cadena de suministro en la industria de la moda. Los días después de la tragedia de Rana Plaza, la gente miraba las etiquetas de sus prendas, sólo para saber si habían sido creadas por algunas de estas grandes marcas de ropa. Así fue cómo surgió el movimiento y así fue cómo decidí impulsar el Fashion Revolution Day como una buena idea para empezar a hacer algo ante la problemática. Contacté a organizadores de la Semana de la Moda en Londres y a representantes del mundo de la moda que estaban convencidos de que era necesario hablar de estos temas, y que querían un futuro más ético y más transparente para la moda.

—¿Cómo ve hoy la industria? ¿Cree que hubo algunos cambios a favor, o todavía tenemos desafíos por enfrentar?

—Aún tenemos muchos desafíos. La industria de la moda es realmente enorme y nadie tiene una imagen clara y abarcativa de cómo funciona desde el primer eslabón de la cadena hasta el último. Necesitamos que haya transparencia en la industria. Se han hecho algunos cambios. El primer año que impulsamos el movimiento con la campaña “¿Quién hizo mi ropa?”, la industria quedó sorprendida. La gente quería saber, comprender, conocer lo que decía la etiqueta. Las empresas no tomaban conciencia de cuánta gente los miraba y esperaba recibir una respuesta. Se trataba de un tipo de información que nadie esperaba que se le fuera pedida. Al menos se necesitaba saber dónde se realizaban las prendas finales. Con esa transparencia, se podría evitar que accidentes como el de Rana Plaza continúen ocurriendo.

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—¿Cree que hoy las personas quieren ser más conscientes sobre lo que consumen?

—Creo que son varios aspectos de una misma temática. Necesitamos conocer a quién le pertenece nuestra ropa: dónde lo compramos (en una tienda o en una feria), por qué lo compramos (¿porque está más barato?). Necesitamos conservar nuestras prendas más tiempo, amarlas y saber qué es lo que haremos con ellas al momento de dejar de usarlas. Yo siempre sugiero que cada cosa que compren, y sepan de dónde vino, la compartan en las redes sociales con el hashtag #QuiénHizoMiRopa, pues eso es lo mejor que se puede hacer para que el sistema de la industria empiece a cambiar. Es clave apoyar a diseñadores independientes con una propuesta más ética. Tenemos que lograr que las grandes marcas de ropa y de accesorios de lujo sean más sustentables, más éticas, y hagan ese gran cambio hacia la transparencia.

Sumáte el próximo 24 de abril al Fashion Revolution Day vistiendo una prenda de la cual seas consciente de su origen y publicá la foto en tus redes sociales con el hashtag #QuiénHizoMiRopa. Informate sobre ésta y otras iniciativas en el sitio web del movimiento internacional.

—¿Cuál ha sido la respuesta de estas grandes compañías, teniendo en cuenta que las estaba apuntando con el dedo para decirles que estaban haciendo las cosas mal?

—Considero que las grandes compañías no tienen nada de qué preocuparse; ellas deben saber de dónde viene su ropa. Ese es el propósito de nuestro interrogante. No hacemos una campaña negativa, creemos en el mundo de la moda, somos amantes de la moda y celebramos la moda, porque creemos que la moda puede ser una fuerza para el bien. No intentamos ser una campaña negativa, sino que trabajamos desde una mirada positiva. Queremos poder dar ejemplos de quienes trabajan bien; queremos poder aconsejar que se celebre usar algo cuya cadena de producción sea conocida. Queremos mostrar a toda esa gente que trabaja detrás de cada prenda, en lugar de esconderla. Las grandes marcas no deberían estar avergonzadas, necesitan celebrar a partir de brindar la información sobre sus procesos. Se trata de una simple pregunta: “¿Quién hizo mi ropa?”. No me hables de tus políticas como empresa, tus políticas no me dicen nada. Quiero saber qué es lo que ocurre en realidad en el interior de las fábricas.

—¿Cuál es el impacto de la industria de la moda en el ambiente?

—La industria de la moda tiene un enorme impacto en el ambiente, de hecho es la segunda industria más contaminante del mundo. ¡La cantidad de litros que se utilizan para hacer simplemente una remera! O, en el caso del algodón, el impacto negativo que tienen sus cultivos en la salud y en la Tierra. Y se debe a la falta de transparencia. O la cantidad de basura que genera la moda, podría estar hablando de ello mucho tiempo… Tenemos que encontrar la forma de que nuestra ropa dure, de reciclar prendas; no podemos continuar descartando ropa de esta manera.

—¿Dónde cree que se encuentra la principal limitación para las empresas a la hora de reducir su impacto? ¿No quieren hacerlo o no saben cómo hacerlo?

—Creo que la mayor parte del problema se encuentra en que los diseñadores han sido entrenados de una manera no sustentable. Los diseñadores de indumentaria deben ser formados no sólo para diseñar para fábricas, sino también para rediseñar en una segunda vez y así sucesivamente. Es decir, mucho queda por hacer en el marco de la educación de la industria.

—¿Qué significado tiene el Fashion Revolution Day alrededor del mundo?

—Se trata de tener un gran impacto un día al año. Queremos unir nuestras voces en un mismo mensaje. Necesitamos poder hablar por las personas más vulnerables de los procesos de trabajo de la industria. Fashion Revolution es un movimiento, no tiene que ser un día al año, sino que se tiene que vivir cada día, en cada momento que nos vestimos.

—¿Cómo ha impactado Fashion Revolution en su vida?

—Conozco la historia de cada una de mis prendas, cada día que salgo de mi casa. Conocer la historia de lo que usás hace que realmente sea más especial para vos. Puedo imaginar la vida que tuvo antes, y eso lo hace especial para mí. Si tuviera que darle un mensaje a las mujeres, les diría que es realmente muy importante que recuerden que redefinimos la industria de la moda cada vez que compramos, cada vez que somos curiosas, cada vez que buscamos nuevas historias detrás de nuestras prendas, cada vez que le preguntamos a una marca “¿Quién hizo mi ropa?” y compartimos la información con los demás. Es entonces que realmente estamos redefiniendo el mundo de la moda. Tenemos un gran poder como consumidoras: todas podemos ser revolucionarias de la moda y cambiar la industria de la moda.

Leé también Fashion Revolution: ¿Quién hace tu ropa?, de nuestra edición impresa.

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Por Tais Gadea Lara

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