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Mitología

14 diciembre, 2013

Atalanta, la eterna cazadora


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La mitología hoy. La mitología es algo vivo, un modo de aproximación a las inquietudes más profundas de la humanidad. Es un proceso siempre abierto y actual; un acontecimiento sagrado en continua reelaboración. Por Laura Ponce*. Ilustración de Maite Ortiz.

La figura de Atalanta es de gran importancia en la mitología, ya que simboliza a la mujer contestataria que se rebeló contra los esquemas patriarcales de la Grecia antigua. Según los relatos más remotos, lo hizo labrando su destino, sin sacrificar el amor ni la maternidad.

Atalanta fue una heroína reconocida por sus inmejorables habilidades para la caza. Su origen varía según la versión del mito, pero el relato más difundido, es el que revela que Atalanta fue hija de Atamante y Temisto.

Su padre quería únicamente hijos varones y por eso, al nacer Atalanta, la abandonó en el monte Partenio. Sobrevivió gracias a que una osa la cuidó y la amamantó, hasta que unos cazadores la encontraron la criaron. Atalanta vivió en el bosque cazando y llegó a ser una de las cazadoras más renombradas de la Antigüedad. Incluso varios mitógrafos la cuentan entre los argonautas –el grupo de héroes que partió en el viaje en busca del vellocino de oro–, como la única mujer que participó en la travesía.

Atalanta estaba consagrada a Artemisa, diosa de la caza y los animales salvajes. Esto implicaba que debía mantenerse virgen y no casarse. Tal es así que el oráculo le había anunciado que si se casaba, sería convertida en animal. Por ese motivo, y para evitar a cualquier pretendiente, Atalanta anunció que su esposo sería aquel que lograra vencerla en la carrera.

A pesar del peligro, fueron muchos los que lo intentaron, pero perecieron pues ella era invencible.

Hata que apareció Hipómenes, que era apuesto e inteligente. Él estaba enamorado de Atalanta, y para asegurarse la victoria ideó un ardid: le pidió ayuda a Afrodita, diosa del amor, y ella le regaló unas manzanas de oro que procedían del jardín de las Hespérides. Durante la carrera, cada vez que Atalanta estaba por alcanzarlo, Hipómenes dejaba caer una de las manzanas y ella se detenía a recogerla. Atalanta estaba dispuesta a dejarse engañar porque había sido conquistada por el atrevido joven, y mientras ella fingía entretenerse con cada manzana que caía, él se adelantaba, hasta que logró llegar antes a la meta.

Atalanta e Hipómenes se casaron y vivieron muy felices por un tiempo, compartiendo sus cacerías y hazañas. Cuando Zeus, el máximo dios del Olimpo se enteró de esto montó en cólera y los convirtió en leones, condenándolos a una vida separados.  Aún así, Atalanta e Hipómenes permanecieron juntos y tuvieron un hijo.

Esta parte del mito simboliza la unión de iguales: Atalanta e Hipómenes permanecieron juntos, ambos cazadores, yendo a la par, sin que ninguno de ellos dominara o asumiera un rol de sumisión.

En Epidauro, península al noreste del Peloponeso, está la Fuente de Atalanta. Se dice que en una cacería la joven tuvo sed, por lo que golpeó la roca con su jabalina y de allí brotó la fuente al instante.

De esa fuente, hoy quizá podamos beber todas nosotras porque Atalanta es símbolo de fortaleza y valentía, valorada incluso, desde una perspectiva contemporánea, como un precedente del feminismo.

*Escritora, especialista en mitología y ciencia ficción.

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