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Salud

4 febrero, 2016 | Por

Aprender de la enfermedad

A veces la vida nos pone a prueba y debemos responder a un planteo profundo que va más allá de lo físico. ¿Qué significa enfermar? ¿Es posible fortalecerse frente a la pérdida de la salud? En el Día Mundial contra el Cáncer, una reflexión acerca de los dolores del cuerpo y del alma.


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En un instante, un diagnóstico médico puede cambiarnos la vida para siempre. Y aquello que nos parecía tan simple o tan natural como ser y estar en el mundo, de repente asume un significado nuevo, distinto. ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora? ¿Cómo me voy a curar?

Las preguntas son la primera aproximación a una realidad: cuando enfermamos, el cuerpo se convierte en la expresión física de un malestar que muchas veces comienza a gestarse mucho más profundamente y mucho más atrás en el tiempo que el momento mismo en el que se declara la patología. Generalmente hay predisposiciones genéticas y también factores ambientales y de conducta, pero a la hora de evaluar una enfermedad, hace falta también ver más allá y preguntarse cómo está, cómo se siente, el alma de ese ser humano devenido en paciente.

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Por esa razón, por difícil que resulte atravesarla, la experiencia de enfermar sin duda plantea un gran desafío: de repente abre las puertas a un ejercicio personal, necesario y urgente, que ya no da tregua. Es entonces que hay que parar, mirar hacia adentro y, poco a poco, aprender a sanar aquello que tanto duele. Un trabajo arduo que supone el apoyo terapéutico más conveniente en cada caso, y que la mayoría de las veces requiere de un abordaje interdisciplinario (médico y psicológico), pero que también abre las puertas al mundo espiritual que cada uno elija, como un camino a explorar en pos de volver a ese equilibrio que solemos llamar “salud”.

¿Pero de qué se trata realmente? “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”,  establece el Preámbulo de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud. Y según las últimas cifras del organismo, el ideal queda lejos: la esperanza de vida media de la población global es de 68 años y las primeras causas de enfermedad y muerte en países desarrollados tienen que ver con episodios cardiovasculares y con el cáncer. “A nivel mundial, alrededor de 57 millones de personas mueren cada año. La mayoría de estas muertes se pueden evitar”, denuncia la OMS y en su informe anual, destaca: “Algunos trastornos afectan más o menos por igual a ambos sexos, pero las mujeres se enfrentan con más dificultades para obtener la asistencia sanitaria que necesitan. Por añadidura, las desigualdades de género, por ejemplo en materia de educación, ingresos y empleo, y la violencia limitan la capacidad de niñas y mujeres para proteger su propia salud”.

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Pero el bienestar supone algo más que estar libre de enfermedad. Por esa razón, una nueva tendencia científica trabaja en el estudio de la relación que tienen la psiquis, el sistema nervioso, el sistema inmune y el sistema endocrino a la hora de enfermar o mantener la salud. Se trata de la Psiconeuroendocrinainmunología (PNEI), una disciplina que demuestra que el sistema inmunológico puede condicionarse. “Eso es así porque el sistema inmunológico se encuentra bajo el control del sistema nervioso; y, a su vez, el sistema nervioso está bajo el control de nuestros pensamientos. El sistema inmune no sólo escucha sino que reacciona al diálogo emocional. Las células que defienden el organismo tienen receptores de las sustancias que el cerebro produce con cada pensamiento. Todo lo que hacemos, pensamos y sentimos tiene consecuencias físicas. Son nuestras creencias las que controlan nuestro cuerpo, nuestra mente, y por tanto, nuestra vida. Cada uno de nosotros posee su propia farmacopea natural, la más fina droguería disponible al menor costo, para producir todas las drogas que se necesitan a fin de poner en marcha nuestro sistema cuerpo-mente precisamente de la manera en que fue diseñado para funcionar durante siglos de evolución. Por eso, los pensamientos saludables tienen un efecto intenso sobre el comportamiento y los genes”, explica Stella Maris Maruso, directora de Fundación Salud, una organización sin fines de lucro dedicada a la medicina biopsicosocial y a la promoción de la Psiconeuroendocrinoinmunología en nuestro país.

En el libro La enfermedad como camino, los doctores alemanes Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke desarrollan las herramientas necesarias para reflexionar y trabajar por la sanación: “La enfermedad es la gran oportunidad del ser humano, su mayor bien. Es la maestra de cada cual, que guía en el camino de la curación”. Y está claro que cada uno deberá transitar su propia senda, pero reconforta saber que siempre habrá un bálsamo interior al que echar mano cuando el andar se haga difícil.

En el Día Mundial Contra el Cáncer, una historia que nos llega al alma:

SUSY

A Susana Cejas  (63) le diagnosticaron cáncer de mama en 2004. Pero apoyada en su fuerza espiritual logró recuperarse. “Vendedora de AVON y sobreviviente”, como suele decir, decidió compartir su testimonio con Sophia para ayudar a otras mujeres a perder el miedo y animarse a un chequeo. Un ejemplo que nos impulsa a caminar junto a ella y a tantas otras mujeres.

Estoy viva, ¿qué más puedo pedir? Es tan bello despertarse. Todos los días pienso en la suerte que tengo y agradezco por eso a Dios, a mi familia, a los médicos y las enfermeras del Instituto Roffo que me ayudaron a curarme, aunque la lucha y los controles continúan para siempre. Atravesar un diagnóstico de cáncer es muy fuerte y yo no me imaginaba que algo así me podía pasar a mí. Tenía una vida normal, estaba sana, trabajaba vendiendo cosméticos y me ocupaba de mi familia. En 2002 me hice un estudio en el mamógrafo móvil de AVON LALCEC y me enteré que tenía un tumor. Fue de casualidad: yo no era de las que se revisan por autopalpación, aunque tenía síntomas como dolores de espalda y de pecho. Cuando el médico dijo lo que tenía me asusté, me daba miedo morirme, dejar a mi marido y a mis cuatro hijos. Lloré muchísimo, hablé con ellos y les prometí que iba a poner todo de mi parte para vencer a la enfermedad. Me preguntaba por qué a mí; ninguna mujer de mi familia había tenido cáncer de mama. Pero me dije que Dios sabría por qué tenía que travesar por una situación así y a él me encomendé.

Si bien siempre fui muy espiritual y la fe me ayudó a sortear muchos momentos difíciles, hubo uno en particular que me marcó: fue la crisis personal de uno de mis hijos, una vivencia que me angustió y que no pude resolver a tiempo. Sentí ese dolor tan físicamente que no puedo dejar de pensar que tal vez tuvo que ver con que, tiempo después, me encontraran el tumor.

Fue en 2004 que me realizaron la biopsia radio quirúrgica, la mastectomía y luego de un largo período de tratamiento de radioterapia, el cáncer se fue. Durante el tratamiento, todos los días me propuse ir a hacerme rayos con alegría y mi marido y mis hijos me acompañaron de igual manera. En momentos así no existe el egoísmo: nos juntamos, fuimos uno. Después, cuando volvíamos a casa, me mimaban tanto… Me conmovía ver cómo me preparaban el té o se quedaban conmigo al borde de la cama. Ellos también tenían miedo, pero yo les explicaba que juntos íbamos a salir adelante. Esos días hablamos tanto y tan profundamente, que estuvimos más cerca que nunca.

Por eso, siento que mi enfermedad me enseñó de humanidad: de cómo los afectos están siempre, de cuán solidarios puede ser el sistema público de salud, aún con los pocos recursos de los que muchas veces dispone. Y también aprendí que el alma es lo que sostiene nuestro cuerpo enfermo, porque cuando la fuerza física flaquea, el espíritu se hace todavía más grande. En definitiva, enfermar fue para mí un puente, una forma de nacer a una mejor vida. ¡Fue un milagro! Y por eso, cada año, camino junto a otras mujeres, para que vean que sí, que se puede sobrevivir al cáncer de mama“.

Para buscar información acerca del cáncer:

  • LALCEC: Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer, la organización más importante en Prevención y Detección temprana del cáncer en Argentina.
  • FUCAFundación para la investigación, docencia y prevención del Cáncer. Dr. Reinaldo Chacón y equipo.
  • MACMA: Asociación Civil Sin Fines de Lucro constituida por mujeres que padecieron cáncer de mama dedicada a orientar, contener y acompañar.
  • INSTITUTO NACIONAL DEL CÁNCER: Responsable del desarrollo e implementación de políticas de salud, así como de la coordinación de acciones integradas para la prevención y control del cáncer, del Ministerio de Salud de la Nación.

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