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Pareja

17 agosto, 2018 | Por

“Amar es salir de la prisión del yo”

Quien habla es el doctor José Eduardo Abadi, quien nos lleva a preguntarnos qué es el amor, cómo expresan el amor los varones y por qué nos cuesta tanto entendernos. Para relacionarnos sin quedar atrapadas en vínculos complicados, buceamos a través de los mitos y verdades sobre las relaciones amorosas.


Por Agustina Rabaini. Ilustración: Mónica Andino.

Como cantaban Los Beatles, el amor es todo lo que el dinero no puede comprar: nuestra identidad, el auténtico generador de vínculos, es un estímulo para la creatividad y la ayuda para reparar lo dañado”, explica el doctor José Eduardo Abadi en la introducción de su libro, ¿De qué hablamos cuando hablamos de buen amor? (Grijalbo). A lo largo de doscientas páginas, el psicoanalista y psiquiatra revisa y disecciona las nociones sobre el amor y el desamor, derriba mitos y viejas ideas, y llama a repensar los nuevos tipos de amor, analizando la virtualidad que se coló en los vínculos, para reconquistar lo que él define como “densidad del amor”.

“Vivimos en una época en la que el amor es presentado en los medios como un producto para consumir y, atado a él, el cuerpo, pero no cualquier cuerpo: un cuerpo con determinados atributos que representa todo aquello que ‘se debe tener’”, dice el especialista, y comienza a distinguir lo banal de lo genuino, lo original y sustancioso de lo artificial. A  través de una investigación donde se ocupa de diversos tipos de vínculos, y en esta charla que mantuvo con Sophia, Abadi habló de la importancia de la búsqueda personal a la hora de hacer crecer vínculos saludables.

–¿Por qué un libro sobre los vínculos y el amor?

–Después de haber reflexionado sobre otros temas, no podía salir de una cierta perplejidad frente al nivel de frustración, violencia y aislamiento que veía tanto en las relaciones más íntimas como en las relaciones laborales y los contextos políticos. Simultáneamente, observé cómo el tema del amor que veía con preocupación y como llave de curación en la terapia estaba superficialmente tratado o desestimado. El desamor o el seudoamor son grandes motivos de sufrimiento, y quise reflexionar sobre el tema en su versión más positiva. ¿En qué consiste el amor? Además de ser lo que se tramita en el puente de una relación, tiene que ver con la identidad de una persona porque nos define como sujetos y solo así podemos desarrollarnos con plenitud, escapando del yo o el ego. A partir de allí, surgieron otras preguntas.

–¿Cuáles?

–Me pregunté si se está pensando o iluminando el concepto del amor desde el lugar adecuado, o estamos convirtiéndolo en algo que ya no es amor. Vivimos en una sociedad de consumo, un lugar de materialidad permanente y fantasía mágica donde existen todo tipo de gurúes, y eso hace que aparezca una distorsión sobre lo que es una relación de amor. Me refiero al amor como aquello que podemos comprar o como un modelo a imitar, medios mediante. Siguiendo ese camino, nos privamos de la experiencia y de la búsqueda personal que tiene que ver con el esfuerzo y la creatividad, pero básicamente con la posibilidad de ser permeables y reconocer al otro.

–En este afán de iluminar el tema desde otro lugar, ¿cuál es tu definición del amor?

–El amor es una vivencia impregnada de una cierta racionalidad pero que a la vez la supera, manifestándose como una emoción que nos permite vincularnos. Cuando reconozco al otro, soy, y cuando lo amo, crezco. Cuando soy permeable, me expando y supero la prisión del propio yo exclusivo, egoísta y narcisista. A partir de ahí voy configurando espacios creativos y me acerco a una vivencia de encuentro que podemos vincular con el placer, la imaginación y la libertad.

–¿Qué les dirías a los más escépticos que creen que un  amor “feliz” es propiedad exclusiva de  las novelas románticas, como explicás en el libro?

–Les pediría que piensen y vivan el amor más allá del esquema estereotipado o el modelo confeccionado en serie. Que traten de buscarlo adentro y de entender que se pone en marcha solo si reconozco al otro y puedo salir de vivencias y resistencias propias. Claro que, para lograrlo, primero tenemos que sortear obstáculos tales como la versión consumista de la vida, las envidias, la omnipotencia y lo abusivo en cualquier ámbito. Todo eso nos aísla, nos deja fuera del vínculo con el otro. Expande nuestra omnipotencia narcisista y allí vamos quedando capturados. Me refiero a esa captura  donde nadie está “junto a” sino cada uno por su lado y donde es fácil que germine el cultivo de la violencia.

–Terminás un capítulo diciendo que hay un mundo que grita la falta de amor. ¿Qué más te gustaría aportar como psicoanalista?

–En un mundo donde vemos tanto egocentrismo, guerras, violencia e indiferencia, y donde hay un sentimiento ya no de incertidumbre sino de desolación, lo que falta es el amor. El mundo ahí afuera reclama a través de diferentes tipos de síntomas. Las manifestaciones carenciadas, depresivas, angustiosas y violentas gritan la falta de amor; esa vivencia que queda disfrazada y confundida por el seudoamor.

–¿Cuáles son los seudoamores y cómo podemos detectarlos?

–Los seudoamores son los amores posesivos en los cuales hay una idea de dominio y control, de supeditación del otro: formas de anulación del otro porque detrás del “te quiero mucho y te necesito”, hay un afán persecutorio que está lejos del amor. Tiene que ver más con otro al que uso para mi propio equilibrio narcisista. En esos casos, en lugar de haber un buen amor con el otro, hay fusión, un engolfamiento, un devorarse al otro.

–¿Cómo incide la falta de espiritualidad en las relaciones actuales?

–Muchísimo, porque en la espiritualidad está en juego la posibilidad de vivenciarte como ser trascendente humano, y eso aparece cuando uno deja de lado el egocentrismo y puede encontrar a otro. Es importante poder meterse con uno mismo a través del amor y el encuentro. Yo a eso lo llamo “densidad” y me refiero a tener conciencia del espesor de nuestro ser y no solo como algo volátil, insuficiente y desconocido. Es hacernos cargo de nuestra complejidad y de nuestra potencia, pero reconociendo nuestro límite y dándole posibilidad a la inquietud, al interés, al encuentro de lo humano.

–Antes hablabas de síntomas. ¿Cuáles son las mayores dificultades y obstáculos que aparecen en el consultorio?

–Lo que más veo es tristeza, angustia y depresión. Otras veces el desamor aparece en forma de rabia, en la sensación de carencia y en la acusación al otro de lo que no se le da, o bien como un miedo enorme al futuro y como una especie de angustia de muerte que remite a una sensación de vacío, a la ausencia de placer. Vemos encuentros que parecieran desplegar todo lo que habría que hacer para encontrar plenitud, y sin embargo quedan en una satisfacción aparente o en insatisfacción.

–¿Cómo inciden la hiperconexión, la Web y el Tinder en las “nuevas relaciones”?

–Hay una nueva modalidad de vincularse, un nuevo lenguaje que tiene que ver con la instantaneidad y la velocidad. La tecnología tiene su aspecto consagrado de avance, pero también está ese costado sistemático que es la apariencia, la ausencia de densidad, lo inmediato que lleva a una dificultad grande y a una frustración en el vínculo. Habrá que tener en cuenta que ese otro al que se accede a través de una pantalla es solo un otro parcial. Por eso rescato la importancia de reconquistar la densidad del amor a la que hacía referencia, para sacarlo de la virtualidad y desconocimiento de quién es el otro en profundidad.

–¿Qué reflexiones tenés para las personas que atraviesan  penas de amor y duelos?

–Cuando se tiene una pérdida, hay una vivencia de que no hay posibilidad de construcción de un nuevo espacio o argumento, pero esto no es así. Con la elaboración adecuada del duelo, lo que no significa olvido ni ausencia de cicatriz, pueden surgir otras posibilidades. La cicatriz permitirá convertir la pérdida en un recuerdo vital y simbólico, y posibilitará abrir camino a los nuevos lazos de amor que uno pueda ensayar.

–Te nutrís de otros textos para trabajar. ¿Podés rescatar algo de las últimas lecturas?

–Leo bastante, y ahora estoy interesado en la construcción del propio argumento y de la autenticidad, en el enriquecimiento personal a través de la capacidad de interesarse y amar al otro. Me interesa la noción de trascendencia humana que tiene que ver con la creatividad, la imaginación y la libertad formulándola a partir de una nueva dimensión de lo que es lo espiritual. Me refiero a una vivencia  que no excluye el placer y el goce sino que lo integra.

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